Capítulo 7

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CALLE

—No puedo creerlo —murmuré apenas audible.

—Sé conocen —preguntó Paula, mirando de una a otra.

No podía creerlo. Ahí estaba, frente a mí, la chica que estaba la mayortiempo en mi mente. Por un momento, todo el ruido de la fiesta se desvaneció, y solo existíamos ella y yo, mirándonos como si el tiempo se hubiera detenido. Paula y mis amigos nos observaban, confundidos, y sentí la presión de sus miradas, como si esperaran una explicación que yo tampoco tenía.

—Sí y no —dije, intentando sonar tranquila, aunque mi voz temblaba bajo la intensidad de los ojos de María José.

—¿Sí o no?... no te entiendo, Calle —comentó Paula, riéndose y quitándole peso a la situación, pero yo seguía atrapada en el desconcierto.

—Sí, hace unos días ayudé a tu amiga —añadió María José, y mis ojos se abrieron de par en par al escucharla.

—¿Me ayudaste? —pregunté, esbozando una sonrisa, aunque sentía que me fulminaba con la mirada.

—Okey, no estoy entendiendo nada, pero espero, Daniela, que me cuentes con todos los detalles cómo se conocieron —dijo Paula, guiñándome un ojo —Pero ahora, disfruten de la fiesta.

—Está bien —fue lo único que logré decir. Estaba nerviosa, y el motivo era obvio: la presencia de esa chica que, para mi sorpresa, decidió sentarse a mi lado.

—Así que tu nombre es Daniela Calle, ¿no? —comenzó ella, con esa voz suave que me desarmaba.

—Sí, así me pusieron mis padres —respondí, consciente de que estaba sonando fastidiosa, pero incapaz de evitarlo.

—Y tú eres muy graciosa, ¿no es así? —me sonrió, pero sus ojos tenían un brillo serio—. Solo digo —añadió, y esta vez su mirada fue más profunda —Mi nombre es María José.

—Ya me lo dijiste —le recordé, intentando mantener el control de la situación.

—Claro.

Pensé en retomar la conversación sobre la noche en que nos conocimos, pero en ese instante mi celular comenzó a sonar. Dudé en contestar, pero la insistencia de la llamada me obligó a hacerlo. Me alejé un poco del grupo para escuchar mejor.

—Hola —grité, intentando que mi voz se impusiera al ruido de la música.

—¿Calle, dónde estás? —la voz de mi papá sonaba tensa, preocupado, y de inmediato sentí un nudo en el estómago.

—Estoy en una fiesta, en la casa de Paula —respondí, intentando sonar casual.

—Necesito que estés en la casa inmediatamente —su tono me puso en alerta, y la risa nerviosa que salió de mi boca no logró disimular mi inquietud.

—Okay, papá, no me asustes… ¿pasó algo? —pregunté, sintiendo que el miedo me subía por la garganta.

—Tu hermana tuvo un accidente y necesito que estés en la casa —dijo, y sentí que el mundo se me venía abajo.

—¿Qué? ¿Cómo está? ¿Estás bien? —pregunté desesperada, poniéndome de pie de un salto.

—No lo sé, estoy en el hospital ahora, pero necesito que te vayas a la casa —insistió, pero yo ya había tomado una decisión.

—No —me negué—. Yo quiero estar con ella.

—Está bien —suspiró—. Solo ten cuidado, Daniela.

—Bien —dije, y al colgar, las lágrimas comenzaron a brotar sin que pudiera contenerlas.

Sentí cómo alguien me rodeaba con sus brazos. Me aferré a ese abrazo, cerrando los ojos, permitiéndome por un instante sentirme protegida. Cuando me separé, María José me miró a los ojos, y en su mirada vi preocupación, empatía, y algo más que no supe nombrar.

La Guardaespaldas [EDITANDO]Stories to obsess over. Discover now