27/04/2019
Casi al terminar el entrenamiento, nos sentamos todas a elongar en la cancha.
–La semana que viene jugamos el viernes a las ocho contra Banfield —habla Marie y la miro.
–La primera de los chicos juega a las nueve y media —Azul la mira.
–No se, nuestro partido se cruza con el de ellos...
–¿Eso se puede? —la miro—. ¿Dos partidos en el club a metros?
–Y todos concentrando en el mismo lugar...
–No se que me preocupo si ni me citan —hablo.
–Si estás citada —Marie me mira.
–Que raro la verdad —alzo las cejas.
Terminamos de elongar y vamos al vestuario, me baño y boludeo un rato para luego cambiarme.
Esto de entrenar los viernes a la mañana no me gusta para nada.
Con Azul subimos al auto y vamos hasta mi departamento, siempre juntas nunca injuntas.
–Chau me voy —digo al ver a Toto en la cocina tomando mates con mi mamá.
–Veni —Toto se para y me abraza.
–La casa del pueblo —digo saludando a Lucas.
Tomás tiene algo en el cuello, que no se qué es porque no veo bien, llega a ser lo que estoy pensando y empiezo a matar gente. Prefiero no decir nada y sentarme al lado de Lucas.
–El viernes jugamos a las ocho y media.
–Nosotros a las nueve —Toto me mira.
–Es imposible que se jueguen dos partidos que se crucen en el horario en un mismo club —Lucas nos mira.
–Vamos a estar jugando y voy a gritar los goles de ellos —habla Azul.
–Encima pelean la punta y la puta madre —habla Toto—, me hago echar y voy a la cancha de hockey... olvídate.
–Nunca me citan y ahora sí, por dios.
–Lo que va ser ese club ese día, por dios —habla mi mamá.
–Salgo de la concentración y voy a ver el primer tiempo, olvídate.
–Salgo del partido y voy corriendo a la cancha, olvídate —habla Azul.
–Gorda, sabes qué —Toto me mira—. Con Gato festejamos nuestro cumple en Nordelta, en tu casa.
–¿Y quién te dió permiso?
–Mi mamá dos.
–Me voy el cuatro y vuelvo el veintidós así que de que yo esté ahí no se salvan.
Éste estúpido llega a tener lo que yo creo que tiene en el cuello y sale asesinato a esa pendejita, ya lo dije pero lo repito.
–Tomás, ¿Que es eso? —lo miro cuando estamos solos en la habitación.
–¿Qué cosa?
–Lo que tenés en el cuello —lo señalo.
–Ah no se —se toca la zona—, un mosquito que se yo.
–Mosquito con forma humana —niego con la cabeza y salgo de la habitación.
No digo más nada y él tampoco, like si corto amistad acá. A mí me llega a traer a alguna mina y yo me muero, voy a llorar más de lo que lloré cuándo cortamos con Gastón y lo que lloré en el mundial de hockey juntos.
Despues de mucho tiempo decido sacarme el anillo que teníamos con Gastón, a muchos podrá parecerle una pelotudes pero para mí tiene un valor enorme y más porque él tiene el mismo. Luego de mirarlo, lo guardo en una cajita; ni en pedo tiró algo así.
Horas después, todos se van y me dejan sola, amorosos que son. Y como yo sola no puedo estar, porque necesito joder a alguien, llega Pedro con cara de dormido.
A ustedes no les pasa que aman tocarle la cara y los cachetes a los demás y más si es un pibe, porque a mí me encanta. Me acuerdo que a Gastón lo jodia todo el tiempo así hasta dejarle los cachetes rojos. Ni siquiera sé que hago hablando de Gastón, por dios.
–¿Sos así todo el tiempo? —habla Pedro acostado en mis piernas.
–Siempre –le hago mimos en el pelo.
–¿Mañana vas a la cancha?
–Juegan en Boca, no —niego con la cabeza.
–Ah es verdad.
El pendejito se me duerme encima y me hace acordar a cierta persona, bueno Agustina cortala hermana.
Lo miro y es tan hermoso, ese pelito rubio y la cara de bebé por dios nene tan lindo vas a ser.
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prohibida ↪ Pedro de la Vega
FanfictionUna vez más hizo la gran Mauro Icardi, y le robó la novia a su amigo.
