• Narra Raoul •
- ¿Y como aseguras que te voy a esperar aquí?- Le digo de broma. Es imposible que no le espere, y menos sabiendo que lo hace por nosotros, por querer volver y estar al cien por cien.
- No te culparía si no lo hicieras.- Me mira apenado, bajando ligeramente la cabeza. Con un dedo, le subo la barbilla y me acerco más a él.
- Sería una muy mala persona si no lo hiciera.- Digo contra sus labios, alternando la mirada entre éstos y sus ojos.
- ¿Entonces me esperarás?- Sus ojos brillan, reflejándose en los oscuros orbes, la luz de la luna. Es jodidamente guapo.
- Yo te esperaré...- Digo con el ritmo de la canción de Cali y el dandee, haciendo sonreír a Agoney.
- Nos sentaremos juntos frente al mar. - Agoney se gira para mirar al mar, y yo le abrazo con suavidad por detrás. Después me pongo de puntillas para besar su mejilla, y me doy cuenta de que sus ojos vuelven a estar inundados. Me separo de él y me pongo a su lado, le tiendo la mano, y le doy un apretón haciéndole sonreír e instándole a que siga la canción- - Y de tu mano podré caminaaaaa...
- aaar. - Se ríe al escucharme continuar, y beso sus labios con rapidez, para empezar a caminar de vuelta a la orilla. - Y aunque se pase toda mi vida yo te esperaré.
Paramos de nuevo, juntamos nuestras frentes y nos damos otro beso, más largo, y con más pasión, con el mar de fondo y la arena húmeda bajo nuestros pies.
Unas horas antes
Estamos junto a un grupo de padres, bajo un sol caliente propio del final de verano, y cierto aire otoñal que te obliga a llevar una fina chaqueta. Le hablo a Ago de algunos niños, y de la tutora de Pablito. Es guay porque así se va haciendo a la idea de cómo va esto, y bueno, compartir cosas cotidianas con él es algo nuevo que, estoy viendo, me gusta.
Vemos la fila de la clase de Pablo acercarse, pero algo me preocupa, y es que mi hijo no va muy contento. Tiene el ceño fruncido y lleva arrastrando la chaqueta por la arena, lo que me hace enfadar un poquito a mí también. Se paran dónde está el cartel que indica la clase de 1rB, y la profesora, una que no conozco, empieza a preguntar a los niños si ven a sus padres.
Me acerco más cuando le veo atrás, discutiendo con un niño.
- Ago...
- Les veo, ¿se están pegando?
Justo en ese momento, veo como Pablo empuja al otro niño y le tira al suelo. La profesora ni se inmuta, ya que sigue repartiendo alumnos, que levantan una mano señalando algo, y tras un pequeño empujón salen corriendo. Pero el chico con el que discutía se levanta del suelo y va corriendo hacia ella.
Parece que más o menos se soluciona, pues les dice algo y pronto viene el padre a recogerlo.
- ¡Pablo!- Y justo después es su turno, pero en vez de venir hacia nosotros cuando nos ve, va directo al niño de antes y esta a punto de empujarle de nuevo cuando Agoney le coge de un brazo.
- Eh Pablo, no.- Le mira enfadado, intentando zafarse de su agarre, pero ahora soy yo quien le coge en brazos y nos apartamos del barullo.
- ¿Que pasa? Eso no se hace, no se pega. - Le dejo en el suelo, y me agacho frente a él.
- Es que él ha sido primero. Que...que lleva desde el pato diciéndome cosas y, y, y ma dicho que era yo pero yo no soy.
Sus ojos se cristalizan, y se cruza de brazos tirando la chaqueta al suelo.
Es que me estoy cabreando mucho, porque siempre tienen que tener la culpa los demás. No voy a consentir que mi hijo se pelee con otros. No quiero que tenga problemas.
ESTÁS LEYENDO
PABLITO • Ragoney •
RomanceLa vida de Raoul cambia cuando decide dejar Montgat e intentar arreglar su matrimonio con Cristina y que su hijo Pablo no sufra una separación. Pero claro, no contaba con conocer a un canario llamado Agoney, al que Pablito coge cariño enseguida y le...