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Capítulo 34: Mar

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-¡Mira Félix! – grito Claude levantando un periódico que había comprado en el último puerto donde pasaron, Félix que estaba leyendo bajo su pesado libro -. Estrenaron una nueva obra en Alemania se titula "Fausto" y es de Goethe, hace poco dijiste que te gustaba ese dramaturgo.

-Esperemos que sigan presentándola cuando regresemos – dijo Félix volviendo a levantar su libro.

El mar se extendía inmenso delante de ellos, hoy se encontraba calmado en contraste a la noche anterior donde las olas inmensas habían azotado el barco como si de una hoja se tratara.

Su destino eran unas tierras casi completamente desconocidas para occidente, un lugar lejano cuya cultura era vieja y caduca.

-Félix – había dicho el duque la tarde antes de que partieran a su largo viaje -. Allí vive gente ignorante, casi salvaje, no conocen a dios, puedes enseñarles algo de cultura cuando llegues allí compartas algunos de tus conocimientos con ellos, no podemos ser egoístas con eso.

Iban hacia la China, un lugar tan lejano que despertaba la curiosidad de muchos en Europa, era un país misterioso del que se tejían muchas suposiciones, China comerciaba con todo el mundo, Félix había visto sus exquisitas cerámicas, las suaves sedas y tantas otras cosas que se importaban de ese lugar... pero ellos nunca compraban nada de occidente.

En algún periódico había leído que Inglaterra gastaba millones en importar té de China pero que los chinos lejos de comerciar libremente se limitaban a vender.

Se le había dicho que aquel era un pueblo retrasado, vivían siglos atrasados al resto del mundo, pero de ser así ¿Por qué los europeos no podían hacer todas esas cosas que importaban de China?

Durante el largo viaje en barco Félix se había centrado en estudiar, dedicaba muchas horas al estudio del idioma chino (Que estaba casi seguro que necesitaría algún día), a la práctica del violín y la lectura. Claude por su parte parecía más interesado en entender el funcionamiento del barco.

-¿Ahora te convertirás en marinero? – le pregunto Félix una vez que vio a Claude ayudar a dirigir las velas del barco.

-Seria genial – dijo su amigo con una sonrisa -. Pero tanto tú como yo sabemos que no podemos elegir un destino diferente al que la hermandad desee para nosotros.

Cuando Félix se sentaba a mirar el imenso mar y se perdía en sus pensamientos, en ocasiones se escuchaba la voz alegre de su amigo interrogando a algún marino sobre algo relacionado con la navegación, de vez en cuando se permitía soñar con los ojos abiertos, ignorar el libro que leía y perderse en la inmensidad del océano, se preguntaba ¿Cómo sería todo si ellos pudieran tener una vida normal? Si Claude fuera libre de convertirse en lo que quisiera, si su amigo pudiera casarse con Allegra... si Claude no fuera hijo bastardo de un conde sino su hijo legítimo, también imaginaba como sería la vida de sus otros amigos... o mejor dicho, conocidos, pensaba en como seria si Allan fuera tratado como un miembro de la hermandad, si alguien le recompensara toda su lealtad, como sería si Allegra y las demás chicas participaran más en la hermandad que en hacer la comida, limpiar la casa, coser, tejer...

Luego negaba ligeramente con la cabeza y volvía a centrar su mirada en los libros, quizá por leer tanto le era fácil imaginar cosas, tal vez esos libros que dejo la revolución y el leía a escondidas de los mayores le llenaban de pajarillos la cabeza. ¿Quién aseguraba que sus vidas serian mejores si la hermandad no existía?

Allegra y las demás eran mujeres al haber nacido huérfanas su destino en el mejor de los casos seria hacer de sirvienta en alguna casa. Allan... resaltaba dentro de la hermandad, su piel era negra, seguramente de no haber sido adoptado por la hermandad se habría convertido en un esclavo, y Claude... quizá el hubiera tenido un destino mucho mejor pero ¿Quién sabe?

Félix nunca se preguntaba qué sería de él si la hermandad no existiera, prefería no pensar en ello, la perspectiva no era muy alentadora. No se permitía soñar más de lo que debería.

Por las tarde Claude se sentaba frente a él y le contaba sobre sus nuevos descubrimientos en la navegación, Félix lo escuchaba en silencio.

Luego de muchos días de no ver más que mar, al fin las costas de China se asomaron a lo lejos, Claude parecía algo desanimado de tener que dejar la embarcación pero al ver su nuevo entorno se animó enseguida.

-¿Félix? – llamo Marinette sacando al chico de sus pensamientos.

-Hola – saludo Félix, Marinette se sentó junto a él y se apoyó en su brazo, el muchacho se ruborizo y la miro con timidez, Marinette sonrió, los ojos de Félix eran muy expresivos una vez que se aprendía a entenderlos.

-Hola – saludo ella casi susurrando.

Su tiempo juntos duro muy poco, porque de inmediato un estruendo resonó en todo París.

-Akumas – comenzaron a susurrar los estudiantes, Marinette se puso de pie de un salto.

-¡Tengo que ir al baño! – dijo mientras salía corriendo.

"¿Akumas?" se preguntó Félix, eso era imposible, él tenía escondido en su prodigio los dos miraculous. Félix se puso de pie, cerró su libro y subió al segundo piso del colegio, desde allí se tenía una mejor visibilidad.

Aves de ojos rojos, miles de ellas, esta vez no eran golondrinas sino palomas, Hawk Moth tenía un akumatizado con la temática de esas aves, por eso todos creían que se trataba de un akuma, pero eran espíritus familiares... ¿Serian obra de Claude?

Félix saco su teléfono y busco torpemente el número de su amigo, era la primera vez que llamaba a alguien, aunque Luka le había explicado el procedimiento Félix seguía sin comprenderlo del todo. Claude contesto casi de inmediato.

-¿Son cosa tuya? – pregunto Félix sin molestarse en saludar.

-Siento decepcionarte pero no – respondió Claude, Félix estuvo a punto de dejar caer su celular, si esos familiares no eran de Claude... Ladybug y Cat Noir estaban en grave peligro, nunca habían enfrentado creaturas como esas, además creían que eran akumas.

-Cuando pase todo esto nos vemos en casa de Luka – dijo Félix antes de guardar el teléfono, como no se había molestado en colgar fue Claude desde el otro lado de la línea quien lo hizo luego de que Félix dejara de responderle.

¿Dónde estaba Luka? Se preguntó Félix revisando en los lugares más frecuentes, luego de comprobar que Luka no estaba en el comedor fue a su curso, tampoco estaba allí, aprovecho para arrojar el libro sobre su pupitre.

Encontró a Luka parado en el patio del colegio, el director les decía que las clases se cancelaban y debían regresar rápidamente a sus casas.

En ese momento las aves cayeron en como proyectiles desde el cielo, sembrando el pánico entre los estudiantes y haciendo que estos corrieran para esconderse.

-Luka – llamo Félix para indicarle a su amigo que corriera en dirección a un armario de escobas.

-Esto es algo incómodo – se quejó Luka cuando Félix los encerró en ese espacio tan reducido.

-Tenemos que ayudar a Ladybug y Cat Noir – dijo Félix buscando en su bolsillo el reloj.

-¿Esos pájaros son peligrosos? – Pregunto Luka

-Pueden dejarte como una cernidera en menos de un minuto – canturreo Sitri en la cabeza de Félix, este como ya era costumbre, ignoro esa molesta vocecilla y abrió la tapa de atrás del prodigio.

-Son espíritus familiares, similares a los que atacaron el evento de mi padr... del señor Agreste – explico Félix -. Personalmente detesto a los que tienen forma de pájaros... o ratas, son muy escurridizos y casi siempre son miles.

-¿Cómo planeas ayudar a Ladybug?

-Toma uno – dijo Félix extendiendo su mano en la oscuridad con los dos prodigios en la palma -. En esta ocasión la mariposa y el pavo real lucharan junto Ladybug y Cat Noir.

Secretos y omisionesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora