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Capítulo 71: Incienso

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El maestro Fu se sorprendió cuando vio a Félix y a Claude caminar hacia él. Félix se adelantó un poco para no hacer esperar mucho al anciano.

- Maestro... tuvimos un problema – dijo Félix y comenzó a explicarle lo que había pasado, el maestro Fu lo escuchaba con los ojos muy abiertos por la sorpresa.

- ¿Hay alguna forma de rescatarlos? – pregunto preocupado, Félix asintió.

- Le presento a Claude Fayolle, amigo mío de la hermandad del que le he hablado antes.

- Mucho gusto – dijo el maestro inspeccionando al mago, se veía más joven de lo que Fu pensaba, incluso era envidiable lo bien conservado que se encontraba, Claude sonrió sintiéndose examinado.

- Un placer conocerle maestro Fu – dijo con un asentimiento de cabeza.

- Claude ¿Vas a necesitar algo para hacer ese encantamiento? – pregunto Félix.

- Si, incienso y mirra...

- ¿No planearas irle a pedir algún favor a un santo? ¿o a rezar para que regresen? – pregunto Félix seriamente aunque se imaginaba Claude diría algunos de esas cosas solo para bromear, así había sido cuando lo conoció, pero Claude ya no él mismo que recordaba Félix, ambos lo sabían aunque ninguno lo admitiera, la respuesta de Claude fue una simple sonrisa.

- No, aunque no es mala idea – dijo intentando simular su antigua jovialidad pero ya había perdido práctica.

- Deje el coche no muy lejos de aquí – dijo Claude -. Vamos hacia él, conseguimos mirra que no tengo en mi casa y luego vamos allá para hacer el hechizo... aunque será complicado a estas horas encontrar donde comprarla.

- Tienes razón – dijo Félix pensativo.

- Tengo un poco en mi casa – informo el maestro, Claude sonrió.

- Eso simplifica mucho las cosas ¿Dónde vive? – pregunto Claude, Félix y el maestro dudaron un poco, en esa casa estaban los miraculous ¿Seria seguro llevar a Claude a allí?

A la final Félix asintió con la cabeza para decirle al maestro que era seguro llevar a Claude a esa casa, hasta la fecha Claude no había hecho nada que le diera motivos para desconfiar, además era su mejor amigo.

- ¿Qué tipo de hechizo es? – pregunto el maestro Fu cuando subían al auto.

- Uno para cambiar la mente de Félix con su mente del pasado, recuerdo que hace tiempo Félix estuvo una semana fuera y luego no recordaba nada, sospecho que fue por este hechizo.

- ¿Entonces va a salir todo bien? – pregunto el maestro.

- Me imagino que si... no he escuchado de ninguna Ladybug con ropa ajustada cuando era joven – dijo Claude.

- ¿Cómo vas a hacer ese hechizo? – pregunto Félix que estaba en el asiento de atrás.

- Tú te recostaras y yo enciendo el incienso a tu alrededor, tiene que haber bastante como para durar una semana...

- ¡¿una semana?! – pregunto alarmado Félix ¿Qué opinaría Gabriel si sus dos hijos desaparecían una semana? Seguramente se volvería loco.

- Una semana será el tiempo que estarás tu allá, pero no estarás dormido tanto, solo intentaba ver si aún tengo mi sentido del humor.

- Pues ya no lo tienes – dijo Félix molesto -. ¿Cuánto voy a estar inconsciente?

- Quizá algunas horas – dijo Claude.

Llegaron a la casa del maestro Fu y este le entrego a Claude todos los materiales que iba a necesitar.

- No he visto tanto humo desde que fuimos a China – comento Félix haciendo referencia a la gente fumando opio que se encontraban a cada momento en el camino -. ¿Cómo aprendiste ese hechizo de la magia beduina?

- He vivido mucho tiempo Fél, he tenido tiempo suficiente para pasear por todo el mundo – contesto Claude -. Recuéstate, no querrás dormirte de pie.

Félix le hizo caso y se recostó en el suelo el maestro le entrego una almohada para que acomodara la cabeza. Claude comenzó a recitar esas palabras inentendibles y poco a poco Félix fue quedándose dormido, mientras el humo daba vueltas frente a sus ojos.

- ¿Puede abrir la ventana? – pregunto Claude cuando la habitación comenzó a llenarse de humo, el maestro le hizo caso.

Claude había aprendido ese conjuro durante la primera guerra mundial, cuando la persecución de la caja de Sri Yantra lo llevo al desierto, allí entre todo el revuelo de la independencia de los árabes contra el imperio Otomano, Claude había llegado hasta un pequeño asentamiento beduino, aunque hostiles al principio Claude logro ganar su confianza y uno de estos le enseño algunos de los hechizos de su pueblo, que eran tan diferentes a la magia europea que incluso llegaron a sorprenderle.

- ¿Por qué no lo utilizan más seguido? – pregunto Claude al mago beduino, consideraba que al ser tan diferente la naturaleza de estos encantamientos debían tener menos consecuencias y de nuevo volvió a su mente el recuerdo de Allegra, se preguntó si regresando en el tiempo pudo haber cambiado sus acciones y salvado su vida ¿pero que pudo haber hecho para salvarla? Aunque al final sus esfuerzos fueron inútiles, quizá si él hubiera aceptado...

- Porque jugar con el tiempo es muy peligroso, los espíritus pueden molestarse. Además si podemos solucionar todos nuestros errores mágicamente ¿Cómo aprenderíamos algo?

- Pero... - Claude bajo la cabeza, era cierto, por más atractivo que sonara cambiar el pasado, quizá hacerlo desencadenaría cosas aún peores.

En silencio cerro los ojos para escuchar el tenue viento que soplaba en el desierto, la noche siempre despejada pero helada en contraparte al sofocante calor del día, escucho unos silbidos en a lo lejos y abrió de nuevo sus ojos.

- ¿Qué es lo que silva? – pregunto.

- Son Los Yinún.

- ¿Los Yinún?

- Si, son demonios del desierto que ocupan lugares deshabitados, tienen la costumbre de molestar los occidentales imprudentes e insensatos – dijo el mago, Claude levanto las cejas.

- Buena advertencia ¿Y siempre cantan a lo lejos?

- Ellos viven en la ciudad de Petra – Claude reconoció ese nombre, era donde se decía en las leyendas que estaba escondida la caja de Al-Zuhara.

- ¿Cómo es Petra?

- Una ciudad abandonada donde solo habitan Los Yinún... se lo que estas pensado muchacho – Dijo el anciano y Claude hizo una mueca consiente de que el anciano era menor que él -. No te recomiendo molestarlos.

Claude se aseguró de que Félix estuviera bien dormido y después recito otro encantamiento para asegurarse que no despertara, seria problemático si el Félix del pasado regresa a casa recordando haber visto una ciudad extraña y a su amigo con muchos años más.

- ¿Esa es la caja de los miraculous? – pregunto Claude señalando el fonógrafo, Fu asintió -. Está muy bien camuflada.

Había dado tanto por esa caja y al fin luego de mucho tiempo la había encontrado, Claude acaricio el tablero con vacilación... al fin tenía la caja del Zodiaco Chino frente a él. 

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