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Capítulo 55: Retorno

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Jamás imagino volver, jamás deseo volver a pisar esta tierra que aunque divertidos y nostálgicos recuerdos le traía, no la había pasado muy bien, pero allí está de nuevo, en China, cerca de diecinueve años después de la última vez que estuvo allí.

Ahora todo era tan diferente, sentado en una carreta observando el paisaje cambiar, la primera vez que vino contaba las horas para regresar a casa, ahora ya no tenía casa a la que volver, el mismo la había destrozado, así que se limitó a mirar su entorno he intento comprender que era lo que había visto Félix cuando vinieron a ese lugar.

Aunque él no lo supo hasta que regresaron, su amigo en ese momento tenía el corazón destrozado, quizá por eso vio cosas que él no pudo. Recordó que hace tiempo, mientras se hospedaban en la ciudad prohibida, él se sentaba a escribirle cartas a Allegra, a veces era pesimista y escribía cosas como "Encontrar el templo parece imposible, cuanto anhelo volver a verte cariño mío" luego se avergonzaba de sus palabras y las incineraba en alguna estufa antes de que Félix pudiera verlas.

Aun les escribía cartas de vez en cuanto, sabía que ni su mejor amigo ni su amada las recibirían pero aun así, cuando el silencio era tal que amenazaba con devorarle vivo, cuando la imagen del cuerpo de Allegra consumiéndose por las llamas y de Félix siendo destrozado por la quimera le invadían la mente quitándole el sueño, se levantaba de la cama y a la luz tenue de una vela les escribía una carta para contarles sus sentimientos y todo lo que le había pasado últimamente, luego casi usándolo como un correo hacia el más allá guardaba las cartas en uno de los cajones ocultos del bargueño.

El camino hacia el templo más corto, ahora que conocía la ruta desembarco, era desembarcar en el puerto de Canton que quedaba mucho más cerca del Tíbet y no tenía que literalmente cruzar el país como por desconocimiento había hecho cuando llegaron con Félix tiempo atrás, aún con la ruta más corta, el viaje pareció más largo, lleno de recuerdos y de nostalgias.

Escribió unas cuantas cartas, donde les informa tanto a Allegra como a Félix de todo lo que veía, en una escribió "Recuerdas, amigo mío, que cuando pasamos por aquí hace tiempo, había un anciano campesino de pupilas dilatas que fumaba opio como si no hubiera un mañana, que nos permitió quedarnos en su casa, a cambio de alguna de las cosas que traíamos, durante todo el viaje nuestro equipaje fue decreciendo y llegamos al Tíbet solo con tu violín... la casa de ese anciano ya no está, quizá se murió hace tiempo, nada de lo que vimos esta tal cual como lo recordaba, me pregunto si Lin seguirá bien, desembarque cerca del Tíbet así que me resulto imposible ir a verla".

Cuando llego al Tíbet el Dalai Lama lo recibió casi con tristeza, el anciano parecía adivinar que algo en él había cambiado, aunque desconosia la magia oscura porque en China ese estilo de magia no se había desarrollado, Claude se echó a sus pies, no como las típicas bromas que frecuentaba hacer cuando era más joven, sino como una súplica para que le ayudase a entender su destino.

El Dalai Lama lo miro con sus ojos compasivos y eternamente serenos, lo invito a comer con él y hablaron de todo... entonces Claude pregunto por el templo.

- Ya no existe - le dijo el anciano.

A la mañana siguiente, antes de que se elevara el sol, Claude partió con prisas hacia el templo y lo encontró convertido en cenizas. El shock fue tan grande que no supo cómo reaccionar ¿Ellos habían llegado antes? Se preguntó derrotado y arrimándose en los restos de una columna sobreviviente del fuego se hecho a reír, el sonido de su risa resonaba en las montañas como un sonido hueco y sin vida, incapaz de llorar por haberlo hecho tanto en lo últimos años, paso la noche en el templo destrozado.

"Amigo mío" Escribió mientras se refugiaba del frio nocturno entre algunas paredes del templo destruido "Todo lo que conozco se lo ha llevado el fuego, no me queda nada más que sobrevivir y no sé si quiero hacerlo, hoy he fantaseado con arrojarme de uno de los precipicios o simplemente dormirme en la nieve para ver si con suerte mañana no despierto. Pero aún no puedo rendirme, no me rendiré hasta obtener esas cajas, tanto la de nuestra hermandad como la del zodiaco chino, la ambición de su poder me ha costado tanto que rendirme sería una traición a todas esas vidas que se perdieron".

A la mañana siguiente se despertó temprano, tomo sus cosas y emprendió el retorno, vio el palacio de Potala, pensó en ir a despedirse del Dalai Lama que tanta amabilidad le había mostrado siempre, pero se negó, en su condición actual tal vez se convertía al budismo en un intento de encontrarle una solución a todo y de solucionar sus errores, no podía permitírselo, así que se marchó lejos con intenciones de no volver jamás.

Viajo por todo el mundo buscando indicios de la caja, cada día que pasaba hacia que su obsesión creciera y su determinación aumentara. Entonces el destino lo llevo de nuevo a China.

Secretos y omisionesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora