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Capítulo 38: Escape

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Félix miraba el cielo estrellado, era una noche despejada pero no podía ver la luna desde esa ventana, arrimo la cabeza en la pared, desde que habían quemado sus libros tenía el ánimo por los suelos aunque no era la única razón... en realidad los libros habían sido el detonante, había pasado ya su etapa de negación, ahora solo se lamentaba.

Al menos dos de los objetos más importantes se habían salvado, su violín, que Claude había encargado en la recepción del hotel y luego olvidado, haciendo que Félix se molestara pero ahora agradecía que aún no hubieran vuelto a recogerlo porque seguramente tendría un destino igual al de sus libros, el otro objeto lo llevaba en el bolsillo, era la carta de Allegra, le había llegado poco después de enviarle una carta, por lo cual no era una contestación, su contenido lo había destrozado y se había negado a creer lo que decía ¿Por qué Allegra invitaría algo así? ¿Acaso era una manera de acelerar su regreso? para que Claude no hiciera preguntas lo disimulaba lo mejor que podía... aunque era cuestión de tiempo que su amigo se diera cuenta.

Había escondido el sobre en el bolsillo interno de su chaleco, los policías chinos al no estar muy acostumbrados a la ropa de los occidentales lo dejaron pasar, usualmente ponía las cartas entre algún libro, pero no quiso separarse de esa.

Claude se paseaba molesto de un lado para otro de la celda.

- ¡Esto es inadmisible! ¡Solo venimos a entregar un encargo! – gritaba cada que veía a un policia cerca -. No podemos volver hasta que no lo entreguemos.

- Deja ya de gritar – le susurro Félix acercándose a el -. ¿Recuerdas que nuestro encargo era llevar esos libros? Ahora que los han quemado ¿Qué objetivo tiene que nos quedemos aquí?

Claude bufo molesto y fue a centarse en un extremo de la celda, Félix lo siguió, acababa de ocurrírsele una idea.

- Finge que hablas conmigo – le susurro.

- ¿Que?

- Creo que se cómo podemos escaparnos, ellos no entiendes francés pero si me ven hablando solo notaran que algo raro está pasando.

- ¿Vas a pedirle ayuda a Sitri? – dijo Claude frunciendo el ceño aún le disgustaba la idea que su amigo tuviera uno de esos kwamis malignos, Félix asintió.

- ¿Sitri?... últimamente has estado muy callado ¿Aun estas aquí?

- Mientras tengas ese reloj siempre estaré por aquí – dijo el Kwami, Claude balbuceo algo para simular que hablaba con su amigo.

- Perfecto ¿Crees que puedas romper esos barrotes?

- Sería más fácil romperlos si te transformaras.

- ¿Y por tu cuenta puedes hacerlo?

- Mas fácil seria romper la pared de madera – dijo el Kwami.

- Cierto – dijo Félix haciendo una mueca.

Esa noche mientras la mayor parte de la ciudad dormía el Kwami uso sus garras para abrir un agujero que permitiera a los muchachos salir. Los policías se dieron cuenta inmediatamente de su ausencia.

Félix había puesto los aretes en el reloj pese a las protestas de inconformidad de Sitri y llevaba la caja vacía en el bolsillo, también llevaban sus maletas con ropa, ahora que los libros habían sido incinerados el equipaje se había vuelto bastante ligero.

Se deslizaron con rapidez entre las sombras, pero comenzaron a entrar en pánico cuando sonó la alarma por su fuga, echaron a correr y se metieron en un local cercano que parecía ser uno de los pocos que todavía estaban abiertos.

Entraron por la ventana, casi cayendo de bruces dentro, pero nadie regreso a verlos, Félix y Claude se escondieron detrás de unas telas que creaban una habitación cerrada.

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