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Capítulo 33: Emilie

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Esos ojos... ¿Por qué Cat Noir tenía esos ojos? No parecían los de aquel superhéroe tan alegre y amable, esos ojos eran fríos he intimidantes, cuando abrió la puerta de su despacho sus miradas se cruzaron... la apariencia juvenil de Cat Noir con esa mirada gélida...

Desde hace días no paraba de soñar con ese momento... más que un sueño era una pesadilla, ahora no tenía ninguna forma de recuperar a su esposa. Se arrodillo delante de la capsula de criogenización y no pudo contener las lágrimas.

Emilie estaba muerta... y no había nada que pudiera hacer ahora para cambiar esa realidad. Ladybug y Cat Noir habían ganado.
La puerta de su jardín subterráneo se abrió sin previo aviso.

- ¿Padre? – la voz de Félix resonó por la habitación y Gabriel se incorporó temeroso de la reacción de su hijo mayor – Con que aquí estaba...

- ¿Eso es todo lo que dirás? – le pregunto Gabriel sorprendido, Félix siempre fue frio pero se esperaba que fuera un poco más emotivo al ver a su madre desaparecida en un congelador.

- ¿Qué esperas que diga? – pregunto el muchacho bajando los hombros -. No soy bueno expresándome... pero... lo que sientes tu no es tan diferente a lo que sentimos nosotros ¿Por qué nos dijiste que desapareció?

- Quería traerla de vuelta.

- ¿Hay acaso alguna tecnología que haga eso posible? – pregunto Félix.

- No... todavía no.

- ¿Estas esperando a que la haya?

- Dudo que alguien pueda crear algo así – dijo Gabriel mirando a su esposa con ojos vidriosos, Félix suspiro.

- Sé que la quieres de vuelta... pero a veces lo mejor es dejarla marchar.

- Lo dices tan ligeramente que comienzo a creer que no querías a tu madre.

- La quería – mintió Félix, nunca tuvo una madre y nunca se detuvo a pensar en ella más que la certeza de que debía haberla tenido porque solo dios se creó de la nada (o al menos eso le decían los curas en misa) -. Quise tanto traerla de vuelta... pero no hay forma.

- ¿Y si hubiera una? – pregunto Gabriel.

- No la hay – dijo Félix que ya no hablaba de Emilie Agreste -. La vida y la muerte son conceptos muy complejos... como lo es el tiempo, si se trae a la vida algo... o alguien que debería estar muerto, la muerte querrá recuperarlo como de lugar, no sé cómo murió tu esposa... mi madre, pero yo no me arriesgaría a traerla de nuevo a la vida para que tenga una muerte peor.

- No puedo aceptar que ya no esté – susurro Gabriel muy bajo -. Ella era la vida de esta casa, la necesito, ustedes también necesitan a su madre.

- También necesitamos a nuestro padre – dijo Félix poniendo la mano en el hombro de Gabriel -. Adrien te necesita mucho... eres tan distante con él... yo también te necesito pero pasas más tiempo conmigo porque he comenzado a interesarme los negocios de la firma pero ¿Y Adrien? A veces me parece que se siente solo, nuestra madre ya no está, ha desaparecido, y tú lo dejas a un lado, siente que ambos lo habéis abandonado. Deja ir a Emi... mamá, todos tenemos que hacerlo, Adrien necesita saber que su madre no se fue por decisión propia, necesita saber dónde está...

- ¿Acaso crees que podría enterrarla? Si lo hago no volveré a verle nunca, y ella se sentirá tan sola.

- ¿Y a ella le gustaría más que tengas su cuerpo en una vitrina? – pregunto Félix suavemente -. No se puede poner remedio a la muerte... no te olvides de los vivos.

Dicho esto Félix dio la vuelta y se marchó, sus pasos resonaron en el sepulcral silencio del hermoso jardín que Gabriel había hecho para Emilie, el joven cerró la puerta dejando al señor Agreste completamente solo en el mausoleo de su esposa.

Encontrarse el broche junto al libro fue una grata sorpresa para Félix que pese a no entender porque Gabriel no usaba el miraculous del pavo real todo el tiempo, no penso mucho en la razón. Abrir la caja fuerte era sencillo, ya había memorizado el patrón que usaba Gabriel para abrirla, pero necesitaba aparentar que esto había sido forzado así que por consejo de Claude, rompió algunos engranajes de seguridad, las uñas de su traje de pantera eran filosas como una katana y fuertes como un diamante, los trajes daban a su poseedor poderes sorprendentes.

Cuando estaba marchándose Gabriel Agreste entro a su despacho y sus miradas se habían encontrado durante unos segundos antes de que con rapidez Félix saliera por la ventana, pero no se marchó de allí, resultaría extraño que el hijo mayor del diseñador no estuviera en casa la noche del robo, las cámaras externas habían sido quemadas por un cortocircuito que Claude había provocado y según él, había aprendido durante los años ochenta.

Cuando Gabriel comenzó a dar gritos de alarma despertando a todos y ordeno a Nathalie que llamase a la policía, Félix apareció bostezando mientras salia de su habitación, tenía el cabello revuelto y los ojos medio cerrados como si aún no terminara de despertar del todo.

- ¿Pasa algo padre? – dijo el joven arrimado contra la pared.

- Nos han robado – se quejó Gabriel completamente fuera de sí.

El plan había resultado perfectamente, pero Félix seguía nervioso temiendo haber dejado algún cabo suelto. Llevaba los dos miraculous escondidos en su prodigio de la caja primigenia, Sitri se había quejado de ser usado como "Una caja de miraculous" aunque no era la primera vez que cumplía esa función, hace tiempo había escondido los aretes y un broche dentro del reloj.

Secretos y omisionesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora