Félix tomaba una larga ducha en el departamento de Claude, mientras enjaguaba su cabello intentaba alejar al menos por un corto tiempo los recuerdos de las catacumbas de su mente.
Luego de que las sombras hubieran desaparecido completamente por el pequeño túnel que llevaba a las catacumbas, Claude y Félix habían tardado aun veinte minutos en sentirse seguros de salir de su escondite.
Félix no entendía completamente lo que estaba pasando, Claude si lo hacía pero no había hablado más de lo necesario desde que vio a esas personas.
Félix dejo que el agua caliente cayera sobre su cuerpo por unos cuantos minutos antes de decidirse a salir.
- ¿Que eran esas personas? – pregunto cuando salió a la sala completamente vestido, la ropa de Claude no era exactamente de su tamaño pero era mejor que ponerse de nuevo la ropa sucia.
- Magos... oscuros – dijo Claude -. Nunca había visto tantos juntos... en realidad hasta ahora es la primera vez que me toco con otro mago oscuro de frente.
- ¿Eran peligrosos?
- Si y no... tienen pinta de ser más bien aficionados – dijo Claude y Félix levanto una ceja como insinuándole que continuara -. no soy un experto el tema Fél, las grandes ordenes de magos oscuros de las que nos hablaban de pequeños eran o bien un mito o hace tiempo que desaparecieron. No sé qué se proponen exactamente pero para darse el trabajo de crear tantos espíritus familiares, miles sino millones, debe de ser un plan muy grande... creo que son satanistas y no me refiero a los cándidos satanistas de Antoine LaVey, sino a estos que se meten con energías más escuras que el demonio, si es que existe, que yo jamás he visto uno.
- ¿Eso no es lo que hacen todos los magos oscuros? Además ¿Quién es ese tal Antoine LaVey?
- El fundador de la iglesia de Satán – respondió Claude -. Pero ellos nunca intentaron siquiera meterse de lleno con energía tan viejas y negativas, es más creo que algunos lo tomaban más como una filosofía que como religión. ¡Y claro que no lo hacen todos los magos oscuros! Esas fuerzas son peligrosas en todos los sentimos, no sabes que puedes terminar convocando.
- Bien... me parece que aún es muy pronto para enfrentarlos...- Félix se quedó callado cuando vio a Claude asentir, su amigo siempre había sido un tanto impulsivo ¿Los años lo habían vuelto más cauteloso? -. Tengo que regresar a mi casa, mañana... no en tres horas tengo que levantarme para ir a clases.
- Te llevo – dijo Claude.
- No sabía que tuvieras coche – comento Félix mientras subía en el asiento del copiloto.
- No voy a todos lados con el – contesto Claude.
- ¿Por qué miraste el reloj cuando estaban en las catacumbas?
- No se te escapa nada ¿verdad? Porque la hora, las tres de la mañana es el momento donde más débil es el velo que divide los mundos, por lo tanto si venían seria a esa hora... y faltaba poco, la hora perfecta para realizar los ritos, cualquier tipo de rito, seria alrededor de las 3:33 am.
Luego volvieron a quedarse en silencio, Félix arrimo su cabeza en la ventana, estaba muy cansado.
- Es todo tan diferente a como era en nuestros tiempos – comento sintiéndose viejo de repente.
- Completamente – estuvo de acuerdo Claude -. ¿Recuerdas cuando regresamos de China?
- ¿Lo emocionado que estabas por ver a Allegra? – pregunto medio molestando Félix, Claude a diferencia de su comportamiento avergonzado y el ligero rubor que tenía siempre cuando se le mencionaba a Allegra, sonrió, Félix se sintió algo desconcertado y luego giro a ver la ventana, Claude no era ya el adolescente con el que había crecido.
- Aparte de eso – dijo Claude con la mirada fija en la carretera.
- ¿Cómo olvidarlo? Luego de casi dos años fuera, al fin regresar a casa... fue como encontrarse en el paraíso.
Hace tiempo Félix abrió su reloj para ver el compartimento de atrás, faltaba poco para que llegaran a su casa... su casa, luego de un año y poco más de ocho meses de ausencia, al fin regresar a su hogar era casi irreal.
- ¿Qué observas? – pregunto Claude que estaba sentado enfrente de él, se había dormido una parte del camino pero ahora parecía haberse despertado con mucha energía, Félix cerro de golpe la tapa trasera de su reloj.
- Nada.
- ¡Como que nada! ¿Y porque me lo ocultas? – dijo Claude desplazándose de un salto hasta sentarse junto a Félix, y tras un ligero forcejeo lograr abrir la tapa -. ¿Eso es...? ¡Estas loco! ¿Por qué te has traído eso?
- Es por un asunto de vida o muerte – dijo Félix resignándose a confiarle finalmente a Claude la terrible noticia que le había informado Allegra, pero antes que pudiera hablar el carruaje se detuvo.
Claude le dio una mirada que significaba "Hablamos luego" y ambos se bajaron del carruaje. Luego de que Félix pagara al cochero con las ultimas monedas que les quedaban del dinero que el duque les había dado para el viaje, ambos chicos se encontraron frente a la enorme puerta de manera que muchas veces habían creído no volver a ver.
Claude estiro su mano para llamar a la puerta y casi de inmediato abrió Allegra, los ojos de la chica brillaron de emoción y lágrimas de felicidad cuando los vio.
- ¡Al fin han regresado! – dijo mientras los abrazaba tomándolos desprevenidos, cuando se separaron la chica estaba avergonzada de su arranque de sentimentalismo en plena calle, por suerte habían muy pocas personas en ese momento -. Pasad ¿Tienen hambre? Les hare algo de comer.
- Eso sería genial – dijo Claude con los ojos brillantes, Félix había sido tan insistente con que el dinero debía durarles todo el viaje que pocas veces habían comido algo realmente apetitoso.
El único equipaje que llevaban ahora era el violín de Félix, cuando habían partido llevaban una cantidad casi estratosférica de maletas, pero durante el viaje las habían perdido o se habían visto obligados a abandonarla... incluso hasta a vender algunas de sus cosas o cambiarlas por otras.
Se sentaron en la mesa, mientras Allegra corría a la cocina para avisar a las demás chicas que tenían que preparar algo de comer.
- Te contare porque me lo traje más tarde ¿Si? – le dijo Félix.
- Bien – accedió Claude haciendo una mueca.
Allegra les sirvió los platos lo más rápido que pudo y luego se sentó junto a ellos para preguntarles sobre su viaje.
- ¿Qué tal les fue? – pregunto sonriente.
Claude estaciono el auto detrás de la mansión Agreste.
- ¡Sitri transformación! – dijo Félix casi susurrando.
- ¿A qué viene eso ahora? – pregunto Claude que aún se sentía un poco incómodo viendo a Félix transformarse, era la segunda vez que lo veía.
- ¿Cómo quieres que entre a la mansión? ¿Le pido a Nathalie que me abra? Hasta luego Claude.
ESTÁS LEYENDO
Secretos y omisiones
FanfictionFélix es su hermano mayor... lo dicen las fotos y todas las personas que lo rodean, pero Adrien es incapaz de recordar nada sobre aquel chico, está seguro que la noche anterior cuando se fue a dormir era hijo único. ¿Por qué no puede recordar a su h...
