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Capítulo 50: ¿Mentira?

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No podía creer lo que sus ojos estaban viendo ¿Era Bridgette? ¿Cómo podía ser ella? Acaso realmente Allegra le había mentido ¿Estaba delirando?

¡Era imposible que fuera ella! ¿No le habían escrito una carta para decirle que Bridgette se murió cayéndose del caballo?

El velo negro caía sobre sus hombros cubriendo su largo cabello, solo podía verle el perfil, sus ojos azules miraban al piso, su vestido oscuro se arrastraba por el suelo y en sus manos había un rosario que acariciaba casi inconscientemente, Félix la examino como quien ve un fantasma y Bridgette sintiéndose observada giro un poco la cabeza, sus ojos se encontraron por un segundo y ella aparto la mirada bruscamente.

Félix sin comprender las acciones de su amada, se sintió insultado, había pasado tanto tiempo... ¡había sufrido en silencio tanto tiempo, mientras la creía muerta! ¿Por qué ahora lo ignoraba?

Bridgette llevaba un velo blanco la segunda vez que la vio, tenía un vestido morado pastel y sus manos estaban cubiertas por delicados guantes blancos. Nunca antes la había visto en esa iglesia y no le pregunto si había asistido allí antes, quizá fuera la primera vez que se percataba de la presencia de Brid, en aquel momento sus padres y hermanos la acompañaban, ahora iba del brazo de su esposo.

En el segundo encuentro, Bridgette tardo en darse cuenta de su presencia y aunque él la observo durante toda la misa, Brid solo se dio cuenta de la presencia de Félix cuando se acercaron al sacerdote para comer la ostia.

Al verle Brigette se ruborizo y movió un poco su cabeza para esconderse detrás del velo, Félix la observo anonadado mientras ella abría la boca para que el cura le diese la ostia. A su lado Claude frunció el ceño al percatarse de la mirada brillante que Félix había colocado en la joven.

-¿Quién es aquella muchacha a la que miras tan insistentemente? - le pregunto de improviso sacándolo del juego de miradas que tenía con Bridgette.

-Una conocida del ultimo baile al que asistí, es hija de los barones d'Aramitz.

-¿Recuerdas el celibato? - dijo Claude, Félix puso los ojos en blanco.

-¿Acaso saludar a una conocida rompe el celibato?

-¿Saludar? pero no los... - antes de que Claude terminara la frase Félix comenzó a caminar hacia Bridgette y su familia, Claude decidió seguirle, estaba curioso por el comportamiento atípico de su amigo.

-Buenos días Barón y Baronesa d'Aramitz - saludo Félix.

El Barón se tomó muy bien las atenciones que Félix les daba a nombre de la hermandad, Bridgette por su parte estaba también muy alegre de encontrarse en compañía del joven que conoció en el último baile.

Ahora esos ojos alegres, esa sonrisa pícara y esa energía desbordante habían desaparecido por completo de Bridgette, parecía un fantasma y Félix la observaba esperando que en cualquier momento desaparecería.

La última vez que hablo con Bridgette fue dos días antes de su boda, ella aunque apenas conocía al conde Alexandre de Valois, quien sería su futuro esposo, parecía estar dispuesta a tomárselo todo con la mejor predisposición posible, lo llamo esa tarde para terminar todo lo que nunca hubo, ni jamás habría entre ellos. Félix presintió sus intenciones cuando la sirvienta personal de Bridgette fue a buscarle, Justine solo se limitó a entregarle con algo de tristeza la invitación de ir a visitarla por la tarde.

-Buenas tardes joven Félix - susurro casi sin voz Bridgette, aparentemente su firme resolución comenzó a tambalearse cuando vio a Félix entrar a su casa, para disimular se giró hacia su criada -. Justine, déjanos solos.

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