—¿Ya terminaste? Realmente necesito entrar —Louis dijo desde el otro lado de la puerta, mientras que yo envolvía mi cabello mojado en una toalla.
—Salgo en un minuto.
—Llevas diciendo eso por más de dos minutos —contraatacó, haciéndome reír.
Una vez que estaba completamente envuelta en una toalla, salí del baño para dirigirme a mi habitación. Louis recorrió mi cuerpo con la mirada, haciéndome sentir nerviosa debido a que las niñas, Jay o Dan podrían aparecer en cualquier momento.
—Deja de verme así —dije, y él sonrió con picardía.
—Lo siento, amo tus piernas, pero necesito entrar ya al baño si no quieres que me orine aquí.
—Dios mío, Louis.
Él rió y palmeó suavemente mi trasero, haciéndome dar un pequeño salto y que él riera más, entrando por completo al baño. Rápidamente me coloqué unos jeans ajustados, una blusa blanca de manga larga y por último unos botines, intentando no sentir el frío.
—¿Puedo pasar? —preguntó Louis, tocando levemente mi puerta.
—Adelante.
Entró a mi habitación y cerró la puerta detrás de él, sentándose en la orilla de mi cama y jugando tranquilamente con sus dedos. Sonreí al verlo desde el espejo, me gustaba cuando estaba tan tranquilo.
—¿Por qué has estado tan feliz últimamente? —pregunté, y él sonrió.
—Con todo esto de la modelo, el contrato y demás, han disminuido un poco las reglas que al principio me dieron. Estoy feliz porque no estaré tan atado a ella como al principio pensé que sería.
—Bueno…sigue siendo raro, pero supongo que es mejor.
—Te amo a ti.
Sonreí de nuevo, cepillando mi cabello y atándolo lentamente en una trenza. Louis veía atento el movimiento de mis dedos en mi cabello, y me gustaba que el silencio que había entre nosotros dos nunca era incómodo…de hecho a veces era más fácil comunicarnos por miradas que por palabras. Sonaba un tanto cursi, pero así lo sentía.
—Mañana iremos a Richmond, que no se te olvide eso —dijo él.
—No se me olvidaría algo así.
Sonrió y tiró de mi cuerpo hacia la cama, haciéndome caer contra el colchón. Reí, sabiendo que mi trenza se había arruinado, pero no protesté. Louis se recargó contra la cabecera de mi cama a la vez que mi cabeza descansaba en sus piernas. Deshice mi intento de trenza y me volví a acostar en sus piernas, sintiendo sus dedos acariciar mi brazo.
—Tengo ganas de decirte muchas cosas cursis —me dijo, haciéndome soltar una risita.
—Entonces hazlo.
—Bien, para empezar, me gusta mucho cuando traes el cabello suelto, porque así puedo jugar con él —acarició mi cabello con sus dedos, enredándolo levemente entre su dedo anular—. Me gustan tus ojos, realmente me vuelven loco —sonreí divertida, y alcé la vista hacia él—. La forma en la que me miras…me haces sentir tan afortunado.
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I can love you more than this
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