—¡Rápido, no quiero llegar tarde!
Tomo mi bolso y salimos de la cafetería para dirigirnos a nuestra próxima clase. Hay un profesor nuevo de artes, todas dicen haberlo visto por los pasillos y admiten que está guapo, entonces Grecia está loca por verlo. Al llegar al aula buscamos lugares disponibles para sentarnos juntas, me es imposible no reír al ver como las chicas de la clase tienen su maquillaje frente a ellas a la espera del nuevo profesor.
—¿Cómo me veo? ¿Me veo bien? —Grecia pregunta nerviosa, sacando su pequeño espejo de su bolso junto a su labial.
—Oye, está bien —sonrío divertida—. Sólo es un profesor.
—El segundo profesor guapo de la universidad —me corrige.
Y tiene razón. El primer profesor guapo llegó cuando el segundo semestre comenzó, sólo que ninguna de las dos cursaba su materia. Ahora, con la llegada de uno nuevo todas están alborotadas, tengo la suerte de que sea el reemplazo de mi antiguo profesor de artes que solía ser un amargado.
Escuchamos pasos en el pasillo y pronto las chicas guardan todo su maquillaje, Grecia acomoda un mechón de mi cabello y rápido se sienta derecha. Presiono mis labios para no reír y el soñado profesor entra. Es realmente guapo. Una chica a mi lado suspira y yo estoy atónita ante el hombre frente a nosotros que se hace llamar profesor.
—¡Pero qué culo! —Grecia susurra a mi lado.
—Buenos días —él sonríe a todos, viéndonos detenidamente—. Soy el profesor Rivera, estaré dando la clase de artes desde hoy. Nos ahorraremos tiempo con las presentaciones, realmente hay muchas cosas por hacer, podremos conocernos durante el transcurso de las clases.
Toma de su maletín un estuche negro del cuál saca un gis para la pizarra. Comienza a dibujar algo que no capto qué es, realmente nadie presta atención a lo que dibuja o escribe, todas vemos su culo. Los únicos seis hombres que cursan arte ruedan los ojos al vernos tan embobadas por el profesor, pero es que no se nos puede culpar.
—¿Cuántos años le ves? —pregunta Grecia en voz baja.
—Como unos treinta, ¿tú?
—Veintisiete.
—Busca si lleva algún anillo.
Ella asiente con la cabeza y comienza a estirar la cabeza en busca del dichoso anillo. Saco mi carpeta y un lapicero para tomar nota de lo que se encuentra en la pizarra.
—¡No lleva! Jodidamente genial, asombroso, me lo puedo ligar, esto es como de un libro donde me enamoro de mi profesor y pronto tenemos sexo para comenzar nuestra historia de amor. Lo volveré a decir, qué culo.
Río e inmediatamente cubro mi boca con mi mano, pero es muy tarde, el profesor voltea a verme.
—Lo siento —murmuro avergonzada, la mirada de todos sobre mí.
—¿Cuál es tu apellido? —inquiere.
—White.
—Muy bien, señorita White, podría compartir con la clase qué le parece tan divertido —sonríe burlón y yo lo miro anonadada.
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I can love you more than this
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