Capítulo 62◁

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Louis iba concentrado manejando por la carretera, mientras que yo veía las calles por la ventana. Había una leve brisa pero decidimos encender la calefacción, entonces mientras estuviéramos dentro del auto todo estaría bien.

—¿Cuánto falta para llegar? —pregunté, y Louis sonrió divertido.

—Creo que…—vio el reloj en la pantalla táctil y luego siguió manejando—. Probablemente una hora.

—¿No estás cansado?

—No, ¿tu sí?

—Un poco —murmuré.

—Entonces duerme, te despertaré cuando lleguemos.

Me acurruqué contra la ventana y me cubrí con la chamarra que Louis se había quitado hace unos minutos. Bajó un poco el volumen de la música y yo cerré los ojos, esperando a quedarme dormida.

Sentí que el auto ya no se movía y abrí poco a poco los ojos. Volteé y Louis ya no se encontraba en el auto, haciéndome sobresaltar. Me senté bien en el asiento y me di cuenta que nos habíamos detenido para ponerle gasolina al auto. ¿Y Louis?

Me bajé del auto sin importarme la suave brisa que seguía, y no sabía a dónde ir o qué hacer. A unos diez metros visualicé a Louis saliendo de una tienda con una pequeña bolsa en su mano. Una vez que guardó algo en su pantalón, volteó y su mirada se cruzó con la mía, haciéndolo caminar más rápido hacia mí.

—¿Qué pasa? —preguntó.

—No sé…me asusté un poco, lo siento —murmuré, y él frunció el ceño.

—¿Por qué te asustaste?

—No te vi en el auto y no sabía dónde estábamos.

Sonrió y me tomó de la mano, caminando conmigo a donde se encontraba el tanque de gasolina, haciendo que nos cubriéramos de la brisa.

Me abrazó contra su cuerpo, haciéndome sentir bien inmediatamente. Apoyé mi mejilla derecha en su pecho, aspirando su aroma y sintiendo sus brazos rodearme. Se sentía perfecto.

—¿Aún falta mucho para que lleguemos? —murmuré, y él soltó una risita.

—Sólo dormiste media hora…

Bufé y él besó mi cabeza lentamente, aún abrazándome contra él. Recordé la pequeña bolsa que traía en su mano y me alejé levemente de él.

—¿Qué compraste? —pregunté.

—Dulces  —dijo—. Pensé que te daría hambre.

Sonreí y tomé de la bolsa un paquetito de pastillas de dulce. Le ofrecí unas y él hizo que se las diera directo en la boca, haciéndome reír. Me acerqué a besar sus labios pero él profundizó el beso, robándome todo el aire que tenía.

—Sabes a ti y a dulces…delicioso —dijo.

Solté una risita y él me sonrió, viéndome comer los dulces. La máquina hizo un leve sonido avisando que el tanque de gasolina se acababa de llenar, Louis retiró su tarjeta de crédito de un pequeño aparato que se encontraba ahí y acomodó la manguera en su lugar. Nos subimos de nuevo al auto y seguimos con nuestro camino a Richmond.

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