11.6 Seirin Vs Too - Duelo de prodigios

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Pabellón nacional de Tokio

Axel

Tras las palabras que le dije a Aomine para animarle volví a entrar a la pista, pero esta vez no subí junto a Carlos a lo más alto de las gradas, sino que me quedé un rato en los pasadizos atestados de gente del gran pabellón.

- Esa gran puerta, que una vez que estamos en la zona nos impide ir más allá – susurré como un lunático en mitad del pasillo – espero que me digas algo.

Esperé unos segundos en silencio, escuchando de fondo el ruido del resto de personas, de otros jugadores que comentaban el partido, del público que estaba por allí, pero continuaba sin recibir una respuesta, hasta que de repente, una voz me respondió desde el fondo de mi mente.

"Ambos recordamos lo que vimos al otro lado la primera vez y sabemos que eso ya no puede ser".

- Esta Hitoka al otro lado, estoy seguro – le dije a mi otro yo.

"Es una puerta, seguro que se abre de muchas maneras".

Escuché la bocina que indicaba que faltaban solo dos minutos para que se reanudara el juego, así que entré a la pista por la parte de abajo, a la altura donde se desarrollaba el juego y me puse junto a un viejo amigo que observaba con absoluta atención, captándolo todo, memorizando cada movimiento de nuestros futuros rivales.

- Vaya... justo llegas para ver como se besan esos dos – me dijo Kise con cierta mota de pena en la voz.

Me quedé de pie junto a Kise, estaba solo mirando el partido desde el fondo de la pista, y desde donde estábamos, exactamente cuando me puse a su lado vi como Aomine se anudaba la zapatilla y Satsuki aprovechaba para besarlo.

- Satsuki y yo hace tiempo que no tenemos nada – le dije a Kise, aunque sentía un ligero resquemor en mi interior.

- Es una lástima, te juro que sentía mucha envidia por ti cuando salías con ella – me confesó Kise de la nada.

Suspiré profundamente.

- Es una mujer increíble y hermosa, pero no era para mí – en mi voz se notaba un cierto tono de alivio, ver que Aomine y Satsuki volvían a estar juntos me hacía sentir que todo tomaba el rumbo correcto.

- Cierto, no cabe duda de que lo es – me dijo Ryota bajando un poco la mirada para mirarme – sentía envidia de lo que teníais, esa extraña fusión de amor, complicidad y amistad.

Ante las palabras de Kise me crucé de brazos, me quedé absorto mirando a Daiki que entraba más concentrado que nunca a un partido, saludo a todos sus compañeros con el puño, sus ojos relampagueaban rayos azules pero lo que más me llamaba la atención era su sonrisa.

- Ella y yo tuvimos eso – en el momento en que pronunciaba esas palabras sentí la misma sensación que en la habitación de Hitoka, cuando estuvimos charlando durante un rato – pero no tiene porque ser una sensación de una sola vez, no es una sensación que no se vaya a repetir.

Kise sonrío y me dio un golpe en el hombro, entendió a la perfección lo que quería decir con esas palabras.

Mientras tanto en la pista, con tan solo un minuto de juego Aomine remonto los seis puntos de diferencia que le separaban de Seirin.

- Es increíble – dijo Kise completamente alucinado - ¿Cómo lo está haciendo?

Me quedé callado durante un buen rato, sabía que contárselo a Kise era como dispararse al pie, pero finalmente me pudieron las ganas de compartir con un amigo.

El baloncesto de la generación de los milagros - segunda temporadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora