Capítulo 3. Brújula

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Miro mis manos, como si tuvieran algún secreto que contarme, como si en ellas estuviera una historia, algo oculto, como si no fueran mías, como si comenzara a desaparecer de la nada. 

Suelto el aire que llevo retenido, para luego rascarme la nariz, ¡Rayos! lo volví a hacer, dije que iba a eliminarme esa manía de tocarme la nariz de tanto en tanto, pero aún no lo logro. 

Me escapo de la clase de historia, otra vez, con la excusa de que debo organizar la reunión del consejo escolar.  Así que camino por los pasillos, y cuando paso frente al salón de Gizah, me detengo una milésima de segundos, ¡Vaya mi hermana presta atención a la clase!

A lado de ella está Ander, él también está muy atento, pero tan pronto mis ojos se posan sobre él, nuestras miradas se cruzan, él me da una media sonrisa, a lo que yo respondo con un saludo y continúo mi camino. 

La verdad que para hacerlo más creíble debería ir por, Andree, quien se supone es el vicepresidente, pero me da flojera ir a hablar con su profesora. 

Me bajo de las escaleras, para ir hasta la sala del juntas, cuando entro allí estaba la limpiadora, ella mi mira y me sonríe. 

— Buenas  Helios.

—Buenas  ¿Molesto si me quedo aquí? es que debo planificar algunas cosas...

—No, para nada, yo ya salía, sí le voy a pedir que no se olvide de apagar el aire acondicionado al salir.

—Tranquila, lo hago.

Miro mientras recoge el trapeador y me doy cuenta que lleva un tatuaje en la muñeca, como una L, pero con una ralla que lo atraviesa por la mitad. 

Ignoro el detalle, y me siento finalmente en una de las mesas. Si bien, solo quería escaparme de la clase de Historia y me inventé una excusa, la verdad es que para hacer más valedera mi excusa, debo trabajar en ella, así que recojo el libro de reuniones y comienzo a revisarlo. 

Por lo que veo mi calendario está un poco apretado, hay un montón de actividades que realizar, tendré que organizar lo mejor posible mis tiempos, o dejar alguna actividad extracurricular, que a decir verdad me encantaría. 

De la nada, siento una brisa mover mi cabellos, pero era una brisa extraña, no de esas que salen del aire acondicionado. miro para ver si la puerta está abierta, pero no, decido ignorar, capaz y es esa resaca que aún me está haciendo mal. 

Reviso mi bolsillo porque allí puse el té que me dio Rosalia, me levanto y voy hasta el bebedero para servirme agua caliente, abro el sobre y lo pongo en la taza, quizás esto y me haga pisar tierra. 

Mientras vuelvo a mi lugar, saco de mi otro bolsillo mi celular y mis auriculares, me pondré a organizar esto de una buena vez. Reproduzco mi play list, para inspirarme, y de verdad resulta, comienzo a trabajar, armando el calendario, para saber exactamente como distribuir todas las actividades que nos propusimos en campaña del año pasado. 

<<Yeru, no>>

Me quito el auricular tan rápido como el grito llegó a mis oídos, mi corazón está palpitando con locura. ¿Qué mierda fue eso? pongo la mano en el pecho, e intento tranquilizarme, pero no puedo. Los músculos de mi cuerpo se tensan por completo, como si acabara de salir del gimnasio. ¡No voy a volver a beber en mi vida!

Me rasco la nariz, para luego llevar las manos a mi cabeza de nuevo, el dolor de cabeza volvió, no hay nada que odie más que un dolor de cabeza. 

—Mierda—Guardo el cuaderno, porque ya no puedo pensar, ese grito me quitó todo pensamiento. 

Bebo de mi té, y decido que voy a dedicarme a una de mis otras manías, algo que también me prometí dejar, pero no puedo. Giré la silla hacia el gran ventanal y miré al gran lapacho blanco, ahora sus hojas verdes son frondosas y hermosas,  me siento tan invadido por ál cada que lo miro, como si fuese que me llamara. 

El Sol y el Universo [Libro 5]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora