Pouke no dejó que Enis cogiese ninguno de los libros que había cogido para practicar en todo el trayecto. En realidad, ni siquiera sabía a dónde le llevaba hasta que, tras caminar un rato, llegaron a una especie de plaza interna, donde muchos de los chicos y chicas del refugio estaban reunidos.
Le recordaba un poco a la fábrica de La Cantera, solo que aquella tenía tenía techos y aquella plaza, parecía estar a varios niveles bajo el suelo, pero con una apertura en lo alto que permitía que se viera el cielo.
–No es peligroso.– Le dijo Pouke al ver que Enis no apartaba la vista del cielo.– Llevamos años aquí y nunca nos han encontrado. Puedes pasar tranquilamente.
La manera que tenía Pouke de mirarla le recordaba mucho a Eurus, pero nada de él podría mejorar la sonrisa de su mejor amigo. Aquella sonrisa que tanto le gustaba y que tanto echaba de menos... Tenía que volver a verla, volver con él.
Enis y Pouke se sentaron junto a unas escaleras y él le ayudó a leer y cada vez que leía un párrafo todo lo fluidamente que podía, lo escribía.
–Nunca entenderé porque las escuelas en La Cantera están prohibidas.– Dijo Pouke al rato.
–Porque siempre es más fácil controlar a un pueblo que no sabe escribir un cartel de protesta.– Dijo Enis mirándole a los ojos y él no pudo evitar abrir la boca ante la verdad que acababa de decir.
–Tienes mucha razón, ¿lo sabías?– Enis se rió un poco.– Hace falta más gente tan inteligente como tú.
–No creo que todos los que viven en Kownen sean idiotas.
–La gran mayoría.– Pouke se quedó mirando a Enis directamente a los ojos, cosa que la hizo sentir atrapada, como si ya no pudiera salir de ahí.
–Esto... ¿está bien escrito?– Dijo parpadeando varias veces y dándole un papel donde había estado escribiendo.
Pouke apartó la mirada de Enis y miró el papel. Ella pudo respirar en aquel momento, ya que muchas veces en las que Pouke la miraba tan directamente le hacían quedarse sin aire.
–Si, está muy bien escrito.– Le devolvió el papel.– Creo que ya podemos dar por hecho que sabes leer y escribir. Enhorabuena.
–¿En serio? Genial.– Dijo con una sonrisa.
Pouke y Enis siguieron hablando durante toda la tarde. Cuanto más hablaban, más quería Enis seguir con él. Incluso cuando empezó a entrarle el hambre a ambos, Pouke le invitó a sentarse con él y sus amigos, y Enis habría aceptado encantada, pero antes de que pudieran acercarse a la mesa, Aro se acercó a ellos.
–Hola.– Dijo mirando a Enis.– Veo que has hecho amigos nuevos.
–No creerías que me centraría solo en mi trabajo y que no haría amigos, ¿verdad?– Aro no contestó.
–Deberías dejar que se relacionase con los demás.– La defendió Pouke.– Al fin y al cabo, la has puesto a dormir en una sala común y no te preocupas por ella.
–Si me preocupo.
–¿Entonces por qué no le estabas enseñando a leer?
–Estoy investigando lo que Uriel quiere hacer con ella para evitar que la maten, Pouke.– Aro se cruzó de brazos.– No saques conclusiones precipitadas sin saber toda la teoría.
–¿Todos están investigando a Uriel?– Dijo mirando a la mesa con los demás. Aro se mordió el labio y suspiró.
–No pienso discutir contigo.– Dijo mirando a Pouke.– Y no voy a obligarte a venir si no quieres.– Ahora miraba a Enis.– Aún no eres una adulta, pero eres lo suficientemente mayor para saber lo que te conviene y que no.– Pouke arqueó las cejas, Aro le miró serio y después volvió a mirar a Enis antes de irse.– Tienes un sitio en nuestra mesa si quieres.
Enis se quedó junto a Pouke mirando como Aro volvía a su mesa. Por mucho que le gustase estar con Pouke, había algo en Aro que no conseguía sacar de su mente.
–¿Aro y tú no os lleváis bien?– Dijo mirando a Pouke.
–Te han dicho lo de que somos una gran familia, ¿no?– Enis asintió.– Pues como puedes ver, en una gran familia, no todos los miembros se llevan igual de bien.
–Ya veo...
–En fin, que puedes sentarte donde quieras.– Dijo mirándola y Enis se lo pensó un segundo.
–No creo que pase nada si me siento con vosotros una noche, ¿no?
–No te arrepentirás.– Dijo con una sonrisa.– Y te seguro que ya no querrás volver a aquella mesa.
Tal y como Pouke le había prometido, su mesa con sus amigos era mucho más divertida que la de Aro y los demás. Todos parecían bastante amables y sin ningún problema en hacerse amigos de Enis. De vez en cuando, ella miraba a la mesa de Aro y los demás y le pillaba mirándola, pero en cuanto se miraban el uno al otro, Aro apartaba la mirada.
Cuando terminaron de cenar, Enis fue acompañada por Pouke y sus amigos hasta la sala común donde dormía la mayoría de la gente.
–¿Dónde duermes tú?– Le preguntó Pouke y Enis le señaló la cama vacía que ahora le pertenecía.– Nosotros dormimos ahí.– Le dijo señalando al grupo de camas al que se dirigían sus amigos.– Es una pena que no haya camas libres cerca de nosotros.
–Al menos dormimos en el mismo cuarto.
–Bien visto.– Se rieron.– ¿Hablamos mañana?
–Si.
–Guay. Hasta mañana.
–Hasta mañana.
Pouke se dio media vuelta y se fue con los demás mientras Enis le miraba. Tras unos segundos, ella volvió a su cama y se dio cuenta de lo cansada que estaba, así que decidió dormirse lo antes posible.
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Blue
Science FictionUna sociedad dividida por una valla de muros enormes. Una distopia donde a un lado la gente vive la vida plenamente, disfruta y tiene dinero suficiente como para malgastarlo. Al otro lado la gente se conforma con sobrevivir. El gobiernos controla a...
