Aro salió del gimnasio y fue directo a buscar a Athlas. Todos se habían pasado el día con Keyer y habían perdido un poco la noción del tiempo. Los estómagos se les habían cerrado por lo que se habían saltado las comidas.
Athlas estaba en una sala tranquila hablando con Airyn, ambos sentados en un sofá, apoyados el uno en el otro y cogidos de las manos. Cuando tenían un día duro les gustaba estar así un rato.
–At, ¿podemos hablar?– Le preguntó cuando llegó.– Solo te lo robaré unos segundos, Airyn.
–¿Qué pasa?– Le preguntó sin levantarse.
–Tengo que irme. En la sección del Este han tenido un pequeño problema y necesitan mi ayuda.
–Oh, te vas pronto entonces.
–¿Podemos ayudar en algo?– Quiso saber Airyn.
–Con esto no, pero vigilad a Enis. No me gusta nada el rollo que se está montando con Pouke.
–¿Con Pouke?– Dijo Athlas extrañado.
–Si, vigiladle a él también.– Dijo empezando a marcharse.– Tengo que irme. ¡Te dejo al mando, At!
Aro salió de allí corriendo un poco, pero en vez de dirigirse a la salida como debería haber hecho, volvió a bajar hasta los pasillos que llevaban a la celda de Keyer. Había pasado con él todo el día interrogándole y dándole una buena paliza, pero quería tener una última charla con él antes de irse.
Miró a ambos lado para asegurarse de que nadie le había visto y después abrió la puerta. Keyer, que tenía la cabeza echada hacia atrás, la levantó y miró muy serio a Aro. Él cerró la puerta y le miró a la cara, ahora con alguna heridas por su culpa.
–Estoy solo.– Dijo acercándose un poco a él.– Puedes insultarme todo lo que quieras.
–¡Serás cabronazo!– Empezó diciendo Keyer.– ¿Insultarte? ¡Yo me cago en todos tus muertos, hijo de la grandisima puta!
–Si, supongo que me lo merezco.– Aro se metió las manos en los bolsillos y suspiro.
–¡Y yo ne merezco una explicación!– Keyer gesticulo para mostrar que seguía atado a una silla.– Tío, somos mejores amigos desde los cinco años. ¿Qué cojones es todo esto?
–Lo primero que tienes que saber es que no tengo intención de hacerte daño.
–Extraña manera de demostrarlo.
–Escucha: aquí abajo, todos son hijos de Caídos. Nos damos refugio los unos a los otros, nos protegemos y ayudamos a quien lo necesita. Y a este lado de la ciudad, los libero yo.
–Pero no eres un Caído, ni hijo de ningún Caído.
–Si, tú lo sabes, y yo lo sé, pero...
–Pero ellos no.– Adivinó Keyer.– Vale, vale. Lo pillo. Ahora explícame porque me has secuestrado y que hace la Inmune aquí.
–Aquí esta a salvo. También quiero saber por qué es inmune, pero seamos sinceros, tu padre la mataría.
–No es verdad.
–Keyer, no me jodas.– Keyer apartó la mirada.– He escuchado conversaciones de tu padre con el mío.
–Eso no te da ningún derecho a quedártela.
–¿Te estás oyendo? Hablas igual que tú padre. ¿Dónde está el Keyer idealista que quería abrir los muros para los Inferios?
–No me des lecciones de moral.
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Blue
Fiksi IlmiahUna sociedad dividida por una valla de muros enormes. Una distopia donde a un lado la gente vive la vida plenamente, disfruta y tiene dinero suficiente como para malgastarlo. Al otro lado la gente se conforma con sobrevivir. El gobiernos controla a...
