Capítulo 29

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Aro le contó a Bri todo, desde el momento en que había descubierto que Pouke había vuelto a organizar aquel estúpido juego, como le había pegado un puñetazo en el ojo después de discutir con él y como había acabado Enis sin ropa en su cuarto. Ella escuchó sin interrumpirle hasta que terminó.

–Y eso es todo.– Dijo con un largo suspiró para terminar.

–Pues no me extraña que esté enfadada.

–Gracias, eso me ayuda mucho.– Dijo irónico.

–Escucha, creo que has hecho bien en desmontar el juego otra vez, pero a parte de eso, está claro que hay gente aquí abajo a la que Enis no le cae muy bien.

–¿Y que hago?

–Protegerla de verdad y no hacer... esto.– Bri señaló el equipo de protección que había llevado Enis en el juego tirado en el suelo y Aro supo exactamente a lo que se refería.

–Ya...– Dijo pasándose las manos por la cara y después miró a Bri.– Tú no piensas que yo le haría daño a Enis, ¿verdad?

–Claro que no.

–Gracias.– Aro sintió un par de veces y Bri le sonrió.– Oye, cuando has entrado, decías que teníamos que hablar de algo, ¿no?

–Ah, si... no te va a gustar.

En cuanto Bri le contó aquello por lo que estaba allí, se levantó casi de un salto y empezó a caminar lo más rápido que podía hacia la celda donde tenían encerrado a Keyer. Bri le siguió como pudo, y al llegar, vieron que Keyer estaba extrañamente tranquilo.

–¿Se lo has dicho ya?– Dijo Keyer mirando a Bri.– Que rápida.

–¿Que es eso de que quieres hablar con la Inmune?– Dijo Aro serio.

–Tú querías que hablase, ¿no? Pues hablaré. Pero hablaré con ella.

–Serás hijo de...

–Termina la frase.– Le retó Keyer.

Aro se acercó hasta él, le agarró del pelo por la parte trasera de la cabeza y se la levantó para que le mirase a la cara, sin darse cuenta de que también había echado la silla hacia atrás y que ahora los pies de Keyer no tocaban el suelo.

–No estás en posición de hacer peticiones.– Le dijo muy serio.

–Tú tampoco.– Le susurró Keyer, Aro le apretó un poco más y esta vez Keyer no pudo disimular el gesto de dolor. De repente, la pistola con el apellido familiar empezó a pesarle más en la cartuchera.

–¿Por qué quieres hablar con ella?

–Porque sé que ella no me hará nada de esto. Es buena, no como tú.

–No hablarás con ella.

–Pues no te diré nada.

–Sí que lo harás.

–Prefiero que me cortes la lengua y me obligues a comérmela.– Keyer le miró a los ojos y le habló desde la posición de mejor amigo, no de la de rehén.– No te diré nada.

Aro soltó la cabeza de Keyer tras unos segundos en silencio en los que se podía cortar la tensión con un cuchillo. Después dejó que los pies de Keyer volvieran a tocar el suelo con cuidado de nuevo y se giró hacia Bri.

–Vamos a por ella.

Aro y Bri, al igual que los demás se pusieron a buscar a Enis por toda la base, pero nadie era capaz de encontrarla. Pensaron que aparecería a la hora de la comida y allí hablarían con ella, pero nada de eso, y ahí es cuando Aro empezó a preocuparse.

–¿Y si se ha ido?– Dijo mientras los cuatro comían.

–Las salidas están bien cubiertas. Si se hubiera acercado a ellas lo sabríamos.– Dijo Airyn.

–La pobre apenas sabe llegar del cuarto común al comedor, dudo que haya encontrado ninguna salida.– Añadió Bri mareando sus patatas.

–Tenemos gente buscándola.– Le dijo Athlas.– La encontraremos.

Pero nadie la vió en todo el día, y es que para Enis, aquello no era más que otro juego, esconderse de la gente, lo cual se le daba bien. Si ella no quería que la encontrasen, no lo harían. Y mientas, Aro se comía la cabeza culpándose de lo que había pasado. Si hubiera sabido frenar y entender que no había sido culpa suya, no estarían en aquel problema.

–Tienes que irte.– Le dijo Athlas al ver lo tarde que era.

–No, tengo que encontrarla.

–No quiero tener problemas con Los Búhos por esto, tío. Vete, nosotros la encontraremos.

–No puedo, At. Después de...

–Claro que puedes.– Athlas le miró a los ojos.– Te juro por lo más sagrado que la encontraremos.– Aro guardó silencio.

–Está bien.– Dijo al final.– Vale. Encontradla y cuidad de ella.

–Descuida.

Athlas le dió un golpe en el brazo para despedirse y después Aro se marchó. Durante todo el camino a casa, no pudo sacarse a Enis de la cabeza. Todo lo que había pasado ahora le machacaba la conciencia de una manera horrible. Pero por suerte, al llegar a casa, allí estaba Noon para recibirle.

–Hola.– Le dijo ella con una sonrisa e Ícaro bajó los hombros cansado.

–Hola.

–Un día largo, supongo.

–Si yo te contara...

–Pues cuéntame

Ícaro sonrió. Noon se sentó en el sofá mientras Ícaro se tumbaba con los pies colgando y la cabeza apoyada en el regazo de su hermana. Él le contó lo que había pasado mientras Noon jugaba con el pelo de su hermano e Ícaro mantenía la vista fija en el techo.

–Y yo creía que mis días eran intensos...– Dijo Noon riéndose.

–No sé ni como empezar a disculparme cuando la encuentren, si es que la encuentran.

–Es una niña asustada. No habrá ido muy lejos.

–¿Noon, tú crees que soy mala persona?– Dijo mirándole.– Después de lo que he hecho, ¿lo crees?

–Nadie te conoce mejor que yo, y no solo creo, si no que sé que no eres mala persona.– Dijo sin dejar de pasar los dedos por su pelo.

–Lo dices porque eres mi hermana.

–¿Si te digo que eres la peor persona del planeta me creerías?– Ícaro se rió.

–A lo mejor si.

–Mala persona no sé, pero idiota eres un rato.– Dijo dándole un golpe en la frente y ambos se rieron.

–¡Ah!– Se quejó él mientras Noon le quitaba de encima de ella para levantarse.

–No seas quejica.– Dijo ella con una sonrisa.– Me voy a pegar una ducha.– Le informó mientras se iba y dejaba a su hermano tumbado en el sofá pensando en todo, aunque con la pequeña sonrisa que siempre le provocaba Noon.

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