–Sacadla de aquí antes de que se entere toda La Cantera.– Escucharon.
Enis y Aro seguían dentro de su escondite, de aquel armario tan pequeño que apenas podían separarse el uno del otro. Aro retiró la mano de la boca de Enis y soltó sus manos mientras ella seguía repitiendo aquellos últimos segundos en su mente. Y todo seguía adelante. Los segundos corrían y el reloj no paraba. Su madre estaba viva hace treinta segundos, treinta y uno, treinta y dos, treinta y tres... Y la simple idea de que el tiempo les alejaba cada vez más de aquel momento la destrozaba el alma.
Se acercó a Aro y le abrazó empezando a llorar en su pecho. Él la abrazó de vuelta y apoyó la cabeza en la de Enis. Pensó en lo injusto que era aquel momento. En cómo le habían quitado algo que penas tenía y que dolía tanto. Él consolaba a Enis, ¿pero quien le consolaba a él? No había nadie que le abrazase y le dijera que todo saldría bien.
Y entonces escucharon los pasos subir por las escaleras.
Enis dejó de llorar y miró hacia las puertas del armario con Aro. Ambos incluso aguantaron la respiración ante los pasos que se acercaban sobre aquel suelo que crujía con sólo mirarlo.
Cada vez estaba más cerca, frente al armario. Le escuchaban respirar, podían sentir como alargaba su mano hasta coger el pomo del armario, pero entonces otros pasos subieron corriendo.
–Tenemos que irnos.– Dijo el recién llegado.– La gente está empezando a acercarse y a preguntar qué pasa.
–Deshaceos del cuerpo y registrad cada rincón de este asqueroso lugar.– Dijo mientras comenzaban a alejarse.– Esa niña está por aquí y voy a encontrarla.
Los pasos bajaron las escaleras y siguieron hasta que escucharon la puerta cerrarse. Entonces, Aro abrió la puerta muy despacio y asomó la cabeza con la mano en el arma por si era una trampa.
–Se han ido.– Dijo saliendo.
Enis salió mucho más despacio que Aro. Tenía la cara empapada por las lágrimas. Aro aún las retenía en sus ojos.
–Oye... Sé que no es el mejor momento, pero tenemos que irnos.– Dijo Aro con la voz rota.– Van a buscarnos hasta debajo de las rocas. Y los demás nos esperan.
–La han matado... ¿Cómo han podido? No la querían a ella.
–Pero lo sabían. Sabían que su marido era Inmune y que escapó. Y sabían que a ti te protegería.– Se acercó a ella.– Así que no podemos dejar que te encuentren, ¿vale?– Enis asintió lentamente un par de veces.– Conoces La Cantera mejor que yo, así que necesito que me guíes para llegar a las minas.
–¿Crees que nos estarán esperando allí?
–Si han hecho lo que tenían que hacer, sí.
–Entonces vámonos.– Enis comenzó a andar con intención de ir hacia la puerta, pero Aro la detuvo.
–No, por ahí no.– Dijo y miró hacia la ventana.– Por ahí.
Aro se percató de que no era una casa muy alta, así que no le resultó difícil saltar por la ventana. A Enis le impresionó un poco más, pero Aro le prometió que la cogería, y así fue.
Una vez fuera de la casa, Enis sintió que lo dejaba todo más atrás que nunca. No tenía tiempo para lamentos pero una parte de ella se estaba muriendo al abandonarlo todo.
Salieron del callejón que había detrás de la casa y se asomaron con cuidado por las callejuelas para evitar ser visto por los agentes de guardia. Pero no fueron ellos quienes les vieron, sino la vecina de Enis, la Sra. Wildon, una anciana bastante agradable que ahora parecía asustada.
–Sra. Wildon.– Dijo Enis con cautela.– Por favor, no diga nada...
–¡Agentes!– Comenzó a gritar ella sin dejar de mirarles.– ¡Agentes! ¡Están aquí! ¡La Inmune esta aquí!
Aro cogió la mano de Enis y salió corriendo dejando a la vieja atrás antes de que los agentes les encontrasen.
–¿Por qué nos ha delatado?– Dijo Enis sin dejar de correr.
–Si había una recompensa por ti en Kownen, imagínate en La Cantera.
–¡Saben lo necesitados que están en La Cantera! ¿Cómo pueden...? ¡Derecha!– Enis se interrumpió a si misma al ver dos caminos por los que ir. Aro reaccionó a tiempo y cogió el camino correcto.
–Tenemos que separarnos.– Dijo de repente.
–¿Qué? ¡No!
–Yo les distraigo y tú llegas a las minas. Yo os alcanzaré, lo prometo.
–Aro, podemos llegar juntos.
–Nos pisan los talones, Enis. Tú confía en mí y corre.
Aro soltó la mano de Enis y giró a la derecha en la siguiente calle separándose de ella. Sabía que los agentes irían directos a por Enis, así que Aro se tendría que esforzar mucho para separarlos de ella.
Salió a la calle principal donde la gente se apartaba de él y le gritaba a los agentes que le atrapasen. Estaban empezando a ponerle un poquito de los nervios. Pocos minutos después un transportador de agentes apareció detrás de él, y a parte de ellos, varios agentes más corrían detrás de él.
Si le perseguían a él estaba satisfecho, aunque sin Enis, no sabía muy bien por dónde ir, así que terminó en un callejón sin salida.
–Joder...– Dijo al ver el muro.
Antes de que pudiera darse la vuelta, sintió un fuerte golpe sus espaldas, a la altura de las rodillas, lo cual le hizo caer con un grito. Un par de agentes le mantuvieron en el suelo y le esposaron con las muñecas a la espalda antes de levantarle y obligarle a caminar hasta la calle de nuevo donde le empujaron hasta que perdió el equilibrio y volvió a caer. Ahora mismo Aro no entendía nada.
–¡Enis Harding!– Gritó uno de los agentes mientras los Inferios se escondían dejándoles solos.– Sabemos que estas por aquí. ¡Da la cara!– Él agente levantó la cabeza de Aro agarrándole por el pelo.– No puedes alejarte mucho de él.
–¡Enis, si me oyes, no lo hagas! ¡Vete de aquí!– Otro agente le pegó una patada en el estómago a Aro impidiéndole hablar.
–Aparece de una vez antes de que sea demasiado tarde para él.– Soltaron a Aro dejándole caer al suelo.
–Enis, no...
La voz de Aro fue apagada por un tiro que sonó a su izquierda.
–Morirá a en punto.– Dijo el agente que disparó.– Y son menos cuarto.– Otro tiro sonó más cerca de la cabeza de Aro.– Menos diez...– Más tiros, más cerca.– Menos cinco...
El agente llevó la pistola hasta la cabeza de Aro, preparado para disparar.
–¡No!
Aquel grito hizo sonreír al agente. Aro levantó la mirada y vio a Enis acercarse con miedo, lo cual le hizo darse cuenta de la trampa.
–No, por favor.– Rogó Enis.
El agente que apuntaba a Aro retiró la pistola de su cabeza. Otros dos agente vendaron los ojos a Enis y la llevaron hasta un transportador, igual que a Aro.
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Blue
Fiksi IlmiahUna sociedad dividida por una valla de muros enormes. Una distopia donde a un lado la gente vive la vida plenamente, disfruta y tiene dinero suficiente como para malgastarlo. Al otro lado la gente se conforma con sobrevivir. El gobiernos controla a...
