Los cinco salieron de la celda de Keyer y se quedaron en círculo en mitad del pasillo sin dejar de pensar en lo que les había dicho.
–¿Lo he hecho bien?– Le preguntó Enis a Aro.
–Si, muy bien.– Él le sonrió un poco y Enis sonrió satisfecha.
–Hemos cambiado un problema por otro.– Dijo Athlas volviendo al tema.– Si ninguno de los Uriel nos abre la caja fuerte, no podremos conseguir la receta del Gas.
–Lo sé.– Dijo Aro y se puso a pensar.
–Siempre podemos cortarle un dedo a Keyer.
–No.– Dijo Enis un poco horrorizada.– No, pobrecito. No podéis hacerle eso.
–¿Y que hacemos?– Preguntó Bri cruzandose de brazos.
–No sé. Algo se me ocurrirá.– Dijo Aro.– Ha sido un día largo e intenso, creo que lo mejor sería que descansásemos un poco y mañana, más tranquilos, pensamos en algo.
Los chicos accedieron a la propuesta de Aro, cenaron algo y después cada uno se fue a su cuarto. Enis se fue con Athlas, quien la acompañó hasta el cuarto de Aro donde podría dormir tranquila.
Aro por su parte salió de los túneles subterráneos y subió hasta la superficie para volver a casa. Su móvil sonó mientras esperaba a que uno de los semáforos se pusiera en verde. Sacó su móvil y vio que la llamada era de Noon.
–Estoy de camino a casa, hermanita. No te alteres.– Dijo nada más contestar.
–No llamaba para echarte la bronca.
–Oh, ¿entonces?– Dijo y siguió caminando cuando el semáforo se puso en verde.
–Papá me ha llamado, tiene una cena de negocios con mamá, así que llegarán tarde a casa.
–Así que estamos solos esta noche.– Sonrió.
–En realidad... solo tú.– Ícaro frunció el ceño.– Ha habido lío de última hora y tengo que quedarme.
–¿Me dejas solo en serio?
–¿Cuántas veces me has dejado sola a mi?
–Punto para ti...
–No te preocupes, estaré en casa antes de lo que crees.
–Está bien. Nos vemos.
–Nos vemos. Adiós.
Ícaro se desanimó un poco al saber que Noon llegaría tarde. Fue en silencio hasta su edificio, subió completamente solo en el ascensor, pero cuando salió al pasillo, vio a una persona sentada en el suelo, apoyada en la pared en frente de la puerta de su casa. Los sentidos de Ícaro se dispararon cuando vio que era la hermana de Keyer.
–¿Seven?– Dijo él sorprendido y ella le miró. Había estado llorando.– ¿Qué haces aquí?
–¿Podemos hablar?
Ícaro abrió la puerta y dejó pasar a Seven. No tenía pensado encontrarse con Seven teniendo a su hermano secuestrado, por eso tenía que ir con muchísimo cuidado.
–Siento lo de tu hermano.– Comenzó diciendo.
–Todo el mundo dice lo mismo todo el rato, y ya estoy harta.– Dijo frotándose los ojos.– Todo va demasiado deprisa y demasiado lento al mismo tiempo.
–Te entiendo. ¿Qué tal lo están llevando tus padres?
–¡De puta madre!– Dijo Seven irritada.– Mi padre tiene a los mejores hombres de la ciudad buscándole, ¡pero lo único que les importa es que en dos días es mi cumpleaños!
–Oh, es verdad. Lo siento, no me acordaba.
–¡No me importa mi cumpleaños! ¡Me importa Keyer! Pero parece que soy la única...
–A mi también me importa.– Dijo acercándose un poco a ella.– Seguro que aparece pronto.
–No entiendo como mis padres pueden pensar en mi estando como estamos...
–Puede que sea una forma de refugiarse del dolor.
–¿Montando una fiesta? ¿Es que no tienen sentido común?– Ícaro decidió callarse.– Tú eres su mejor amigo.– Dijo Seven de repente mirándole y el estómago de Ícaro se encogió.– ¿Sabes si estaba metido en algo que explique esto?
–No, y si lo estaba, no me lo dijo.
–Joder...– Seven se pasó las manos por el pelo.– Es que no entiendo que ha pasado, Keyer nunca se metería en nada turbio.
–No está metido en nada, Seven.
–¿Cómo lo sabes? Si tú mismos has dicho que no te lo diría.
–Pues... Porque lo sé. Igual que sé que tú hermano está bien.
Seven se quedó en silencio mirando muy sería a Ícaro. Se acercó un par de pasos clavandole los ojos de una forma un poco intimidante.
–Tú sabes algo.– Sentenció ella.
–¿Pero que dices?
–A mi no me vaciles, Ícaro, que no nací ayer. Dime que sabes.
–Te he dicho que no se nada.
Seven le cogió de la camisa y le estampó contra la pared.
–Mírame a los ojos y no te atrevas a mentirme. ¿Qué sabes?
Ícaro cogió a Seven de las muñecas, la apartó de él y la tiró al suelo, donde la inmovilizó y la miró a los ojos.
–Sé más de lo que piensas. Pero no te lo diré.
–Es mi hermano.
–Lo sé. Y tú se lo dirás a la policía.
–No.
–No me fío.
–Te lo juro por Dios.
–Te conozco, no crees en Dios.
–¡Te lo juro por mi vida!– Dijo intentando incorporarse pero enseguida se relajó.– Dime donde esta Keyer.
Ícaro miró el rostro herido y desesperado de Seven. La conocía bien, y sabía que no acudiría a la policía, pero ahora no podía flaquear.
Simplemente la soltó, se puso de pie y se arregló el traje.
–Te lo enseñaré, pero si dices algo a alguien, recuerda esta noche. Porque iré a por ti.
–No diré nada.
–Muy bien. Mañana aquí a las ocho y media.– Dijo ayudándola a levantarse y la llevó hasta la puerta.– Vete a casa, descansa y recuerda: esto no ha pasado.– Dijo cerrando la puerta y apoyándose en ella. Ícaro suspiró, se frotó la cara e intentó tranquilizarse.– Esto va de mal en peor.
ESTÁS LEYENDO
Blue
Science FictionUna sociedad dividida por una valla de muros enormes. Una distopia donde a un lado la gente vive la vida plenamente, disfruta y tiene dinero suficiente como para malgastarlo. Al otro lado la gente se conforma con sobrevivir. El gobiernos controla a...
