Enis y Eurus intentaron seguir con su vida normal durante todo el día en la fábrica hasta que llegó el momento de volver a casa.
Enis tenía miedo de que al salir a la calle un ejército de agentes estuviera esperándola para llevársela de allí, por eso intentó quedarse en la fábrica casi hasta que se quedaron solos. Por eso, cuando volvieron a casa, Enis le pidió a Eurus que le acompañase hasta su casa.
–¿Se lo vas a contar a tu madre?– Le preguntó Eurus al llegar a su casa.
–¿Debería?
–Yo creo que si. Es tu madre.
–Lo sé, pero, ¿y si saberlo la pone en peligro? No quiero que le pase nada.
–No os pasará nada.– Dijo cuando ambos llegaron a casa de Enis.– A ninguna. Yo me encargaré de ello.– Enis le sonrió.
–Gracias. No sé qué haría sin ti.
–Ni yo sin ti.– Le devolvió la sonrisa.– Que descanses. Hasta mañana.
–Hasta mañana.
Enis espero dos segundos mientras miraba a Eurus marcharse. No quería entrar en casa y tener que contárselo todo a su madre, pero a esa hora, ella ya había llegado a casa, y como decía Eurus, se merecía saberlo.
–Se os ha hecho un poco tarde, ¿no crees?– Le dijo su madre en cuanto la vio.
–En realidad, no tenía muchas ganas de llegar a casa.
–¿Y eso por qué?– Si madre dejó de preparar la cena y se acercó a ella.
–Mamá, tengo que contarte una cosa.
Enis le contó de principio a fin a su madre lo que había pasado aquella mañana en el mercado. Cuando terminó, le dijo que tenía miedo de que le hicieran algo por habérselo contado, pero su madre consiguió calmarla un poco. Ella también tenía miedo de que le hicieran algo a Enis, pero tenía que mantenerse positiva por su hija.
Aquella noche, Enis no leyó. Estaba tan preocupada por lo que podría pasar que no podía leer ni dormir. Siempre le daba demasiadas vueltas a la cosas hasta el punto de que cualquier tontería podía provocar el fin del mundo.
Tras dos horas mirando el techo, Enis consiguió dormirse y no se despertó hasta la mañana siguiente, cuando sonó la alarma a la vez que los golpes en su puerta. Y aquello le preocupó mucho más que la alarma.
–¡Enis!– Gritaba alguien que la hizo saltar de la cama.– ¡Enis, soy yo! ¡Eurus!– Al escuchar su nombre, Enis corrió a abrirle la puerta.
–Me has asustado.– Le dijo ella.– Creía que eras un agente.
–Ellos no tardarán en venir.
–¿Qué?– Dijo Enis asustada.
–He oído que pretenden venir a buscarte. Sube y cámbiate, yo intentaré que se crean que no vives aquí.
–Pero...
–¡Corre! Tenemos que sacarte de aquí.
Enis subió corriendo a su cuarto y se cambió mientras su madre salía con Eurus y él le explicaba su plan.
Cuando escuchó a los agentes de verdad llamarla por su nombre y apellido, se tapó la boca a sí misma para evitar hacer ruido.
–Enis Harding no vive aquí.– Dijo Eurus.
–Chico, llevamos el control perfectamente de donde vive cada uno. Y Enis Harding vive aquí.
–Pues a lo mejor tus controles están mal.
–Eurus Gárlec.– Dijo el agente y Eurus tragó saliva al ver que su plan no estaba funcionando.– Apártate de la puerta o prepárate para que a tu corazón se le olvide como mantenerte con vida.
–¡No!– Dijo Enis bajando por la escalera.– Por favor, no le hagáis nada.
El agente que lideraba el grupo sonrió enseñando sus dientes amarillos al ver que Enis se entregaba voluntariamente.
–Enis Harding, espero.
–Si, soy yo.
–Muy bien, ¿nos vamos?– Se hizo a un lado para dejar pasar a Enis.
–¿Qué le van a hacer?– Preguntó su madre intentando ir hacia ellos, pero Eurus la detuvo.
–Nada malo, señora. Solamente queremos... "curarla".
–¿Curarla?
–Sabe perfectamente que a todo el mundo tiene que afectarle el Gas, y si con ella no funciona, puede que sea el inicio de algo peor.– Su madre se asustó.– No se preocupe. La ayudaremos a que todo sea normal.
–La obligarán a que este bajo vuestro control.– Les espetó Eurus.
–Es otra forma de verlo.– El agente sonrió y miró a la madre de Enis.– Le prometo, Sra. Harding, que no le haremos daño a su hija, y que volverá a estar de nuevo con usted antes de lo que cree.
–No te preocupes, mamá.– Dijo Enis abrazándola.– Estaré bien.
–Oh cariño...– Dijo ella empezando a llorar, y al separarse, le puso las manos en las mejillas.– Forza.
–Forza.– Repitió ella y después miró a Eurus.– Cuida de mi madre.
–No estarás ahí para siempre.– Le dijo y la abrazó.– Y no voy a dejar de esperarte.
–Gracias.– Dijo al separarse y miró a ambos.– Me pondré bien. Lo prometo.
Despedirse de su madre y Eurus y salir de su casa fue una de las cosas más horribles que Enis soportó en su vida. La subieron a la parte trasera de un transportador con varios agentes y cerraron las puertas. Enis sintió el transportador elevarse y después salieron hacia Kownen, o eso quería creer.
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Blue
Science FictionUna sociedad dividida por una valla de muros enormes. Una distopia donde a un lado la gente vive la vida plenamente, disfruta y tiene dinero suficiente como para malgastarlo. Al otro lado la gente se conforma con sobrevivir. El gobiernos controla a...
