Mientras, al otro lado de la ciudad, Keyer Uriel volvía al trabajo después de acabar de hablar públicamente. Después de su padre, Keyer era uno de los altos cargos de la empresa familiar. Desde muy joven empezó a interesarse por el negocio y pronto empezó a trabajar con su padre codo con codo, no como su hermana Seven, que no tenía tanta responsabilidad como él.
Al final del día, Keyer apagó todos los ordenadores de su despacho, incluida su agenda electrónica del trabajo y se dispuso a marcharse a casa. Para cuando él se iba, siempre era de noche. Salía más tarde que su hermana pero antes que su padre, quien, con todo aquel problema de la chica inmune estaban trabajando más que nunca.
Keyer bajó en el ascensor que le llevaba directo al parking, donde su chófer personal le esperaba siempre.
–Buenas noches, señor Uriel.– Le saludó cuando se abrieron las puertas y él comenzó a andar como si nada hacia el coche mientras revisaba su móvil.
–Buenas noches.– Respondió serio.
–¿Un día duro?
–Un día largo.– Dijo parándose junto al coche para que su chófer le abriera la puerta, lo cual hizo en cuanto llegó y Keyer se subió al coche.– Vamonos a casa.
–Si, señor.
La puerta del coche se cerró dejandole sólo dentro del coche. Le llegó un mensaje de Seven que le preguntaba si ya había salido de trabajar y que estaba dispuesto a responder de no ser por qué las puertas del conductor y el copiloto se abrieron y entraron dos chicas. Keyer intentó decirles algo, pero antes de que pudiera reaccionar, la puerta que había a su izquierda se abrió y entró un chico moreno apuntándole con un arma.
–No se te ocurra gritar.– Le advirtió. Keyer no dijo absolutamente nada, ni siquiera opuso resistencia. Sabía muy bien lo que estaba pasando y a pesar de que estaba muerto de miedo, intentó mantener la mente tranquila. El chico, sin dejar de apuntarle, cogió su móvil y lo lanzó por la ventanilla.– ¿Llevas algún aparato más con lo que puedan localizarte?
–No.
–Bien.
El chico le cogió de la cabeza para inclinarsela dejando a la vista su cuello, y con su arma le inyectó algo doloroso y frío que le dejó inconsciente en cuestión de segundos.
–Duerme como un bebé.– Dijo Athlas.– Adelante, vamonos.
Bri arrancó el coche y salieron de aquel parking donde dejaron el cuerpo sin vida del chófer de Keyer y su móvil destrozado. Bri condujo tranquila el coche por las carreteras de Kownen sin que ningún policía les parase hasta otro edificio de oficinas donde Aro les esperaba en otro coche.
–Tenemos al chico.– Le informó Athlas cuando aparcaron el coche junto a él.
–Bien hecho. Metedlo en el maletero.
Bri y Airyn se encargaron de dejar a Keyer en el maletero sin que nadie les viera mientras Athlas se sentaba en el asiento del copiloto.
–Todo listo.– Dijo Airyn entrando en el coche y todos se pusieron sus gafas. Aquellas gafas se podían usar como gafas de sol perfectamente, pero pulsando un pequeño botón en la patilla izquierda hacía que el contorno y las facciones de sus caras cambiase hasta dejarles irreconocibles.
–Vamonos a casa.– Dijo arrancando el coche.– ¿Os ha visto alguien?
–No.– Dijo Athlas.– Ni siquiera el chófer. Rápido y limpio, tal y como querías.
–Estoy orgulloso de vosotros.– Dijo Aro con una sonrisa y por el retrovisor vió a las chicas chocar los puños.
Aro llevó el coche sin ningún problema hasta el refugio, donde una vez bajo tierra, pudieron quitarse las gafas. Los cuatro bajaron del coche y se dispusieron a sacar a Keyer del maletero hasta que a Aro le llegó un mensaje.
–¿Es Alfa?– Le preguntó Athlas.
Alfa era el nombre en clave con el que Aro tenía guardado el número de Noon para que quienquiera que le viese hablando con ella pensase que se trataba de alguien de Los Búhos.
–Si.– Dijo Aro mirando el móvil.– Me pregunta donde coño estoy y me recuerda que llego tarde.
–Puedes irte si quieres. Ya nos encargamos nosotros de terminar aquí.– Le dijo Bri.
–¿De verdad?
–Claro. Podemos de sobra con un chico inconsciente, y si no, también tenemos a Athlas.– Dijo Airyn.
–Muy graciosas chicas.– Dijo él mientras las chicas se reían.
–¿En serio no os importa que me vaya?
–¿Cuando nos ha importado?– Bri le sonrió.
–Tenemos a un chaval inconsciente en el maletero de uno de nuestros coches.
–Y no queremos hacer enfadar a Los Búhos.– Athlas se cruzó de brazos.– Anda, vete. Nadie hablara con él hasta que llegues mañana.
–Vale. Pues nos vemos mañana.
Aro salió de allí, se cambió donde siempre y fue directo a casa lo más rápido que pudo. Con todo el lío de lo de Keyer sabía de sobra que sus padres ya estarían en casa y que Noon estaría un poco de los nervios porque él aún no estaba en casa.
–Hola.– Dijo entrando en casa.
–Ícaro, cielo, ¿dónde estabas?– Le preguntó su madre.
–Siento llegar tarde.– Le dió un beso en la mejilla a su madre.– Me he entretenido con un amigo y me he despistado. Hola papá.– Dijo al ver a su padre aparecer por el pasillo.
–Eh, por fin llegas.
–Si, lo sé. Créeme, yo también estaba deseando llegar a casa. ¿Y Noon?
–En su cuarto.– Dijo su madre.– Dentro de nada estará la cena lista, vete avisandola.
–Voy.– Dijo yendo hacia el cuarto de Noon.
Tocó un par de veces la puerta de una forma muy característica para que ella supiera quien era y después entró y cerró la puerta.
–Ya estoy aquí.– Dijo y Noon se levantó como un rayo hasta él.
–¡Ya era hora!
–¿Estabas preocupada?– Dijo con una sonrisa.
–Pues claro que si, idiota.– Noon le dió un toque en el brazo.– ¿Dónde diablos estabas?
–Prométeme que no te vas a enfadar.
–Empiezas mal.
–He secuestrado a Keyer Uriel.
–¿¡Qué!?– Noon levantó un poco la voz.– ¿¡Te has vuelto loco!?
–¡Sshhh!– Le dijo Ícaro tapándole la boca para que no gritase.– Te he dicho que no te enfades.
–¿Pero que mosca te ha picado?– Noon le apartó de ella.– ¿Por qué lo has hecho?
–Keyer sabe como mínimo para que tanta ansia en encontrar a Enis, y pienso sonsacarselo.
–Ícaro si te pillan...
–Pero no me van a pillar.– Dijo cogiendo a Noon de las manos y mirándola a los ojos.– Por favor, ahora más que nunca necesito que me apoyes. La partida acaba de empezar y nosotros somos los jugadores.
–Ícaro me pides un imposible. Si te hicieran algo yo... no lo soportaría.
–Estaré bien. Confía en mi.
Ambos se quedaron en silencio mirándose a los ojos y cogiéndose de las manos mientras sentían que entre ambos, el aire empezaba a acabarse y la tensión subía a cada segundo hasta que escucharon a su madre llamarles para cenar. Entonces ambos volvieron al mundo real, se soltaron las manos y se alejaron el uno del otro para que aquella tensión que se había creado en un momento desapareciese.
–Intentaré hacerme todo lo sorprendida y preocupada posible cuando la noticia se sepa.– Dijo Noon frotándose el cuello.– Pero tienes que contarme hasta la última coma de tu plan.
–Prometido.
–Bien. Y ahora vamos, nos estarán esperando.– Dijo Noon saliendo de su cuarto seguida de Ícaro.
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Blue
Fiksi IlmiahUna sociedad dividida por una valla de muros enormes. Una distopia donde a un lado la gente vive la vida plenamente, disfruta y tiene dinero suficiente como para malgastarlo. Al otro lado la gente se conforma con sobrevivir. El gobiernos controla a...
