20. Decoración I

916 38 1
                                        

Ginebra dormía plácidamente mientras yo creaba dibujos en mi imaginación a partir de las pecas de su espalda. Sin embargo, mis invitados comienzan a despertarse por lo que no me queda más remedio que atenderlos ya que Lara está demasiado ocupada con Lavender. Mientras me duchaba, mi mente no cesaba de imaginar distintos castigos para Anthony. Sé que no puede evitar ser cómo es, tengo muy claro que la chica le dio pie e incluso tuvo varias oportunidades para escapar que desaprovechó, pero precisamente es inocente y por tanto no puede reconocer al ser más vil que existe sobre la faz de la tierra, porque su dulce mente no es capaz de reconocerlo como un demonio. Por desgracia mi viva y creativa imaginación no pudo encontrar un castigo que ese maldito engendro no vaya a terminar disfrutando de algún modo. Quizás no me quede más remedio que recurrir al clásico empalamiento. Lástima.

Draco y Hermione dormían tranquilos y ajenos a todo lo ocurrido en su cuarto, ahora sé que ella no se asustará si despierta antes que él. Una vez en el primer piso me encontré con Harry que salía de su cuarto, se ruborizó de inmediato al verme, supongo que piensa que no sé que ha dormido con Cat y Feli, pobre ingenuo.

- Buenos días, Harry. – Saludé con educación y una sonrisa.

- Buenos días, Lucian. – Respondió terminando de cerrar la puerta.

- Me sorprende verte despierto, creí que Cat y Feli te habrían agotado hasta la extenuación. – Comenté mientras bajaba. – Creo que Lameth volverá pronto, puede que necesites un poco de su reconstituyente. Mientras tanto puedo ofrecerte un desayuno.

- Pero… no entiendo. – Balbuceó mientras me seguía. – Yo… siento mucho…

- No lo sientas, Harry. Mis sobrinas pocas veces duermen en sus habitaciones cuando están conmigo. – Le expliqué sonriente.

- Entonces… ¿No se enfada? – Preguntó cuando llegamos a la cocina.

- En absoluto. Es más, me alegro de que hayan pasado la noche contigo. – Comenzando a prepararle el café. – Así no has tenido que dormir solo.

- Ah. – Estuvo callado un rato y luego volvió a empezar. – Pero… es que sigo sin entenderlo. ¿De verdad no le importa que haya pasado la noche con dos de sus sobrinas? – Intentaba poner en orden sus pensamientos.

- No. - Cogiendo una taza y el cacao, poniéndoselos delante. – Toma algo, anda. – Sentándome frente a él. - ¿Cómo te lo explico? Mis sobrinas son totalmente libres de acostarse con quien quieran, tantas veces como quieran y cuando quieran… a partir del momento en que vienen a mi casa por primera vez.

- Eso es ser… muy abierto de mente, ¿no cree? – Mirándome con suspicacia.

- No soy celoso con mis sobrinas, Harry. No te voy a torturar de ninguna manera, sobre todo cuando fueron ellas las que te sedujeron. – Guiñándole un ojo.

- ¿Cómo sabe que no fui yo quien…?  - Preguntó sonrojado hasta el inicio de su cabello.

- Harry… no te ofendas, pero no eres un Don Juan, sino que más bien eres un chico tímido. El que estuvieses tan abochornado al encontrarme en el descansillo, tampoco ayuda a que crea que estás hecho un Casanova. Cuando mis sobrinas se proponen un objetivo… son persistentes y tenaces, utilizarán todas las artes que han aprendido, tanto las sutiles como las descaradas… - Riéndome ligeramente – Lo raro sería que no hubieses terminado en la cama con alguna en cuanto te las presenté. – Sirviéndome una taza de café recién hecho.

Entre las sombrasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora