La mañana se presentaba tranquila. Cuando las chicas se fueron con Isa al jardín, me dejé convencer por los chicos para traer las escobas y unas pelotas de Quidditch. Fue divertido volver a jugar, aunque fuese a baja altura a causa de los vecinos. Sin embargo, Lameth y yo los dejamos asombrados por la rapidez con la que nos lanzábamos el quaffle. Ni siquiera Harry, con su vista entrenada de buscador, podía ver la enorme pelota roja.
Cuando llegó Julia temí que el castigo de Anthony hubiese terminado demasiado pronto, pero ella me tranquilizó, Lucian no iba a perder su oportunidad de hacerle pagar sus ofensas. Tony debería saber que no es bueno acostarte con las doncellas del dominio de un señor de la guerra. En un principio me apené por Jules, la pobre había estado durante todo este tiempo encerrada con Tony en su casa, teniendo que castigarlo por responder a su naturaleza. Sentí incluso compasión hacia ella, parecía tan desvalida con su mirada perdida.
No podía imaginar que todo aquello no era más que una de sus interpretaciones, y no una de las mejores, pues pronto dejó caer la máscara. Vi en sus ojos el deseo cuando interrumpí el abrazo que le estaba dando en la cocina, el mismo lugar en que Tony había llevado a cabo idéntico juego con Lavender. Me enfadé conmigo mismo por haber caído en su trampa y no fui lo suficientemente rápido para escapar de ella. Me arrinconó contra los armarios, tentándome de un modo exquisito, dejando que emanase de ella ese perfume fascinante e invitador mientras jugaba con mis labios. Por un instante me dejé llevar por esa voz aterciopelada, la besé. Su sabor era tan delicioso como una fruta prohibida, sus brazos se enroscaban a mi alrededor como serpientes embaucadoras.
Recuperé una vez más mi dominio sobre mí mismo y la rechacé. Mentí… me mentí a mí mismo y a ella, diciéndole que había prometido a Hermione que sólo estaría con ella. ¡Cómo me arrepentía en ese trance de que no fuese cierto! Pues la verdadera promesa me ataría todavía más a la bruja y me daría fuerzas para resistir los intentos de Julia por hacerme caer en sus brazos. Volvió a cortarme el paso y su aroma atrayente me impidió moverme. Con mis manos en sus caderas, resistí el impulso de acercarla a mí, tomarla sobre la misma mesa en que su marido cometió su crimen. Mi mente intentaba luchar contra todas las imágenes que se vertían en ella, pero sólo conseguí idear un burdo plan: Ofrecerle otra víctima, una que no fuese yo. En ese momento sólo pude pensar en uno que pudiese llegar a satisfacerle, Potter. Sigue siendo un chico joven e inocente, ella podría enseñarle cientos de cosas escandalosas, todas las que quisiese, aunque lo drenase por completo. No me importaba darle lo que fuese con tal de que me dejase marchar.
Pero no es tan fácil eludirla, en cuanto salimos de la cocina, en lugar de subir las escaleras me arrastró hasta su habitación. El único dormitorio al que no había entrado jamás y el más alejado de la casa. Sentí la opresora sensación de adentrarme una vez más en la cueva del dragón y la única que podía salvarme estaba a pocos metros sobre mí, en el jardín. Buena muestra de lo ansiosa que se encontraba Julia era que había dejado de ocultar su magia. Sabía que lo estaba haciendo para que no pudiese resistirme mucho más, pues su piel exudaba magia por cada poro, atrayéndome a ella, tirando de la bestia dentro de mí, haciéndome imposible el domarla. Mi último recurso fue el más burdo de todos, rogar por mi libertad. Pero su negro corazón no iba a darme esa salida.
- No estoy haciendo nada...- desabrochando los botones de mi camisa con la velocidad de la anticipación -... que tú no desees...- empujándome hacia la cama, sabiéndome perdido por completo - Tu novia arriba... y mi esposo en algún lugar...- sentándose a horcajadas sobre mí, sonriendo al sentir mis manos subir por sus piernas -...observándolo todo...- inclinándose para devorar mi boca que ahora también sube para buscarla -...el castigo perfecto…
Ya no pude detenerla o frenarme. Me rendí ante sus besos y labios, sus uñas que me arañaban y me hacían sentir algo más que ligeras caricias, sus colmillos atravesando mis labios, saboreando mi sangre una vez más. Danzamos sobre la cama, no como amantes sino como bestias, pues ella no deseaba que me contuviese como siempre he de hacer con Hermione, sino que podía dejar salir mi fuerza. Quería que dejase salir absolutamente todo lo que mi cuerpo pudiera ofrecerle. Luchamos por ser el primero en arrancarle al otro un jadeo de placer, fui el primero en obtenerlo al morder su cuello y dejar manar su sangre cargada de magia hacia mi garganta. Acarició mi cabello antes de tirar de mí para apartarme y tomar de mis labios lo que acababa de robarle, su mandíbula se movió contra la mía, voraz y exigente, sin detener el movimiento de su cuerpo contra el mío.
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Entre las sombras
RomansDraco sufre un grave accidente y su única manera de salvarse es convertirse en un vampiro, de todos modos desea regresar a Hogwarts y terminar su último curso... pero lo va a tener muy difícil.
