Es el primer día de las vacaciones de navidad y vamos a pasarlas en la casa de Lucian en Londres. Puede ser desde una catástrofe a un éxito rotundo. Mi ánimo comienza a cambiar en cuanto ayudo a Hermione a llenar su baúl. Me recorre una sensación de calidez el saber que pronto estaré en casa, rodeado de mi familia. Seguro que Lucian y Lara lo tienen todo dispuesto para alojar a los magos como es debido, siempre tan metódicos en todo lo que hacen. Observo a Hermione guardando su ropa para los pocos días que pasaremos y me doy cuenta de que su guardarropa es limitado, estoy tan acostumbrado a los grandes vestidores de las mujeres de mi casa que, hasta el momento, no me había parado a pensar que Hermione no se parece en nada a ellas.
- Hermione. – Acercándole varios libros que no le daré tiempo de leer – Ya que vamos a Londres, podríamos dedicar un día a ir de compras. ¿Te apetece? – Sonreí pensando en lo bien que lo pasaría viéndola probarse infinidad de vestidos para mí.
- ¿De compras? – Tomó los libros y los guardó en el centro del baúl, para compensar el peso. – Vale, necesito plumas nuevas y no me vendría mal algo de pergamino…
- No, Hermione, de compras por Londres, no por Diagon Alley. – Cerré el baúl y me senté sobre él, acercándola a mí para besarla – ¿Querrías comprar vestidos, joyas, lencería? – Enarcando las cejas con intención mientras acariciaba sus labios con mi lengua.
- ¿En serio quieres llevarme a comprar ropa? – Sentándose a horcajadas sobre mí, apoyando las rodillas en el baúl.
- Sería divertido. – Incapaz de borrar la sonrisa de mi rostro. – Por favor. – Descendiendo con mis besos mientras la acomodaba mejor en mi regazo.
- Estás loco. No necesito ropa, tengo suficiente. – Riéndose mientras subía con mis manos por sus costados.
- He roto algunas prendas, creo que debería compensarte. – Descendiendo con un dedo por su blusa y rompiendo el botón. - ¿Ves? Necesitas una blusa nueva. – Asiendo su cuello para besarla con más fuerza.
- Draco… - Jadeó contra mi boca. – Haz lo que quieras… - No queriendo gastar su aliento en discutir conmigo.
Cada vez que estoy con ella me siento totalmente vivo. Es como si esa manera que tiene de intentar llevar las riendas de todo lo que hace sea un reto constante para mí. Quiero verla feliz y sé que no lo será en una maratón de compras, pero deseo ver su cuerpo cubierto de sedas, gasas y encajes. No debería tocar su piel nada más que telas suaves y delicadas, para poder disfrutar del placer de desgarrarlas como el envoltorio de un precioso regalo. Pues ella es aquello que deseo cada día de mi vida, su cuerpo, su risa, su sangre y su mente, son todo lo que puedo llegar a desear por el resto de la eternidad.
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Cuando llegamos a la casa y empezamos a bajarnos de la limusina, lo primero que deseaba hacer era entrar y saludar a todos los antiguos que llevaba presintiendo desde que puse un pie en la estación. Isabel también tenía esa sensación recorriendo su nuca, nunca había estado tanto tiempo alejado de ellos por lo que me parecía curioso el sentir una advertencia de peligro en mi cuerpo, causada por aquellos a los que consideraba mi familia.
Nada más abrir la puerta aparecieron Julia y Lara para recibirme, las tomé en brazos y besé sus mejillas con verdadero entusiasmo, estar entre sus brazos era haber vuelto a casa. No tendría que contenerme tanto con ellas pues no les haría daño, sus cuerpos no cederían a mis abrazos. Las muy perversas intentaban hacerse con mis besos, pero las esquivé con facilidad antes de posarlas nuevamente en el suelo. Regalándoles una amplia sonrisa antes de entrar en el salón. Abracé a Lucian fugazmente pues a él ya lo he visto durante estos meses, pero echaba tanto de menos a Lameth que no me di cuenta del tiempo que tardaba en separarme de sus brazos.
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Entre las sombras
Storie d'AmoreDraco sufre un grave accidente y su única manera de salvarse es convertirse en un vampiro, de todos modos desea regresar a Hogwarts y terminar su último curso... pero lo va a tener muy difícil.
