24. Navidad I

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Al fin es la mañana de Navidad. Lara y yo nos hemos despertado temprano para prepararles el desayuno a los chicos y tenerlo todo listo en el salón para cuando empiecen a despertarse. Será divertido ver sus caras al abrir los regalos que descansan bajo el árbol. El primero en llegar, por supuesto, es Draco, al menos se ha puesto un pantalón antes de bajar. Aún recuerdo cuando lo encontré la primera Navidad, sólo recordó que estaba desnudo cuando Tony se puso a hacerle carantoñas. Lleva a Hermione en brazos, envuelta en su bata de seda, que protesta porque la ha despertado, pero pronto la calla con un beso, posándola en el suelo frente al árbol.

- Buenos días, Hermione. – Le dice Lara ofreciéndole una taza de café.

- Buenos días, Lara. ¡Café! – Tomándolo como si le fuese la vida en ello. – Dime una cosa, ¿siempre es así? – Señalando con un movimiento de la cabeza al vampiro que estaba rebuscando entre los paquetes.

- ¡Qué va! – Le contesté divertido. – Se está conteniendo. – Hermione puso los ojos en blanco.

- ¡Aquí está! – Sacando una caja pequeña de debajo de todos los paquetes, se volvió a Hermione. - ¡Feliz Navidad!

- Gracias, cariño. – Ella le sonrió y lo besó, comenzaba a dejarse contagiar por su entusiasmo. - ¿Qué será? – Abriendo el paquete con cuidado.

Descansando en terciopelo estaba una ampolla con la sangre de Draco, daba la impresión de ser una gema en forma de lágrima, engarzada en plata, con una cadena haciendo juego. Hermione la acarició con un dedo, comprendiendo que la sangre de él era un bien muy preciado, la lágrima representaba todo lo que él había sufrido y que no deseaba que ella pasase. Esas gotas de sangre le proporcionarían protección allí donde fuese, además de marcarla como lo más preciado en este mundo para él. Lo que quizás Hermione no podría apreciar en el colgante o en su engarce, era que lo había hecho Draco con sus propias manos, por la delicadeza de su contenido y como un entrenamiento más. Le pidió que se lo pusiese de inmediato y, en cuanto lo tuvo alrededor de su cuello, le besó de un modo enternecedor.

- Mi regalo no es nada en comparación, Draco. – Se disculpó ella cuando se agachó y tomó con esfuerzo un gran paquete de entre todos los demás. – Me costó mucho encontrarlo… - guiñándole un ojo divertida – Aunque Isabel me ayudó un poco. ¡Feliz Navidad!

- ¿Qué demonios se os habrá ocurrido a vosotras dos?

Desgarró el papel con rapidez y encontró un estuche de madera, cuando lo abrió pudimos apreciar un hacha de batalla del siglo XII con el escudo de armas de los Malfoy grabado en la empuñadura. Era evidente que Hermione se había informado de la historia de su familia, descubierto todo el pasado bélico que habían protagonizado y había usado los múltiples contactos de Isabel para conseguir una muestra de ese pasado. Draco la observó con verdadera admiración, se contuvo de sacarla de la caja pues sabía que tendría que esperar para poder estrenarla. Dejó el estuche con cuidado en el suelo y tomó a Hermione de la cintura para besarla con deleite.

Fue entonces cuando empezaron a llegar todos los demás, la mañana de Navidad se adivinaba divertida al ver los nervios de todos para ver las reacciones ante sus presentes. Los regalos que se hicieron los magos todos tenían algo que ver con su mundo. Harry tenía una escoba nueva para Ron, Lavender recibió un pintalabios mágico que cambiaba de color, Pansy un libro de maldiciones, Blaise disfrutó comiendo ranas de chocolate que intentaban escaparse de la caja, Neville tenía un nuevo volumen de herbología, igual que Luna un compendio de monstruos legendarios.

Nuestros regalos reflejaban ante todo nuestra manera de ser, todos eran bromas que muchos no entenderían. Por ejemplo, a Lara y a mí nos regalaron un espejo con un precioso marco renacentista, a Julia le regalamos un juego de té de porcelana, Isabel estuvo encantada con el juego de Shuriken nuevo, a Draco le regalamos un chupete, como todos los años, por ser el más joven de nosotros. Puede que no entendiesen que Lameth recibiese encantado una calavera o que le regalásemos a Tony un simple bastón, pero eran historias demasiado largas de contar.

Entre las sombrasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora