Capítulo 38

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"Cuando la mente se rompe"

—¡¿En qué está pensando ese estúpido?! 

—No está pensando, es evidente. 

Harry, preocupado por escuchar a su profesor y al señor Regulus discutiendo (aunque aparentemente sobre una tercera persona), no se atrevió a bajar las escaleras por completo, y se quedó a la mitad, completamente estático. 

—Escapar de Azkaban... Es decir, se entiende que no quiera estar ahí... pero, por Merlín...

—Ese chucho... ¿qué está planeando hacer? ¿Por qué ahora?

—Ojalá lo supiera, Severus. Nunca entendí bien a Sirius. 

Nervioso, y sin saber si debía hacer notar su presencia o retroceder, Harry solo se quedó allí, esperando tal vez que pase la hora del desayuno y ellos salieran del comedor... o que Kreacher los interrumpiera, o lo que fuera. 

Ya no gritaban, así que no alcanzaba a escuchar bien lo que decían... pero había entendido que alguien escapó de Azkaban. Se estremeció ante la idea; bien, él no sabía nada del mundo mágico, pero gracias a Theo conocía algunas cosas, y entre las que había aprendido, estaba ese nombre. 

Por lo que sabía, Azkaban era un prisión mágica, la más terrible de todas, de hecho. Sabía que eran unas criaturas tenebrosas las que cuidaban la prisión, los dementores; y aunque no estaba seguro de lo que hacían, estaba seguro de que debían ser horribles como hacer de ese lugar una puerta al infierno en vida. 

Frunció el ceño, ellos habían sonado enojados, pero no preocupados porque un criminal peligroso haya escapado... Más bien parecían molestos por la imprudencia de... quién sea la persona de la que hablaban. 

¿Qué sucede?— escuchó silbar a Caezar desde el interior de su camisa. 

Caezar, o bien, Zar, era el pequeño basilisco que había nacido el día de su cumpleaños. Luego de un muy largo rato de conversación, habían llegado al acuerdo, no solo de su nombre, sino de cómo vivirían. 

Harry aún no se atrevía a decirle al profesor Snape o al señor Regulus acerca de Zar, por lo que le pidió mantenerse oculto de todos, al menos hasta que él considerara que era buena idea hacer saber de su presencia. Así que, de momento, los únicos que sabían sobre el basilisco eran él, el propio Zar... y, claro, Hedwig. Harry no pretendía arriesgarse a que su lechuza tratara de atrapar a su serpiente, además, no sentía justo que ella no se enterara. 

Solo Harry podría pensar acerca de si era justo o no que una lechuza no se enterara de algo.

 —Parece que están hablando de algo importante— le siseó en respuesta. Algo bueno, ahora que hablaba más que Zar, dominaba mejor el parsel. —Quizá deba volver más tarde...

Escuchó entonces una silla moverse, y Harry pensó que finalmente había terminado la hora del desayuno. Cuando se disponía a volver a subir, pensando que solo esperaría a la hora del almuerzo para comer algo, la voz del profesor Snape lo detuvo. 

Con la voz firme, pero lejos de sonar molesto con él, le dijo que baje a desayunar. Harry no pudo evitar sentir un deje de curiosidad por lo que hablaban, pero, como siempre, no preguntaría. 

Podía haber pasado más de un mes desde que llegó, y aunque Harry estaba más cómodo en Prince Manor y ya no tenía tanto miedo como cuando llegó, su comportamiento seguía siendo el mismo: no preguntar, no molestar, no pedir nada, no hablar a menos que alguien se dirija a él. 

Aún así, él consideraba ese lugar como uno de los mejores en los que había estado, junto a Hogwarts y La Madriguera, a él le encantaba. 

No había gritos, no había golpes, tampoco lo obligaban a hacer nada que no quisiera, y aún así podía tener todas las comidas del día. Podía escribirle a sus amigos, hacer sus tareas tranquilo, leer y practicar magia todo lo que quisiera, y el profesor Snape le había dejado trabajar con él en el jardín donde tenía algunos de los ingredientes de pociones que tenía... ¡Incluso podía volar con su escoba! Al señor Regulus parecía gustarle explicarle jugadas de quidditch y estrategias que podía usar como buscador, y Harry adoraba tener a alguien que había jugado en su misma posición y podía enseñarle. 

InsecurityDonde viven las historias. Descúbrelo ahora