—¿Es hermoso?
—Muy hermoso.
Ella sonrió ante mi respuesta. Yo adoraba cuando ella sonreía, se podría decir que era fácil hacerlo, Layi siempre tuvo una sonrisa fácil, y no porque lo hiciera con cualquier persona, sino porque cualquier pequeño placer de la vida, le parecía a ella lo más perfecto y único.
—Yo también quisiera eso, — me dijo ella, — tener un trabajo que me guste, una linda casa, y alguien que me ame.
—Ya te amo, boba.
—No hablo de esa clase de amor, Kena. — Se levantó de la almohada que olía a ella. Estar cerca de Layi era como oler un jardín repleto de flores, gardenias para ser específica.
—¿De clase hablas entonces?
—De la que te dan un anillo y te prometen amarte hasta la muerte.
Reí. Desde que comencé a salir contigo, desde que nos hicimos pareja, hasta el anillo que me entregaste diciéndome que esperarías lo que yo te pidiera, Layi no ha dejado de preguntar sobre el amor. Mucho antes de que tú llegaras, yo comencé a tener una leve idea de que Layi estaba enamorada, no sabía muy bien de quién, cómo y cuándo, pero, una vez le conté de ti, el rubor en sus mejillas fue tal, que comprendí estar en lo correcto. Mi hermana estaba enamorada, eso me alegró, pero creo que no debí pasar por alto el hecho de lo que me dijo después.
—No sé su nombre. — Me dijo en un todo triste, mordiendo sus rojos labios y mirando el anillo que colgaba de mi mano. — Pero lo he visto desde hace mucho.
—¿Él no se ha acercado?
—No, para nada. No creo que siquiera sepa que existo.
Había demasiada tristeza en su voz, una tristeza que carraspeó en mi garganta como si fuera mi propio sentimiento. La abuela decía que más que ser gemelas idénticas, parecíamos un alma protegida en dos cuerpos, sí, dos cuerpos porque el alma era tan grande y hermosa, que solo uno no bastaría. Layi amaba esa historia, la abuela siempre nos hacía dormir con cuentos inventados, cuentos que estoy muy segura que mi hermana extrañaba escuchar.
—¿Y cómo estás tan segura de eso?
—E-es dos años mayor que yo, va en la misma escuela y casi no nos cruzamos ni en los pasillos.
—Pues entonces es ciego.
Ambas reímos.
Layi era hermosa, y nunca dije eso solo porque era mi hermana, sino porque en verdad, Layi era hermosa. Sus ojos, tan grises, como una extensión pequeña de cielo que me miraba con sueños y alegrías; su alma, tan suave, pura, elástica; su corazón, tan enorme para su pequeño cuerpo, sus sentimientos, incluso este del que ahora me enteraba.
—¿Crees que alguien podría ser feliz conmigo, Kena?
Yo era feliz con ella, y el hecho de que esa fuera su pregunta, me robó un suspiro.
—Mamá y papá fueron feliz contigo, eras su pequeña favorita. — Le dije apretando su nariz, recordando a nuestros padres correr detrás de Layi cuando esta se embarraba de mezcla de pastel. — La abuela es feliz contigo, pero, principalmente, yo lo soy, lo fui y lo seré siempre.
Me acomodé para estar a la misma altura y en gesto, vi cómo el verde de mi mirada, se mezclaba con el gris de la suya. Un eclipse antinatural.
—Y sé que quien sea que tenga la dicha de ser el amor de tu vida, también será feliz.
Layi hizo un puchero y se sentó conta parad, dejando que la sombra de mi habitación y lo nublado del día, crearan de ella, una imagen para ser pintada.
ESTÁS LEYENDO
Seis
Mystery / ThrillerX, J, G, D, Y, T. Las iniciales de las seis personas que le hicieron lo imperdonable. Los nombres de las personas que deben pagar por lo que le han hecho. Nadie los culpó, porque nunca nadie se enteró del crimen que cometieron contra Layi BerryCl...
