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Tercera carta, 


Hoy fue un día feliz. Por alguna razón, el aire se sentía más fresco que los días anteriores, los pastelitos de arroz que traía conmigo, seguían tibios y con el dulce condensado en ellos a la hora de almuerzo; en la salida, vi a un precioso niño con una niña igual de bella pero menor a él, supuse que eran hermanos. Él, le daba de comer pequeñas bolitas de algodón que la niña recibía con gusto, mientras, la que imaginé era su madre, terminaba de comprar el pan en la misma panadería en la que estaba yo. 

El sol entrando por las ventanas del lugar, el olor a pan recién horneado, un leve deguste de talco de bebé y el que siempre ha sido mi perfume. 

Siempre he amado esa panadería, con sus flores, sus marcos de madera, la campanita de puerta, la linda y simpática chica que la atendía, parecía salida de un cuento de hadas, de aquellos que yo leía con entusiasmo, tan solo esperando que algún día, esos bellos colores, me encontraran en el camino de mi corta vida. 

Llevé cuatro empanadas de manjar, una tartaleta de frutas, un éclair de caramelo y otro de chocolate, y por supuesto, no podía olvidar sus favoritas. Galletitas de almendra. 

Ahora me siento reventar. Cada vez que me siento feliz, como pan, en su mayoría dulce, y usualmente siempre lo como con una crema soda que si bien, muchos dicen que es asquerosa y que no se debería beber así, puedo decir que sería lo único y lo último que me encantaría comer de por vida, hasta el resto de mis días.

Siendo algo tarde, te escribo estas palabras imaginando cómo habrá sido tu día. Te veías un poco más animado, espero que hayas descansado o que hayas recibido grandes noticias que te hayan hecho sentir así. O mejor aún, que ambas te hayan ocurrido. 

Justo antes de sentarme a escribir, estuve escuchando algo de música mientras estaba tendida en el porche de mi casa, todo iba bien con la vieja radio que me niego a tirar, pero luego, llegó la lluvia y la música quedó sumergida en ella, entonces lo vi. El día perfecto, para mis perfectas emociones, mis perfectos sentimientos.

No importa lo que otros puedan decirme, al menos, no importa mucho, me gusta sentirme de la forma en la que me siento, en las nubes, lejos de todo, con las voces del resto intentando alcanzarme y decirme que no vaya tan profundo, puesto que no sé qué es lo que hallaré ahí. 

Pues ¿Qué he de hallar sino mis sentimientos hechos partículas? Mi cuerpo entero siendo ceniza que el viento elevaba en la gravedad de mi sacrificio. 

Lo que ellos miran como mi caída, yo lo abrazo como mi punto más alto en la vida. 

Es lo que el amor te hace ¿No es así?

Eso es lo que dicen. 

Y yo estoy enamorada de la vida, estoy enamorada de este día, estoy enamorada de cómo el blanco sol se despide de mí luego de pasar un tiempo juntos, estoy enamorada de cómo las nubes y la lluvia llegaron como invitadas a nuestra pequeña reunión y platicaron conmigo y con el sol. 

Estoy enamorada del pan que comí y que comieron conmigo. 

Estoy enamorada de esta carta que te escribo.

Como estoy enamorada de quien la recibe. 

Pero nunca las recibirás. Lo he pensado mejor y no me creo lo suficientemente valiente como para entregarte esto en algún punto de la vida, y por vida, no digo que me atrevería a hacerlo si sé que estás con tu vida hecha con alguien más, sino más bien, me refiero, a que no me veo a mi misma regalándote estas emociones escritas, así como no te veo a ti abriéndolas y apreciándolas, lo cual está bien, yo solo quiero que el mundo se entere. 

Y al hablarlo hasta con los árboles que me rodean, creo que el mundo ya lo sabe. 

¿Te dirán algo ellos?  ¿Te dirá algo el mundo sobre lo que siento? 

Si han de hacerlo, que por favor lo hagan cuando yo pueda respirar sin miedo a tambalearme de tus dedos. 

Deseo que tú hayas tenido un feliz día también. 

Me llaman, al parecer algo más se está horneando en la cocina de mi casa y huele delicioso. Me han vuelto a llamar y sonrió tratando de hacer mi letra comprensible mientras respondo al grito que hizo a las flores reír. 

Gracias por hacerme sentir cosas bellas.




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