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—¿Qué es lo que ve? 

—Petróleo. 

—¿Qué más ve? 

—E-el petróleo va como caminos perdidos, telarañas y enredaderas que terminan en alguna parte, n-no puedo ver h-hacia dónde. 

—Siga intentándolo, encuentre el comienzo.

—Sigo vomitando, incontables pétalos blancos salen de mí, no puedo cerrar los ojos, no puedo moverme, no puedo girar sobre mí.

—¿De qué tipo de flor cree que son los pétalos? 

—No lo sé, no lo sé ¡Son demasiado blancos! ¡No me dejan ver por su luz! 

—¿Hay luz? ¿De dónde viene la luz? 

—De los pétalos, l-los pétalos flotan sobre el petróleo y sobre la sangre espesa, son muchos, son t-tantos y forman cortinas, no, paredes, hacen paredes alrededor de mí, y-yo... yo conozco este lugar. 

—¿Dónde es? 

—E-es casa abandonada, vieja, y-yo la he estado ahí. 

—¿Qué es lo que reconoce de esa casa? 

—El crujido de las gradas, el golpe de los muebles siendo tirados, el sonido de algo distinto, más liviano y... golpes. 

—¿Qué clase de golpes? 

Estaba de frente a la escena más oscura que sus ojos atendieron cuando sus manos habían terminado de crearla, estaba fuera de su cuerpo, mirándose junto a los otros. Polvo, lluvia, risas, gritos, sonido de tela rasgándose. Los golpes que escuchaba, eran los de sus puños estrellándose al cuerpo de la chica. 

No estaban en el cuarto blanco de sus sueños, estaban en la casa donde había pasado todo. 

Y Jozef se estaba viendo así mismo encima de la chica, cuyo cabello estaba embarrado en sangre y rociado de pétalos. 

No era petróleo, era el cabello de ella.

Él la estaba golpeando, estaba estrellando su cabeza contra la madera del piso, estaba tirando de su blusa haciendo que varios botones salieron volando, estaba riendo y estaba excitado. 

—¿Qué es lo que? 

—Y-yo...

—¿Qué, qué fue lo que te hice?

 Escuchó su voz. 

—Jozef ¿qué fue lo que te hice? 

En su visión, en su llanto, la chica lo estaba viendo a él, se estaba dirigiendo a él por lo que el otro estaba haciéndole, por lo que él otro estaba infringiéndole. 

—P-por favor, por fa-vor, Jozef, dime.

Seguía sin poder cerrar sus ojos, seguía sin poder moverse y de nuevo, estaba vomitando. Los pétalos, habían sido sustituidos por tierra, el mismo lodo que por su vivo recuerdo, era el mismo de aquella noche. 

—Para, por favor, para, h-haré lo que me pidas. 

—Dame una buena mamada. 

—No, no, por favor ¿P-por qué? 

Recordó el sabor de su inexperiencia en sus labios, recordó el temblor de su cuerpo por el frío, recordó el peso que había ganado por lo empapada que estaba, recordó el sonido de su uñas tratando de aferrarse a algo para mantenerse de pie, recordó sus inútiles intentos de ponerse de pie y de cubrir su desnudez, recordó la forma en la que los miró a todos, recordó lo que le había dicho en ese momento.

SeisDonde viven las historias. Descúbrelo ahora