48

1K 89 16
                                        

2017,

Noche del atentado,


—Oiga no mueven la maldita luz, trato de leer.

—¿Crees que este es el mejor momento para leer?

—Encontré esto en las cosas de la chica, grandísimo idiota. — Habló Jozef, riendo con asombro mientras seguía leyendo. — Maldita sea, parece que no nos estamos metiendo con cualquier persona.

—Déjame ver. 

-Según este informe ha sido transferida a las mejores escuelas del país como de otros países como Rusia, Filadelfia, Australia y Japón, lo que hace que directamente sepa diversos idiomas. Proviene de una buena familia, una que podría incluso pagar la colegiatura de todos nosotros y de nuestros hermanos. Está bajo el cargo de su abuela materna aunque no se mantiene una relación fija entre ellas.

—¿Qué carajos hace con esos documentos en su bolsa? 

—Transferencia para el 2018, esta perra estaba apunto de escapársenos. — Leyó Xavier al lado de Jozef. 

—Imagina esa situación, gatita. — Yves se había acercado a la chica que ahora estaba sentada contra la pared de la casa abandonada que Grey había preparado para la noche y a la que Layi había entrado como si fuera acto de fortuna. — Habrías escapado de la lección que te correspondía y eso no podemos permitírnoslo, solo mira ¡Cuántos vinieron por ti! 

Yves extendía sus manos como un dios, señalando al resto de sus amigos que habían llegado para cumplir su orden y por provecho, sus deseos. 

—El proceso de transferencia habría empezado en menos de un mes, considerémonos afortunados muchachos. — Grey estaba de jubilo, no podía creer que en verdad había caído todo en su lugar.  

—No, no, p-por favor, déjame, no lo hagas.

Yves terminó de acercarse y chocó su lengua sucia lengua a los labios de esta, lamiendo la sangre y sintiendo el frío sabor de la misma bajo un aroma propio que lo estaba intoxicando. 



༺♰༻



2017,

Dos meses antes del atentado,


Trevor nunca había imagino, antes de hoy, lo mucho que el vuelo de una falda podía hacer a su paso, entre brincos, giros y trotes de vista frágil que adornaban toda una escenografía completamente desconocida para él.

La forma en la que aquellos delgados dedos completamente delicados y de vista suave, enredaban historias en y con el aire, como si nada fuera como es, lo habían hipnotizado. Como si aquella pequeña criatura deseara sacarlo de ahí, y llevarlo a un mágico y distante bosque en una tierra prometida, hacia donde la miel y la leche nacen de las nubes, hacia donde el llanto de los cocodrilos perfuma los frutos, donde las aves hablan, los troncos roncar y el agua canta. A ese extraño y único lugar que solo respondía a la mente de aquella que parecía y se movía como una bailarina, invitándolo a él a ver cuanto pudiera y deseara, como si solo fueran ellos dos, él y aquella chica hecha de cristal.

En las sombras que sobre vestían su nativa oscuridad, en la distancia del teatro de la escuela, podía volver a ver a la chica de cristal, cuya vergüenza no existía como para no pedir tomado el escenario y la grabadora, dando un espectáculo para uno solo, bien, sin que ella lo supiera.

SeisDonde viven las historias. Descúbrelo ahora