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La forma en la que el aire entraba y enfriaba sus nervios mientras la parte superior de su cuerpo, estaba sumergida dentro de una bañera de agua helada; sus piernas ardían y dolían, principalmente sus rodillas, era como si lo hubieran apaleado, como si hubieran cortado piel de estas o lo hubiese arrastrado hasta donde sea que ahora estaba. Tanto sus muñecas como tobillos estaban atados, podía sentirlo por cada una de las veces que intentó aflojar la presión de las sogas calientes. 

Algo lo estaba manteniendo con vida, algo además de su cuerpo insistente a la temperatura del agua, le estaba recordando que necesitaba respirar, que requería soportar aquello. Su mente divagaba, pasea y se hundía en una melodía oscura, depresiva y desgarradora que llevaba sonando desde hace ya un rato de haber despertado. Aunque no era claro por fuerzas del agua, sabía que la canción seguía ahí... una y otra vez. 

Los ojos vendados, la boca cubierta con cinta, la soga caliente, las palpitaciones en sus piernas, el dolor de cabeza, el dolor y ardor en sus rodillas, el haber despertado de su estado inconsciente, el agua, la bañera... cada cosa. A estas alturas, estaba más que seguro del porqué le estaba pasando aquello, era como un déjà vu, una reinterpretación. 

Por primera vez, rogaba estar equivocado, por primera vez, deseó que el cielo lo escuchara, que el cielo lo escondiera de cualquier bendición que él quisiera robar y no le permitiera nunca saber si aquello que imaginaba, era la verdad.

Trevor tenía muchas cosas por las cuales pagar, cada una, peor que la anterior, y el atentado de hace dos años, fue, es y seguirá siendo la peor de todas. 

Las últimas teclas de la melodía iban asomándose en todo el espacio y a sus oídos, pero, por vez nueva, estas, no vinieron solas. Alguien de peso pesado y con calzado que sonaba a botas, (quizá de campo), se fue acercando a él muy diligentemente, Trevor sabía que iba a desatarlo, y así fue, lo que no esperaba, es que al ser sacado del agua, la persona con guantes lo tomó de su cabello, tiró con fuerza y lo aventó contra la pared generando un segundo golpe y que las heridas en sus rodillas se estiraran y lo hicieran maldecir. 

Algo estaba manteniendo con vida a Trevor... quería hablar, pero, sabía que era mejor callar, sus víctimas siempre callaron, siempre lo hicieron... 

Ella lo hizo, hasta que ya no pudo más, hasta que lo vio a él, con aquellos enormes ojos grises que siempre parecía resplandecer cuando lo veían a él, como si fuera el único en el mundo, como si fuera solo él y ella sentados a la orilla de los tiempos.

La había perdido, de nuevo la había perdido. La había visto en el columpio, se había recostado en su regazo y luego nada, el vacío tan grande y mayor que se había hecho en su piel hasta podrirse en sus huesos, no sanó. Necesitaba salir de ahí e ir a por ella, tenerla, al fin pedirla como suya, aunque perfectamente sabía que eso no era posible, en ninguna vida lo sería, en ninguna dimensión se le permitiría ni le sería concedido, ni porque en las otras, los papeles fueran otros, fueran hechos el uno para el otro.

La misma persona, no, el mismo hombre que lo había desatado, volvió a tomarlo del cabello y lo forzó a levantarse sin siquiera darle espacio a poder incorporarse sobre sus pies desnudos, y lo empujó a andar, Trevor tropezó con varias cosas hasta que cayó sobre un colchón húmedo, sucio de tan solo olerlo y sentirlo con sus propias palmas, y también... había alguien más. 

Frío, vestido, pero frío.

Escuchó las dos voces con las que había despertado, de nuevo hablando en un idioma extranjero, como una vez lo escuchó en una pesadilla. La voz de la mujer, no, de la chica, le provocó un fuerte cosquilleo en todo su cuerpo, haciendo que su corazón se contrajera como una fruta dejada al sol, y pulmones se sintieran vacíos. 

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