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Sus manos tibias, despertaron el cosquilleo en su piel oscurecida por la privacidad de su habitación, jugaron debajo de su blusa, sintiendo su cálido y abultado busto elevarse conforme el recorrido húmedo enmudecía palabra alguna de aquellos labios hambrientos. Eran solo ellos dos dentro de esas paredes de fuego, dentro de este mutuo deseo que picoteaba en sus palmas y quemaba en el pecho. 

Cuando él se dejó caer sobre la cama con ojos cerrados, ella aprovechó el humo del éxtasis y se acomodó por encima de su cuerpo frío a comparación del de ella. Fue dejando dulces y luego más necesitados besos que se redujeron a marcas a lo largo de su cuello y clavícula, tirando de la camisa de este como si la fábrica le estuviera impidiendo consumir cada partícula, cada célula y poro de él. 

Lo deseaba tanto, por efímero que fuera el tiempo ahí, sabía que nada podría compararse con esto, con él. Con Xavier. 

La dejó sobre la cama una vez más para ser él el que tomaba todo el control de la acción, saboreando cada centímetro de su piel descubierta mientras las ventanas de aquel cuarto en donde estaban hablando con sus gargantas oprimidas de placer, se abrían de par en par, dejando entrar el frío viento por las faldas de las cortinas manchadas de polvo y roña. Como si el mundo quisiera ver lo que estaban haciendo, como si el aire quisiera tocar lo que ellos estaban tocando, como si ellos mismos desearan que la briza entrara y luego se marchara a decirles a todos lo que estaba ocurriendo. 

Ella mordió y tiró de sus labios entre sus dientes, y sin desconectar el gesto, elevó su mirada a la de él. Quería que la viera, quería que la miraba a los ojos y ella quería ver el placer en los de él. 

Como dos cazadores encontrándose, como dos predadores chocando, ambos se deshicieron de la ropa del otro queriendo verse, queriendo esconderse bajo la carne del otro hasta que no supiera ni el propio cielo, dónde empezaba y dónde terminaba cada uno.

Estaban en su habitación. Y luego estaban en la preparatoria.

Él estaba ahí y era de ella, solo de ella.

Ella estaba ahí, y era solo de él.

Cassie abrió los ojos de golpe y sacó sus manos de su ropa interior. Estaba agitada por el solo pensamiento y fantaseo de tener a Xavier con ella que comenzó a imaginar las manos del muchacho ir por su cabello, por su rostro hasta llegar a sus labios y mucho más abajo. Su corazón latía fuerte, casi lo sintió salir de ella por cómo pulsaba evidentemente en su pecho. 

Trató de recomponerse y de respirar profundamente de forma sigilosa para que nadie llegara a entrar con ella en este aspecto. Había cerrado con llave la puerta de su habitación cuando la repentina imagen de Xavier se había manifestado frente a ella, incapaz de ignorarla, incapaz de soportarlo más. 

Tan solo para que la furia volviera cuando recordó lo mucho que Xavier lo ha estado pasando con Luna O'connell. 

Apretó las sábanas de su cama ante el carrusel de imágenes que ella sola reprodujo en su cabeza y en todas estaba Luna, sonriente cuando saludaba, leyendo a la hora del almuerzo, caminando en silencio de pasillo en pasillo y siempre siendo seguida por Xavier. 



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La nueva semana había llegado y todos los estudiantes ya habían comenzado a llegar a Horo. A muchos, de cierta forma, se les veía animados por alguna u otra razón, otros, habían salido corriendo para ocupar mesas en la cafetería y no precisamente para comer algo, sino para copiar la tarea de alguien que sí se había molestado en hacer. Cassie y Lula, en cambio, sus humores habían cambiado cuando notaron que en el mismo baño en donde ellas estaban maquillándose, estaba Luna lavándose las manos sin llamar la atención de nadie y sin girarse a ver a nadie, solo haciendo lo suyo. 

SeisDonde viven las historias. Descúbrelo ahora