2019,
Hanadriel, recostada sobre el frío hierro de su bicicleta, con el viento levantando su cabello y haciendo que este cayera en su rostro. Con los pensamientos que golpeando en su cabeza, provocando que la ansiedad la masticara por dentro. Entre más estaba ahí, más quería hacer arder todo en llamas, cada pared, cada persona, cada rumor, cada mirada descarada en su dirección. Todo. Sin excepciones. Quería mandar a todos al demonio.
A duras penas podía escuchar lo que el resto a su alrededor decían porque sus pensamientos seguían ahí, borrosos, pero espesos en su mente y garganta.
Quería comprender la razón de todos, el porqué la miraban así, el porqué susurraban de ella o cuando ella estaba cerca, pero la constante imagen de Trevor Fernsby, aparecía una y otra vez, haciendo que las más filosas de sus pesadillas, resbalaran a los del cielo de sus dedos y la hicieran temblar.
Un motivo, quería una razón, lo que sea para así calmarse.
—Es la chica con la que se mantiene ahora. — Murmuró alguien que pasó a su lado.
Mucho antes de que la compañera de quien había dicho eso, pudiese responder, los ojos de Hanadriel se clavaron en ellas, estas para su sorpresa, adoptaron una actitud como si eso era lo que estaban buscando, que Hanadriel las volteara ver, para poder sacar las burbujas que tenían metidas en la boca. A ellas tanto como a Hanadriel, se les veía algo molestas.
Era a la nueva a la que estaban molestando ¿Por qué se enfadarían ellas?
Hanadriel no dijo nada, se ocupó de los suyo sin despejarles un ojo y para cuando estuvo lista, comenzó a pedalear. Con el corazón haciendo levantar su cortaba y blusa, intentó respirar tranquilamente para decirle a su cuerpo que todo estaba bien, o eso creyó, hasta que un nuevo sobresalto, la hizo inhalar por su boca. Frenó de golpe.
Dos chicas, una era como un petirrojo, de altura media y ojos avellanados, piel bronceada y de rosadas mejillas salpicadas por estrellas diminutas y oscuras. La otra, de cabello corto hasta los hombros, ojos negros, piel rosadita con mejillas que casi se podría jurar que se las pellizcó porque estaban realmente rojas. Por la forma en la que miraban a Hanadriel, esta supuso que tenían algo que decirle, quizá, — por cómo frotaban sus manos o apretaban sus bocas, — difícil mencionar. Algo que abrió la herida con tan solo verla a ella de cerca. ¿Qué estaba pasando?
La presión, el misterio y las interrogantes aumentaron, pesaron y empujaron más fuerte cuando frío viento tiró de sus cuerpos, tanto que el teléfono que llevaba la pelirroja cayó, apagando la luz de la pantalla, obligando que la pelirroja se inclinara a acomodar su cabello y a recogerlo. La morena, pasmada, sin parpadear, como si estuvieran viendo un fantasma en el rostro de Hanadriel, o eso fue lo que esta última pensó, porque el chillido que la primera había dado, punzó algo en su pecho. Estaba llorando.
Cuando Hanadriel intentó pedalear de nuevo para irse de ahí, las otras dos cambiaron de postura sin parpadear, la de cabello corto se colocó delante de su bicicleta y la otra a un de sus lados. La estaban bloqueando.
—¿Qué quieren?
—No nos malinterpretes. No venimos a hacerte nada.
—¿Quién dijo que las dejaría?
Ella nunca había sido buena con las peleas, los enfrentamientos o la violencia. Tenía un carácter delicado, pero siempre trataba de evitar situaciones que la llevaran al borde. Como esta.
— No, no, mira. Sé que suena raro y que seguro pensarás qué es lo que quiere una chica que ni siquiera nos has visto.
—¿Son de segundo año? — Preguntó sin saber muy bien por qué lo hizo. Quizá la información le serviría después.
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Seis
Misterio / SuspensoX, J, G, D, Y, T. Las iniciales de las seis personas que le hicieron lo imperdonable. Los nombres de las personas que deben pagar por lo que le han hecho. Nadie los culpó, porque nunca nadie se enteró del crimen que cometieron contra Layi BerryCl...
