62

490 37 5
                                        

Aquellos dos que una vez fueron reyes, hoy estaban a merced de la chica que creyeron muerta, a merced de la chica que en sueños y pesadillas, mantuvieron con vida y por lo cual ahora se culpaban, porque quizá, solo quizá, si dejaban de recordarla, la habrían enterrado hace ya mucho, pero, estaba ahí, tan viva, tan limpia, tan sana como si nunca le hubiesen hecho nada, como si Yves nunca se hubiese cruzado por su camino.

Justo a espaldas de ella, de la chica que Yves tanto anheló para sí, — solo para ahora odiarla —; apareció el tipo que la besó el día en el que él se había acercado, el que había llegado por ella. El tipo del anillo.

—¿Tú?

El aludido no hizo gesto de interés y posó un beso sobre la cabeza de la única chica presente, misma con la que los dos presentes tenían más de un lazo rojo por desenredar y muy posiblemente cortar. 

—Lo que sea que tengas que pedir, será con ella, no conmigo, — aclaró el recién llegado.

—Esa voz, — manifestó Yves por él y por Trevor, quien no lograba desprender su miraba de Layi, su dulce Layi, siendo ahora, la criatura que tenía que ser con todo lo que él le hizo no solo esa noche, sino todos esos años. —¡Son unos hijos de puta! ¡Malditos enfermos!  — Los gritos de Yves eran lo único que se extendía. — ¿Cómo mierda te atreves a hacerme esto, puta? 

—Digamos que tú lo hiciste muy fácil. 

Fue suficiente para hacer que Yves se quedara callado y pusiera atención a lo que estaba pasando sobre la mesa en la que estaban sentados y atados a presión. Delante de Yves y Trevor, estaban los restos de Xavier, Jozef, Grey y Dan, y no muy lejos de su visión, Yves observó una peluca rojiza lo bastante real como para... 

Hanadriel. 

—T-tú... 

Entonces... la chica del café no era Hanadriel, realmente era Layi. Lo había engañado y...

—Túsolo te has traído hasta acá, — la voz del tipo que estaba de pie detrás deLayi, ocupó espacio en la gravedad. — Tus recuerdos, tu miedo, tu culpa y tuobsesión, te trajeron hasta acá. — Se detuvo antes de seguir sin en verdad ver a ninguno de losotros dos. — Y parece que esos años de amistad de los que tanto presumen no son más que un disfraz, — Yves dejó de respirar, — no confían el uno en el otro, al menos, no para cosas que saben que el otro podría robarles, aunque tú lo sabrás mejor, Trevor —  La ronca, casi misteriosa voz del sujeto, apresó al menor. —  ¿Yves te quitó muchas cosas desde que eran niños? No hablo de una merienda, me refiero a algo más.

El silencio se acomodó con ellos y se anunció como el quinto invitado.

—Siempre te deja el trabajo sucio y él, él solo se ha lavado las manos de todo lo que has hecho por él, — el acompañante de Layi conversaba tranquilo, caminando alrededor de la mesa, dejando una helada cola de aire detrás de sí. — Lo que no sé, es si lo hizo luego de esa noche, la noche en la que torturaron a Layi, — la forma en la pronunció su nombre quemó en el interior de Trevor. — La de ojos luminosos, cabello lustroso y piel tersa. La recuerdas ¿Verdad? 

—T, n-no escuches nada de lo que te está diciendo, — saltó Yves.

—No tiene que hacerlo, — dijo este tercero, asomando un sobre a Trevor, — pero sé que lo que hallará aquí dentro, será de su agrado. — Había sarcasmo en sus palabras, sarcasmo y algo más que se resumió al desatarle las muñecas al menor. 

El crujido del material sonó en toda la habitación, Trevor no sabía que iba a encontrar dentro ni cuáles eran o no las intenciones del aquel, pero justo a la mitad de sus movimientos, desvió su atención y la miró. Layi o Hanadriel, con la misma expresión de cansancio que mucho antes, con una capa sobre su cuerpo que pesaba y era visible hasta para los ojos que no debían estorbar. Verle así le causó muchas emociones, un cosquilleó nauseabundo que solo aumentó al ver las fotografías del destruido cuerpo de Layi.

SeisDonde viven las historias. Descúbrelo ahora