Pasado IV (parte II),
16:03, sábado, dos años antes del atentado.
—Me dijo exactamente que estos días has estado algo distraído.
—¿Y a ti qué te importa cómo he estado?
—¡Gua! Solo repito lo que me dijo, — mencionó este, prendiendo fuego al cigarro que había colocado en su boca, — y lo menciono porque me resulta raro que tú estés distraído.
—Lo que haga o deje de hacer, lo que sienta o no, no es asunto de ninguno de ustedes, ese ya lo he declarado muchas veces.
—Y todas esas veces las he entendido por completo, pero, ahora ya ni respondes cuando te llamo. Sabes lo difícil que es poder coger un teléfono en mi situación.
—Eso es porque eres un imbécil.
—Y tú el sádico y resulta que yo soy el que debe de estar bajo encierro en mi propia casa.
—Eso es porque yo no ando mostrando mi cara al mundo sin descaro alguno, tal y como tú lo haces. Lo que hago, lo hago para mí mismo.
—El gozo es más gratificante cuando te vale una mierda. No soy un matón que se esconda, soy un matón sin vergüenza.
—¿Matón?
—¿Acaso no es así como nos llaman?
—¿«Nos»? Yo no he hecho nada.
—No todavía.
—¿Qué estás pensando?
—No tengo nada en mente, luego de casi matar a ese chico por el cual tengo que quedarme en casa, quedé muy agotado y me bastó, al menos por ahora, pero sabes perfectamente que siempre quiero más. Ya encontraré algo en donde poder poner mi hambre.
El chico más alto, el que trataba de esconder sus pulmones del humo de cigarro, miró al horizonte todo el tiempo en el que estuvo hablando con su mejor amigo, aunque sintió la mirada de Yves encima todo ese rato, él sabía mejor que nadie que no había nada que lo estuviera distrayendo, nada que discutir, hablar o comentar al respecto de lo que fuera que sus otros amigos dijeran de él a Yves.
Aun así, sabía también, de forma perfecta, que, para su mejor amigo, no eran necesarias las palabras para saber que algo estaba en un lugar en el que no debería de estar. Pero ni eso le preocupó, porque estaba firme y convencido de que nada lo estaba distrayendo, nada le estaba quitando su tiempo o su atención de lo poco que le importaba del día a día. Claro, era eso y nada más, solo una idea, una pasada en los ojos de sus demás.
—¿Quién es?
El chico que no fumaba cerró sus ojos automáticamente. Sí, su Yves no necesitaba palabras, pero aún así intentaría escucharlas.
—¿Quién es quién?
—¿Cómo he de nombrar a quien te está distrayendo lo suficiente como para que no tengas ni cinco minutos para tu viejo amigo?
—¿Acaso somos pareja o algo parecido?
—No, pero nunca me dejaste sin responder, al primer tono respondías.
—Faggot.
Los dos rieron fuerte ante el comentario. Pronto todo se volvía a sentir bien, como si nada estuviera pasando lejos o cerca de ellos, de cierto modo, se sentía así.
Pero no lo iba a dejar así, claro estaba.
—Ahora que lo pienso, — habló Yves detrás de la cortina de humo que se hizo en su cara, — nunca te he visto salir con una chica, o llevártela a la cama.
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Seis
Misterio / SuspensoX, J, G, D, Y, T. Las iniciales de las seis personas que le hicieron lo imperdonable. Los nombres de las personas que deben pagar por lo que le han hecho. Nadie los culpó, porque nunca nadie se enteró del crimen que cometieron contra Layi BerryCl...
