2019,
Horas después,
La chica del mercado de flores, estaba delante de él, hermosa como siempre, pero había pintado su cabello de un rojo vivo, un color que no le quedaba nada mal.
—¿Qué tanto tengo en la cara? No has dejado de mirarme desde que llegamos.
Hanadriel (un raro y bello nombre), le estaba sonriendo de lado de forma inesperada. Yves, encantado y sumergido en la situación repentida de haberse topado a la chica a solas, colgó sus dos manos detrás de su nunca y se estiró un poco para acomodar partes de su cuerpo que prefería no nombrar en ese momento.
—¿Por qué dudaste en venir a tomar algo conmigo?
—Bueno pues, es que, no estoy acostumbrada a ese tipo de comportamiento, más cuando conozco a la persona por primera vez. M e pone incómoda.
—¿Cómo incómoda? Explica.
—Con me dan mucha atención. Como si no hubiese nada más a mi alrededor.
Esas cortas, directas y pocas palabras, fueron lo suficiente para hacer que Yves se dejara caer sobre el respaldo de su silla, esto, sin soltarle la mirada a Hanadriel, quien mordió sus labios agachando la mirada, no sin antes asegurarse de que había clavado perfectamente bien la sonrisa en los labios del chico.
—Cre-creía que te había asustado.
—¿Asustado? No, no, para nada. Es solo que a veces suelo dar una imagen opuesta a lo que quiero, y realmente no sé cómo comportarme, sobre todo frente a... — detuvo en seco – muchachos como tú.
—¿Fue lo mismo con el amigo del que te hablé? El que estudia contigo.
—¿Qué? No, no, no. Trevor, es más bien un buen amigo, quizá algo menos que amigo o diferente si piensas en cómo es él con las personas a su alrededor, aunque he de aclarar que despierta mucho mi interés. Es bastante atractivo, demasiado callado como para que las chicas no sintamos curiosidad por él.
—Vaya, — Yves terminó en otra posición, una diferente a la que había puesto cuando le había dicho algo bueno de él, — eres... seguramente la primera que lo describe de esa forma.
—No, seguramente no, hay muchas chicas en la escuela que morirían por estar con él.
—¿Hablas en serio?
—Puede que algunas hasta ya hayan muerto por él.
El tono en el que esa frase salió fue frío, calmo, poco pensado. De nuevo, el clavo que había escondido, volvió a ser martillado en la cabeza de Yves, y junto con los golpes, la imagen de una espalda rasguñada, un rostro golpeado y una boca escupiendo sangre, destilo tibia.
Trevor estaba interesado en la chica, en esa chica. Yves seguía pensando en esa posibilidad, y la falta de respuesta de Dan, solo se lo confirmaba.
Muerto. Morir. Matar.
—¿Sigues ahí? — Dijo la chica, inclinándose a la derecha, con su codo apoyado en la mesa, la leta de crema soda en frente y su mano sosteniendo su mentón. Encontró los ojos perdidos de Yves y le sonrió, como si no hubiese dicho nada, como si hablar de morir por alguien fuera tema de fácil pasar.
—Iré, i-iré un rato a fuera, si me disculpas.
—Claro, mientras, pediré un postre, muero por una tarta de fresa, tenía un rojo muy hermoso, como si sangrara.
La chica sonrió de nuevo, justo luego de decir lo que dijo y levantándose de su asiento, directo hacia la ruleta de pasteles que había en el extremo derecho de la tienda a la que habían entrado. Desde su distancia, Yves la vio como una niña que se ponía de puntillas mientras señalaba la tarta de fresas.
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Seis
Misterio / SuspensoX, J, G, D, Y, T. Las iniciales de las seis personas que le hicieron lo imperdonable. Los nombres de las personas que deben pagar por lo que le han hecho. Nadie los culpó, porque nunca nadie se enteró del crimen que cometieron contra Layi BerryCl...
