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𓍯𓂃


— Úsame como gustes, pídeme lo que quieras y desees, hazme hacer lo que tú no quieras, hazme hacer las cosas que imaginaste, hazme darle vida a tus más desteñidos sueños. Recítame tus plegarias, aquellas que el cielo ignoró, recítame tus súplicas, aquellas que nadie va a comprender. Desearía no verte llorar, desearía parar todo llanto y liberarte de él, pero lo único que sabría hacer hasta encontrar la forma perfecta, es atrapar tus lágrimas entre mis heladas manos, tal vez, así, pueda convertirlas en cristales. Piedras preciosas que puedan adorar la tierra en la que duermes. 

      » Te cansa ver tu rostro, te cansa respiran en estos desgastados pulmones, te pesa esta desalmada piel, y te arrastras fuera de ti para que tú ya no seas tú. Y me duele verlo, me duele saberlo y no poder hacer nada, no poder hacer nada más de lo que me pides, no poder lograr más de lo que tú ya has imaginado antes; por ende, úsame, no porque puedas o quieras, sino porque yo te lo pido, sino porque no tuve ni he tenido las palabras correctas que puedan sacarte de esa penumbra a la lanzaron tu corazón, úsame, arranca de mí los pedazos que te faltan a ti y si deseas más, te lo daré todo. 

     » El sol se ha escondido de ti y en su abandono, la oscuridad ha terminado de criarte como suya.

     » La tristeza te ha encontrado y ahora te viste como un velo sobre tus huesos.

     » La vida te lo ha quitado todo y como muestra de perdón, me ha mandado a mí a tus finos dedos. 

     » Úsame, pídeme, ordéname, demándame, verás que no hace falta que insistas, seré yo quien te pregunta cómo, cuándo y en dónde lo deseas. Porque para ello, fui empujado por el viento, porque para ello, me he hincado delante de ti, en mi desnudez, pidiéndote que no me veas igual al resto. 

     » Me gustas vestida de sangre. 



༻♱༺



«¿Crees que le recuerdes a alguien?» Recordó la pregunta de Claudyn y el temblor en sus ojos al decirla.

Después de dos días de su clara suspensión (motivos que nadie conocía), Grey Moen había vuelto a clases de forma regular, pero, con algo completamente distinto en él. Una parte, o más bien todo en él parecía estar enfocado únicamente en Adela. Grey había preguntado por ella, había tratado de entrar a sus clases sin ningún éxito gracias a los profesores, había intentado acercársele en el almuerzo, había esperado por ella al final de las clases, pero en ninguna de esas ocasiones logró su objetivo. Era como un perro buscando a su dueño. 

Adela no pretendía darle espacio u oportunidad para que se le acercara, por mucho que ahora él supiera su nombre (sin que ella supiera cómo) y fingiera mostrarse tranquilo o centrado, ella solo se limitó a hacer lo que hace todo el tiempo. Distanciarse hasta que todos olviden que estuvo ahí. 

¿A quién iba a recordarle?

— ¿Quieres que te siga? — Le habló al pequeño conejo de pelaje blanco y ojos rojizos que encontró detrás de un arbusto. — Ven aquí ¿Te atoraste? — Alargándose en su dirección sin hacer movimientos bruscos y alistándose mentalmente a que quizá el conejo la fuera a morder, lo tomó entre sus manos y lo colocó sobre su regazo, el corazón del pequeño estaba agitado pero, por suerte, no saltó ni reaccionó de forma agresiva, lo que le permitió a Adela sentir su suavidad en sus manos. 

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