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Hay un asesino en Horo. 

—Se hará revisión de mochilas, casilleros y abrigos en todos los grados. Nadie tiene permito entrar a ninguna de las aulas hasta que encontremos a el o los culpables de esta desagradable broma. 

Hay. Un. Asesino. En. Horo. 

—En Horo no toleraremos este comportamiento que compromete la integridad de nuestro alumnado, profesores y personal de apoyo ¡Quien quiera que haya sido, va a recibir su merecida sanción! 

Hay. Un. Asesino. 

—Confiscaremos todo lo que creamos sea sospechoso o nos lleve a alguna pista sobre lo que a acontecido esta mañana. 

La voz de la directora, resonaba y martillaba las cabezas de todos a través de los proyectores de sonido que rodeaban el patio principal, el mismo que era usado como entrada y salida principal a la preparatoria. Todos los alumnos estaban formados según grado y luego según género a exactamente metro y medio de distancia por delante, atrás y costados. Nadie podía hablarse entre sí, nadie tenía permitido girarse a ver a ninguna otra parte que no fuera en dirección hacia donde la directora estaba hablando. 

—¡Esto es insoportable! 

—Su voz es insoportable. — Estefan, un espacio atrás de donde estaba Luna, habló entre dientes. —¿Cuánto tiempo más nos van a tener así? 

—¡Han cruzado la línea! — Volvió a gritar la directora, con algo que Luna identificó como falso interés. 

La mujer con un corte bob, sobre maquillada y con un perfume que llegaba hasta las tres primeras filas de alumnos, realmente esta exaltada por el escandalo que esto significaba. No le importaba lo que la manta decía, a ella solo le importaba bajarla de donde estaba, proteger a los alumnos — culpables o no, — y asegurarse que esto no llegara a los oídos de los padres. 

Ahí va de nuevo Horo, actuando como la mejor preparatoria de todas. Sí, tenía sus buenos y son corregibles estudiantes, pero a comparación del resto de institutos, los problemas con Horo implicaban una broma de tal grado que no separaba a unos de otros a comparación de otras instituciones, parecía que Horo refugiaba a asesinos y escondía intentos de suicidio. 

Llevarían al menos unos veinticinco minutos en fila, lo único que se movía era el viento que se sentía más frío que antes y el único murmullo alcanzable era el de las copas de los árboles despidiendo algunas hojas. 

Cassie, estaba forma detrás de Luna, y seguido de la primera, estaba Lula, luego a su lado tenían a Luca, Estefan y por último a Xavier. Era este último el que se notaba mucho más inquieto que el resto, su pierna derecha temblaba como si fuera un síntoma de ansiedad o desesperación o meramente furia por algo que los demás no podían ni querían ver. Cassie incluso, detrás de la cortina que había hecho con su cabello, lo intentó mirar y por primera vez, vio algo que nunca antes había visto en la expresión de Xavier. 

¿Miedo? 

Sus ojos, ahora mucho más oscuros que su característico color verde, se movían de un lado a otro con zozobra, su cabeza estaba a medio agachar y cruzaba sus manos por su espalda. Mordía, o más bien mutilaba frenéticamente su labio inferior hasta que él mismo se hizo sangrar. Cassie se removió en su lugar ¿Qué le estaba pasando? No solo la pintura roja que ya había manchado los uniformes de todos, hacía que la escena pareciera una masacre muda, sino que ahora también él se infligía dolor por algo que no era claro ni visible a los ojos humanos que lo estaban observando con preocupación. 

—Ojos al frente, señorita Hill. 

—Sí. — Se giró con brusquedad y propio asombro por seguir la orden de una profesora. 

SeisDonde viven las historias. Descúbrelo ahora