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𓍯𓂃


—¿Crees que obro mal?

Su voz sonaba tanto como lo hacía el recuerdo de sus puños encontrando el rostro de Trevor, la fuerza y el sentimiento con el que lo había golpeado, más bien le recordaba a una orquesta, una que se había quedado sin notas e instrumentos de tanto gritar, una que entonaba la última melodía, rasgada y perdida. 

—Úsame a mí, y despójate de ese pensamiento de estar haciendo el mal.

—Pero ¿Qué hay del resto del mundo?

—El resto del mundo te dio la espalda a ti y a Layi.

Viento helado, sudor quemante, sangre envenenando la tierra, lodo calándose en su piel, piel que una vez destruyó, piel que una vez arrancó la ajena. 

—Luna, Iri y Adela.

—Ellas están forjando tu alma. En cada uno de tus actos, ellas pudieron vivir un momento más.

—A veces las escucho, a veces las veo en mis sueños. Incluso a Hanadriel. 

—¿Y qué te dicen?

Ambos se quedaron en silencio como si estuvieran intentando ser la audiencia perfecta para el chillido de los columpios oxidados en donde estaban sentados, ella, con vendas en ambas manos y él, con todo el mundo delante de sus ojos.

—Me dan las gracias.



༻♱༺



A Trevor ciertamente le quedaba fuerza, pero no la misma, no con la misma con la que muy pretenciosamente quiso llegar ante los ojos de la chica que lo estaba volviendo loco.

—Layi, Layi, por favor.

Harta del juego de lágrimas y perdón con el que Trevor pensaba lograr algo, ella giró sobre sus talones con el cuchillo en mano, en el acto, hizo un corte rápido e irritante en el rostro del otro, eso provocó que Trevor quedara en una posición enrollada, como la de un animal protegiéndose, escondiéndose. Tenerlo tan cerca y en ese estado, la repugnaba, el actuar rápido haría que el motivo por el cuál había empezado todo, no lo valiera, así que debía calmarse. 

Pero esto se atrevía a llamarla. 

—¿Cómo piensas que llegaste aquí, Trevor? Quiero oírlo, quiero oír tu historia y saber qué fue lo que viste en esos ojos cuando la atacaste.

Trevor no se atrevió a pronunciar palabra, seguía sin poder comprender el porqué de su forma de hablar ¿Por qué le preguntaba las cosas así? ¿Por qué sentía tan pesada frialdad en su voz? Tenía motivos para odiarlo, para lastimarlo, pero...  Se sentía fatal, se sentía como un familiar delante de una desconocida y seguramente el sentimiento era igual para ella, pero... ¿Por qué Layi hablaba así? Como si se tratara de alguien más. 

Le estaba dando la oportunidad de presentarse, de dar sus motivos y justificación por el cual hizo lo que hizo, se lo estaba dando en bandeja de plata, con cortes rápidos y nada profundos, con un alambre de acero ciñendo a sus muñecas, con el peso de su ropa empapada y la vista nublada por los golpes, con quemaduras esparcidas y muy parecidas a las que él y su grupo, habían dejado en su piel, como si fuera un paquete a entregar, con sellos de las manos que lo tocaron hasta llegar a su destino final. Desde que se había atrevido a verla sobre la cama, nada había parado, al igual que aquella noche...

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