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5. Yves

2009,


Seis pequeños niños a la orilla de lago cristalino. Dos jugando a lanzar piedras al agua, un tercero excavando para encontrar otra oruga para su colección, un cuarto pintando sobre un cuento hadas con un crayón rojo, el quinto en una balsa que él mismo había construido y el sexto en la rama de un sauce viendo hacia el horizonte que parecía tener muchas muchos secretos hasta en las cosas muy pequeñas. Eran ellos, y su pequeño escondite en aquel lago.

Tan pequeñas como el niño que encontraron ahí hace un par de horas.

Tommy, era su nombre. Tommy, el niño por el cual ahora los otros seis, estaban bajo consulta médica debido a un... malentendido que todos sus padres se encargaron de reparar por ellos.

El primero y el mayor de todos, Yves, de un bello cabello cobrizo oscuro y ojos azules, sobre la balsa con una sonrisa inquietante, tarareando canciones de folklor ruso que su abuela le había enseñado antes de morir. Letras tan oscuras y siniestras que la propia sed se vaciaba dentro de su pequeño cuerpo mientras enredaba mechones de cabello oscuro, alrededor de las bases de su balsa.

El chico de ojos verdes, Xavier, uno de los menores, el que leía en silencio mientras dibujaba cosas perturbadoras sobre los dibujos del cuento que había tomado prestado de su casa, completamente sumergido en la idea de una princesa destruida, una princesa vestida de rojo.

Grey, segundo mayor de todos, uno de los más bruscos entre todos, uno con una mente doblada y retorcida ante lo que quería y obtenía con violencia, excavando entre la tierra con un hueso de la liebre que mató camino al lago, imaginándose que se trataba del hueso de una persona, un tesoro que él había escondido. 

Dan, querido y estúpido, Dan, otro de los más jóvenes, con un cabello lustroso como sus ojos color miel, lanzando piedras mientras reía a carcajadas, pensando en cómo poder llevar unas a casa y lazárselas a la nueva nana.

Jozef, otro de los mayores, siempre callado o siempre hablando, siempre pensando o siempre confundiendo a todos; siempre peleando o siempre gritando; al igual que Dan, lanzaba piedras, queriendo lanzárselas al primero que se cruzara en su camino, adolescente, adulto, o Tommy.

Y el que hacía falta, el más fuerte de todos a tan pequeña edad, el que había atrapado a Tommy cuando este intentó escapar. Con un alma gélida y una mentira patológica que lo revestía de encanto... viendo hacia el horizonte, con sus manos manchadas aferrándose a las astillas del sauce.

Un ángel viene a visitarme, en el oscuro silencio de mi habitación.

Un ángel viene a lavar, la mancha de mi sábana.

Sus suaves voces corearon lo que este último, de pronto, había empezado a cantar. Adoraban esa canción, era una melodía que muy pocas personas conocían, una melodía que causaba — la palabra que la abuela de Yves le había enseñado, — un calosfrío en toda su piel.

Me mira fijo en la plena noche, bom, bom.

Desperté del sueño y escuché a alguien afuera de mi casa.

Me mira fijo en la plena noche, bom, bom.

Las aves se escondieron detrás de la luna y me asustaron.

Hay alguien adentro de mi casa, bom, bom.

No tengas miedo, bom, bom.

Es solo un ángel.

Un ángel viene a lavar, la mancha de mi sábana. 

—Incluso si los doctores no pueden hacer nada, — habló Dan, — si alguno de nosotros huye, todos huiremos, si alguno de nosotros se mete en problemas, todos lo haremos.

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