Luna.
Luna O'connell. Luna.
Su nombre era Luna, y estaba a punto de convertirse en ese satélite de tanto que la estaba observando como si fuera un punto que no quisiera perder de vista aun cuando se encontraba sentada en el escritorio delante de él. Tan pequeña que en verdad no le obstruía la vista al pizarrón donde el profesor garabateaba cosas que no tenían sentido ni gracia para él. Y por alguna muy notaria razón, solo quería desvelar toda su atención a la nueva presente y el desborde de emociones que esta trajo consigo.
Se sentía raro, demasiado extraño ¿Qué era aquella sensación tan repentina que cruzó la barrera de su ojos, se deslizó por sus mejillas y se tradujo en una vibración que lo hacía querer mirarla y seguir mirándola? Xavier actuaba como si quisiera recordar cada luz y cada sombra de su rostro perpetuo a la calma en cada leve vistazo que tenía de él cuando ella se giraba a ver hacia la ventana. Era tan solo su perfil y su mente ya había dibujado el resto como lo recordaba, anhelando un ángulo completo para corregir o agregar lo que se atrevió a olvidar de aquella cara.
Embriagante. La luna tenía un olor embriagante.
Tomó una profunda respiración de aquel perfume mezclado con el aroma del lodo allá afuera de la cuarta pared y se regaló el deseo de cerrar sus ojos para imaginarlo más lento a su alrededor.
Imaginó la última brisa que dejó la lluvia, el lodo acomodándose como reflejo de un cielo sin ojos, los árboles secándose luego del baño y un pequeño destello blanco nacido entre la suciedad y el desorden. Una gardenia. Pequeña y dramática sin lengua. Sola sobre el barro, destilando su bálsamo como si pidiera que alguien sanase con ella.
Exhaló.
La luna olía a gardenias.
Olía al día que el cielo sangró sobre su cabeza, a un aroma que comenzó a acumularse en su cabeza en cuestión de segundos, uno que lo hizo erguirse en su asiento luego de escalofrío que corrió por su espalda. La sensación era rara, nauseabunda, tan cargante que no podía abrir sus ojos de la imagen que se dibujó detrás de sus párpados, destilando por sus pestañas como rocío olvidado, quemando en su cara, clavando sus manos y endureciendo sus pies como cemento escondido en cal. Se estaba mareando y el perfume de las gardenias se hizo más y más abundante a su alrededor.
En un movimiento brusco, se levantó de su lugar, llamando la atención de todos.
Abrió sus ojos y sintió como si los hubiese tenido sellados, tejidos.
—¿Señor Xavier? — Preguntó el profesor. — ¿Se encuentra bien?
—Xavier, — habló Luca, el muchacho de los ojos dormilones. — Te está sangrando la nariz.
༻♱༺
A la hora del almuerzo, tanto la gran cafetería principal como las mesas en el patio trasero, se ocupaban por diversos grupos de alumnos, entre ellos de primer y último año. Cassie, junto a Lula, Luca y el otro chico de su mismo salón llamado Estefan, se habían acomodado en la mesa central del patio. Era algo que habían comenzado a hacer con frecuencia aunque realmente no hubiese una amistad entre ellos, sino más bien una relación de «gana-gana» entre los cuatro. Ninguna de las dos chicas había probado bocado algo, contrario a los otros dos que inhalaban la comida como si hubiesen estado largas horas en completa restricción.
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Seis
Misterio / SuspensoX, J, G, D, Y, T. Las iniciales de las seis personas que le hicieron lo imperdonable. Los nombres de las personas que deben pagar por lo que le han hecho. Nadie los culpó, porque nunca nadie se enteró del crimen que cometieron contra Layi BerryCl...
