2019,
Tres días antes,
Layi y Trevor tenían historias que contar, pero ninguna que compartir, ninguna que emparentar, ninguna en la cual decir que al fin habían podido cruzar en la vida del otro. O tal vez, y solo tal vez, la parte más pura, el lado más inocente y menos experto de aquel cruel mundo, había sobre pasado los límites, había saltado hacia él con seguridad en sus pequeños taconeos, provocando que todo lo que había en su entorno, se fuera en su contra.
Ciertamente había cosas que no tenían que ser, cosas que no podían ser por mucho que se peleara contra la ley de estas.
¿Y por ello se justificaba lo que le hizo? ¿Por eso daba motivos de lo que hizo con esa chica?
Nada salvaría su pellejo, nada podría alcanzar los restos que habían quedado de su alma, ni siquiera ella, de la que no supo nada desde aquella noche donde el mismo Yves había dicho que la dejó en el lugar donde la habían alcanzado.
Desde esa noche, sus sueños se hicieron pesadillas, la criatura que constantemente lo llegaba a visitar, ahora había desaparecido, se había esfumado, su había suspendido lejos, en la rama de un árbol que en repetidas ocasiones había visto, el Árbol de la Muerte, el más peligroso del mundo, del que las piernas menudas y suaves de aquella, colgaban y se columpiaban mientras miraba a un horizonte púrpura y rosa, con tres lunas que se suspendían en el aire con hileras que extrañamente, la tenían a ella de la muñeca.
En el sueño, eran solo ellos dos, una extensa montaña verde de grama alta y fresco rocío; un cielo inmenso, estrellado y cálido en aquellos colores que solo en películas se podría ver; con una briza olor a gardenias y cerezas, exactamente el aroma tan familiar de la siempre chica, el aroma tan familiar y todavía desconocido para él. En el mismo sueño, cada vez que Trevor intentaba moverse, acercarse a Layi , largos hilos hilos tiraban de ella, alejándola de él, moviéndola como marioneta, haciéndola caer en varias ocasiones, pero sin lastimarla. Lo contrario a cuando ella intentaba moverse hacia él, varios golpes y marcas de sangre aparecían tras sus intentos por acercarse e ir más frente a él, con él, a él.
En el sueño, no se escuchaba nada, ni las voces de ellos, ni un solo grillo o el vuelo de una luciérnaga, solo el viento y ellos, solo el aire y los hilos de los que colgaba Layi, dejando marcas violetas en sus muñecas.
Se sentía vacío, raro, desnudo y con miedo, no era un sueño, era una pesadilla vestida de lavanda, utilizando sus puntos más débiles para hacerlo quebrar, para hacerlo querer gritar, sin conseguir nada. Casi al final de dicho sueño, con Layi sobre aquel oscuro árbol, rodeada de gardenias, un repentino viento venía brusco, arañándola, pero sin hacerle nada a él. Todo caía en ella, y él solo podía ver.
Y entonces comprendió. Él era el viento, era el aire esparciendo, extinguiendo la esencia de Layi.
—¿Seguro que te encuentras bien?
La voz de Hanadriel lo había tirado de regreso a la realidad, donde sintió cómo sus pies lo llevaban colina abajo al lado de la chica que seguía inquietándolo a pesar del tiempo que llevaban en las tutorías.
—Nunca responder a las preguntas.
—¿Entonces por qué insistes?
—No soporto el silencio.
—Nadie lo soporta.
Poco duró el intento de conversación, cuando de repente, en la corta distancia, se vieron venir dos siluetas bastantes familiares. Las amigas de Layi y un tanto más atrás, se aproximaba Yves.
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Seis
Misterio / SuspensoX, J, G, D, Y, T. Las iniciales de las seis personas que le hicieron lo imperdonable. Los nombres de las personas que deben pagar por lo que le han hecho. Nadie los culpó, porque nunca nadie se enteró del crimen que cometieron contra Layi BerryCl...
