Horas durante el ataque
Sus manos daban ligeras bofetadas a ambos lados de su rostro. Luego tiraba de su cabello y en el acto, la hacía ver la oscuridad que parada y ancha, esperaba por una mordida de ella. Intentaba modular su respiración entrecortada, en vano cuando el otro golpeaba su vientre repentinamente y se reía al nivel de su oído y lamía de su sangre. El peso de su fuerte cuerpo, clavando el de ella al suelo.
Aunque le costara, mantenía sus ojos cerrados mientras el dolor corría en un estado líquido por sus brazos, el caníbal y brusco roce de aquella boca sobre la suya, mareándola, haciéndola confundirse entre sus propias plegarias.
Quería que alguien viniera, quería que alguien la hallara.
Quería que alguien le dijera, que no todas las personas son buenas. Que se lo hicieran repetir, una y otra vez.
El invasivo olor de la humedad, los gritos de la lluvia arañándola de su propia vida, sus mordidas uñas haciendo caminos secretos en su piel; succionaba, tiraba, lamía, besaba, embestía, golpeaba, reía y la tocaba con admiración. A la novena bofetada, la sangre lo alcanzó manchando su propio rostro y solo entonces se detuvo a contemplar lo que pasaba.
Los ojos del tipo que la sujetaban en su contra, una vez avellanados, ahora eran completamente oscuros, su pupila estaba tan dilatada que ella no pudo no preguntarse si en verdad la estaba mirando. Se preguntaba si la habitación a la que la había metido para estar a solas con ella, estaba dando vueltas antes de caer en pedazos. Todo giraba, los objetos se duplicaban y la oscuridad de la sala, se extendía desde los ojos de aquel.
Estaba mareada, completamente sudada, temblando, sin poder respirar bien, mirando cosas que no sabía si estaban ahí. El debilitado cuerpo que ya no podía llamar suyo, se fundió en sus huesos y ella misma lo sintió como aceite. Algo dolía, pero ¿Qué dolía? Algo le estaba diciendo él, pero ¿Qué decía? ¿Qué le estaba mostrando?
¿Qué era ese líquido espeso y rojo que de sus dedos corrían y del que chupó con gula? ¿Por qué se movía tanto? Ya no quería moverse. ¿Qué era lo que estaba entrando y quebrando sus piernas? ¡Qué alguien lo saque! ¡Qué alguien la ayude a levantarse!
La imagen borrosa del muchacho que seguía sonriéndole, tiró una vez más de ella y la empujó a una superficie fría contra la desnuda piel de su espalda. La había cargado desde sus axilas y la falta de reacción, provocó un acto seguido. Por un nuevo instante, sus miradas estuvieron a la misma altura, sus resbaladizas manos trataron de alcanzar su rostro y para cuando lo logró, él no hizo nada. No hubo golpes o escupidas a su cara.
No hubo nada. Y eso dio a luz a todo.
Habían atado una soga alrededor de su torso; un cinturón en sus muñecas y tobillos; una cadena de hierro y metal en su cuello que la haría perder cualquier balance si intentaba levantarse. Y la habían quemado tan solo un poco más con las colillas de cigarros que Xavier y Jozef habían dejado desocupadas.
—¿Cuánto tiempo duran los efectos?
—Sesenta a noventa minutos y desaparecen a las tres o cuatro horas.
—¿De dónde carajos la conseguiste?
—Del sótano de alguien que conozco.
—Eres un maldito. — Rió Jozef, contemplando a la chica tumbada e inconsciente en el centro de todo.
—Les dije que él se encargaría ¿No es así?
—Deberías tener más de esas contigo, nunca se sabe cuándo son necesarias.
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Seis
Misterio / SuspensoX, J, G, D, Y, T. Las iniciales de las seis personas que le hicieron lo imperdonable. Los nombres de las personas que deben pagar por lo que le han hecho. Nadie los culpó, porque nunca nadie se enteró del crimen que cometieron contra Layi BerryCl...
