32

928 57 7
                                        

𓍯𓂃


Tiempo atrás, su diario,


Jueves 11 de marzo.

Hoy todo pareció ser un día tranquilo, de los que suelen gustarme y suelen estar acompañados de una u otra tontería.

El helado estaba mucho más congelado de lo que pensé, sentí mis dientes zafarse cuando entraron en contacto con el hielo, ¡Estaba delicioso! Aunque, manché el cuello de mi blusa hasta la parte baja de mi pecho, creo que se puede quitar y de no ser así, es seguro que me matan en casa.


-


De acuerdo, estoy en el instituto, no vino ninguno de mis dos profesores asignados para las primeras clases, por lo que disfruté de esas horas con demasiada calma, hasta que en el trascurso del día, algo raro pasó. Varias personas se me quedaron viendo en los pasillos, fue como si tuviera algo en la cara, lo que me hizo correr al baño por al menos unas siete veces seguidas haciendo creer a los profesores que se trataba de algo estomacal, que había comido algo que me hizo daño la noche anterior, aunque a decir verdad, la sopa de lentejas estuvo deliciosa. Ella siempre ha cocinado delicioso. 

Por otro lado, de la quinta a la séptima vez que salí en dirección al baño, creí que tenía que volver una octava cuando, afuera, en el frío pasillo del segundo nivel del instituto, me encontré con tres pares de ojos, mirándome como si buscar algo en mí... 

¿Tan mal me he arreglado hoy? Es decir, sé que no soy hermosa, y sé que no soy fea, pero al menos lo intento.

Afortunadamente, las personas cuyos ojos me petrificaban sin disimulo, estaban en la dirección opuesta a la mía, lo que indicaba que no tenía por qué cruzarme delante de ellos. (No habría sido capaz de hacerlo, la forma en la que me miraron fue incómoda e indiscreta como si yo fuera... como si yo no fuera yo).

Me adelanté a mis pensamientos. Ellos seguían ahí, y era por un motivo que yo pasé por alto. Estaban en dirección, posiblemente esperando al director o a la auxiliar. Rápidamente lo decidí, ya no iba a volver a ese baño, o de lo contrario, creerían que los estaba comenzando a vigilar o peor... irían por mí y me dirían que me metiera en mis asuntos, lo que estaba dispuesta a hacer ahora, antes de la hora de almuerzo.

Además,  yo jamás los había visto en mi vida.

Justo en la séptima de mis salidas, sentí la vibración de una voz que venía del otro extremo, del pasillo vecino separado por el patio, diciendo en tono alto y burlón «¡Qué te mejores!». 

Había sido uno de aquellos tres. Seguramente si me veía como si estuviera enferma y por eso las personas me habían visto mal, pero... nunca hice nada, ni siquiera entraba a los cubículos, solo me quedaba en una de las bancas de las duchas y esperaba un modesto tiempo antes de salir. Como sea, sonrojada y avergonzada, sonreí asintiendo y caminando a mi clase pensando en qué tonta me he de haber visto. Definitivamente, no iría al baño hasta que de verdad lo necesitara. 


-


Vine a la biblioteca... solo deja que tome un libro y vuelvo.

Volví y para mi sorpresa, no encontré el libro que buscaba leer. Me molesta saber que no puedo matar mis recesos de esta forma. No me agrada mucho el estar con otras personas, el propio murmullo que se hacía en los pasillos, lograba inquietarme como si fuera un cachorrito y no quería que nadie pensara ni me viera como tal. Siempre devolví sonrisas, porque, según me dijeron en casa y en el preescolar, nada perdía con ello. A parte de ello me topé (literalmente) con alguien, (diario recordatorio de que tengo dos pies izquierdos), resbalamos y pegados contra una de las estanterías más altas de la biblioteca, me sentí torpe y apenada en los brazos de quien sea que me haya ayudado a no regalarle a mi frente, un moretón que no se iría hasta dos semanas después. Ni él ni yo dijo algo, nos quedamos viendo como dos completos y bien hechos extraños hasta que me solté y giré a agradecerle. Fui descortés ¿Verdad?

SeisDonde viven las historias. Descúbrelo ahora