Pasado I,
El rostro de aquel chico que tenía delante, estaba demasiado cerca al suyo, tanto que su primer impulso y reflejo, fue tratar de empujarlo lejos sin advertir que este, en el movimiento, la tomaría de ambas muñecas y la arrastraría hasta un lugar más oscuro de ese mismo callejón donde al fin la habían alcanzado. Abriéndose paso en medio de las piernas de la chica con una de sus rodillas, hizo que la falda de su uniforme se levantara y expusiera más de su empapada y fría piel. Todo estaba ocurriendo tan aprisa que ella no pudo no intentar pelear por su vida, sabía que sería casi inútil, que sus fuerzas no tenían ninguna clase de comparación a las de él o cualquier otro que presenciaba el acto como un rollo de película extendiéndose delante de sus ojos. Este, el que seguía apresándola de sus manos, s abalanzó sobre su cuello y comenzó a lamer y succionar con violencia y urgencia. Ella gritó, pataleó, intentó empujarse desde sus hombros o cintura pero el muchacho prácticamente le doblaba en altura y peso.
Era como si se burlara de sus intentos porque tan pronto dejó su cuello, él bajó hasta la altura de su blusa y con sus dientes y labios, se deshizo del primer botón de su prenda, pasando al segundo y al resto que cayó desmayado a sus pies. Al terminar con su gran acto de gusto, se alejó tan solo un poco, tan solo por un momento para ver el rostro de la joven, la que seguía con su respiración entrecortada y cuyo uniforme, se le ceñía perfectamente a su suave silueta.
—¿Qué talla eres?
Su aliento era podredumbre, el aliento de cada letra la golpeó en el rostro y sintió asco, miedo, asco y temor por lo que sea que fuera a pasarle.
El muchacho se volvió a acercar a su rostro, colocando su frente sobre la de ella, sonriendo, riendo y lamiendo sus labios ansioso de tocar los de ellas; en otro de sus pesados y bruscos movimientos, llevó una de sus manos debajo de su falda, invadiendo la suavidad de su piel con la piel rota y áspera de sus dedos, ella reaccionó pronto y lanzó la mano que tenía libre para golpearlo, pero lo que obtuvo como respuesta fue que este tira de su cabello y golpeara su cabeza de nuevo contra la vieja y sólida superficie, haciendo que la mirada de la chica quedara directa al cielo que se deshacía sobre ella.
La lluvia no la dejaba ver, y ahora también estaba ahogándola en la compañía de las voces de los que animaban las acciones del que la apresaba.
—¿Qué crees que estás haciendo, niñita? ¿Crees que la tendrás fácil ahora que ya te tengo? —Sonrió, un olor nauseabundo salió de su boca y ella intentó calmarse. — Hoy estás por vivir la mejor de tus noches, o la peor de toda tu vida, dependerá de cómo cooperas. Te aseguro que desde esta noche, no vas a poder olvidarnos nunca, incluso si llegas a casarte y a tener hijos, — se detuvo y rió sarcásticamente, — lo cual dudo que pase porque con esta actitud y este pequeño cuerpo tuyo, no van a querer darte ni la hora.
—¿Y crees que eso me preocupa?
—Debería, — la intentó ver a los ojos pero esta siempre desviaba su mirada. — ¿No es ese el sueño de toda chica en esta hermosa edad?
Ella tembló, quería llorar, quería volver a pelear y correr lo más rápido que pudiese así se le reventasen sus zapatillas, pero las palabras de aquel chico, la clavaron contra un cristal que ella nunca advirtió en su vida.
Sí, ella siempre ha soñado con casarse. Ella siempre se ha imaginado en la vida de sus sueños.
Una vida con...
—Boda, casa, un esposo que te ame y te proteja, niños correteando por tu bello patio, — dijo, susurrándole todo a su oído. — ¿Me equivoco?
—¿Por qué hacen esto? — Su voz temblaba, no quería responder a nada de lo que él dijera, pero era imposible controlar a su mente.
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Seis
Misteri / ThrillerX, J, G, D, Y, T. Las iniciales de las seis personas que le hicieron lo imperdonable. Los nombres de las personas que deben pagar por lo que le han hecho. Nadie los culpó, porque nunca nadie se enteró del crimen que cometieron contra Layi BerryCl...
