9

4.4K 351 34
                                        

Primera carta,


Aún no encuentro la forma perfecta para dirigirme a ti, ni siquiera sé si algún día podré entregarte esta carta que con un rostro empapado de algodón de azúcar, te escribo. No sabes quién soy, al menos no de nombre. Sé que me has visto, porque en aquellos paseos donde mi mente me ha llevado lejos de la realidad, siempre termino encontrándome con tu mirada, y no quiero hacer mucho de ello porque quizá solo sea mera casualidad, porque quizá, realmente no me veías a mí, sino a través de mí. 

Probablemente te esté pareciendo bragada y para serte sincera, hasta yo lo creo. 

Por lo mismo, creo que nunca podré entregarte lo que escribo, por la vergüenza que esto pueda darme y darte a ti, yo no he parado de sonreír desde que comencé a escribirla, tan solo imaginando cuál sería tu reacción. Creo que es eso también lo que no me permitiría poder dártela ¿Cuál sería tu reacción? ¿Serías honesto conmigo si te lo preguntase en persona? No, acaso siquiera vayas a abrir el sobre. 

Estoy pensando que escribo esto más para mí, que para ti. Yo nunca le había escrito a nadie.

Nunca me había gustado alguien.

Casualidades de la vida, tal vez, o quizás mis ruegos sí son escuchados en el cielo, pero poder verte incluso cuando menos lo espero, se siente como si en el aire, algo o alguien me estuviera regalando un nuevo latido adornado con un creso suspiro. Como la última vez, que luego de haber terminado mi entreno y salido del gimnasio de la escuela, tú apareciste de detrás de la puerta. Eres increíblemente alto, ya tenía una idea de que lo eras pero al verte más de cerca, no puede evitar sentirme... ¿Intimidada? Tú rostro era más serio, más inexpresivo. He conocido esa expresión en personas que han caminado en mi corta vida, cuando a una de ellas les pregunté por qué se mantenían con un rostro plano, no pude evitar reír de duda ante su respuesta. 

«No quiero que sepan lo que escondo» me dijo. 

Ahora el recuerdo solo me deja con la curiosidad ¿Escondes algo? ¿De quién? ¿Por cuánto tiempo? ¿Te sientes bien? ¿Esto te consume todo el tiempo? Pareces siempre cansado, y no puedo no preocuparme. Te parecerá gracioso, porque tú y yo nunca hemos hablado, ni siquiera ese día en el gimnasio o después de ese evento que hizo a las mariposas en mi estómago, volar hasta mi garganta. 

Esta carta es un mal comienzo, pero no sé cómo más poder repartir mis pensamientos cuando mis sentimientos se les lanzan encima para bloquearles el paso. Es un desborde, soy como un balde de agua cayendo del cielo sobre un único techo deseando que la persona adentro, salga curioso por la ventana y me mires. 

Que me mires como hiciste en la puerta del gimnasio, puesto que esa es la única vez que puedo reclamar como mía, como «me miró a mí».

Hay algo en ti que quiero llevar conmigo, algo que, si la vida tiene otros planes para los dos, me acercaría al tiempo a pedírselo por una última vez antes de partir caminos. No me acercaría a ti, no podría hacerlo, creo que me basta con las miradas robadas, con los encuentros espontáneos, con este sentimiento tan bello que me he permitido crecer por dentro y esta carta que posiblemente se alargue porque nunca llegó a su destinatario, como una cola de humo en el aire, como el rastro de un cometa en las nubes. 

Es tarde ya, mañana tenemos clases y tú no te has ido de mi cabeza, es como si la jornada contigo nunca acabase, es como si algo en mi uniforme, se haya quedado atado al tuyo. Hilos a hilos, tensionándose entre ellos, entretejiendo lo que nos cubre para hacer una manta más grande donde podamos escondernos los dos. 

SeisDonde viven las historias. Descúbrelo ahora