Capitulo 27

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A la mañana siguiente se encontraban ya listos recogiendo todas sus armas y pertenencias, sus compañeros habían llegado mientras ellos dormían y ya era tiempo de que retomaran su viaje a Madagascar.
—La isla es bonita, deberíamos venir de nuevo pronto.—Dijo Marina viendo la isla.
—Pero de vacaciones y no por una misión de vida o muerte.—Dijo Profetus pasando detrás de ella.

Marina río y fue detrás de él, todos se encontraban cargando sus pertenencias a los lomos de sus compañeros, Alanna se acomodaba arriba de Tártaro junto a Dorian y Marina volvió a escoger irse con Seth. Profetus suspiró y acomodo todos los libros que llevaba.

Aún les faltaban dos días para llegar a Madagascar pero pasaron el rato contándoles todo a sus compañeros, los sustos que se dieron y sus recuerdos divertidos. El tiempo iba pasando lento, de vez en cuando veían barcos pesqueros y tenían que ocultarse de los mundanos con magia.

Después de día y medio empezaban a pasar por lo que vendría siendo Sudáfrica, no habían tenido ningún problema ya, no había señal de ninguna cecaelia y mucho menos sirenas.
—Deberíamos de estar llegando dentro de unas horas muchachos.—Gritó Profetus palmeando a Ademia. —¿Recuerdas en qué parte es exactamente Alanna?—Agrego.
—Si, en una de las islas a las afueras de Madagascar.—Contestó Alanna.

Profetus afirmó y continuó en lo suyo, Seth dormía en la espalda de Marina y Alanna llevaba a Dorian dormido.
—Deberías descansar un poco, Ademia puede llevarte sin que la dirijas.—Le gritó Alanna.
—No es necesario, tranquila.—Dijo Profetus frío.
—Necesitaremos de tus habilidades Profetus, descansa por favor.—Trato de sonar lo más amable.
—Estoy bien hermanita, ¿si?—Dijo Profetus volteando a verla.
—Deberías escucharla, tu magia depende de tu mente.—Dijo Marina interrumpiendo.
—Mi mente está en perfecto estado.—Dijo Profetus girando.
—Inclusive Dorian está dormido, escúchala y duérmete.—Dijo Marina. —¿Por favor?—Agrego amablemente.
—Si lo hago, ¿ambas me dejarán?—Dijo fingiendo una sonrisa.
—Sip.—Exclamaron ambas.

Profetus habló con Ademia para decirle que él dormiría un momento, enseguida cayó profundamente dormido, su cuerpo estaba cansado.
—Porque los hombres serán tan testarudos, moría de sueño y aún así se mantenía despierto.—Decia Marina.
—Son hombres Mary, vienen de otro mundo, su ego masculino es extraño.—Río Alanna.

Las chicas continuaron el viaje con los demás dormidos, de vez en cuando reían al escuchar sus ronquidos o se quejaban por el peso de sus cuerpos encima de ellas.

Una vez que comenzaron a ver un punto en el horizonte Alanna comenzó a despertar a Dorian para asegurarse de que esa fuera la isla.
—Es esa, emana una alta cantidad de magia, ¿la sientes hermano?—Dijo Dorian viendo la isla.
—Puedo sentirla, chocan dos energías en lo más alto.—Dijo Profetus.
—Esas energías deben ser Hécate y mi Padre, ¿cierto?—Pregunto Alanna.
—Lo son, al parecer Hécate tiene muy bien custodiada el camino.—Dijo Seth.
—Tu como sabes eso.—Dijo Marina volteando a verlo.
—Hice un telescopio.—Dijo levantando sus hombros.
—¿Logras verlos?—Pregunto Dorian.
—Solamente veo a los monstruos y el pico de la montaña emana destellos amarillos.—Dijo Seth.
—Entonces acerquémonos más.—Dijo Dorian.

Sus compañeros comenzaron a surcar aún más fuerte el mar para acelerar su llegada. Después de un rato cumplieron con su trayecto, los acercaron por el lugar menos custodiado y bajaron de ellos para llegar nadando y así no alertarlos.
—Estaremos en este mismo lugar esperándolos Dorian, suerte chicos ustedes podrán con esto.—Dijo Tártaro despidiéndose.
—Volveremos pronto amigo.—Dijo Dorian juntando sus frentes.
—Cuídense también ustedes.—Pidió Alanna.

Los tres asintieron y se sumergieron, los muchachos junto a las chicas comenzaron a nadar hacia la orilla. Una vez que salieron, Profetus usó sus poderes para quitarles el agua de la ropa a Alanna y Marina.
—Ya no hay vuelta atrás chicos, ¿están todos listos?—Dijo Marina viendo el cielo.
—Salvemos a Alanna y al rey de estas estupidas maldiciones.—Dijo Seth girando su espada.
—Hay que hacerlo, se arrepentirá de haberse metido con mis padres.—Dijo Alanna peligrosamente.

Hasta el fondo del marHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora