Capitulo 7

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Mientras Profetus se encontraba en el baño de la habitación de Dorian vomitando, Seth y Dorian seguían tirados en el suelo con gran parte de sus sentidos dormidos por el tequila.

Estuvieron un buen rato tirados, hasta que se levantaron por un poco de agua para evitar tener una migraña al día siguiente, cuando sirvieron el agua de la jarra que Dorian tenía en su mesa notaron que Profetus seguía en el baño.
—Hey amigo, ¿estás bien?—Pregunto Dorian abriendo la puerta.
—Mira nada más lo que trajo la corriente.—Dijo Seth riéndose al ver a su hermano mayor dormido en el piso del baño. —Ayúdame a subirlo a la cama, ya vomito así que ya pasó lo peor.—Dijo Seth pidiéndole ayuda a Dorian.

Dorian ayudó a Seth a cargar a Profetus el cual pesaba bastantito para tener una figura tan atlética pero entre los dos lo levantaron sin problemas, Seth es un idiota la mayoría del tiempo pero cuando se trataba de su hermano o de Dorian es alguien muy responsable.

Seth le acomodo las almohadas a su hermano para que en caso de que se volviera a vomitar no se fuese a ahogar dormido.
—¿Quieres quedarte un rato más o nos dormimos?—Pregunto Dorian.
—Traes algo guardado verdad hermano.—Le respondió Seth.
—No, no es eso preguntaba porque tal vez ya estabas cansado.—Dijo Dorian quitándose sus botines.
—No me engañas Dorian, siempre haces la misma pregunta cuando traes algo guardado o necesitas decirnos algo.—Dijo Seth quitándose también sus botines.
—Tienes razón es inútil, quería platicar también con Profetus pero creo que lo embriagamos mucho.—Dijo Dorian yéndose a sentar a la sala de nuevo.

Seth llevaba unos pantalones flojos de color azul marino junto a sus botas marrones, y una camisa blanca que se abrochaba con un cordón. Profetus iba vestido de una manera similar solo que él se encontraba durmiendo sin camiseta porque la había manchado y sin sus botas.

Dorian llevaba su típico traje pero sin sus botines.
—Platícame viejo amigo, qué pasa por esa estupida cabeza dorada.—Dijo Seth sirviéndose un trago y sentándose de nuevo.
—Tu también eres rubio cállate.—Dijo Dorian riéndose. —Recuerdas la carrera de la mañana donde todos salimos disparados.—Dijo estirándole un vaso a Seth para que le sirva.
—Claro tuve una jaqueca por casi tres horas, Garos y yo estuvimos inconscientes por casi cinco horas desde las 8 que salimos hasta casi las tres de la tarde.—Dijo Seth dando un sorbo a su trago.
—Bueno Tártaro y yo jamás estuvimos inconscientes, la corriente nos empujó y casi nos golpeábamos contra una piedra pero logré crear un remolino para estabilizarnos.—Dijo Dorian subiendo uno de sus brazos al sofá.
—Si no estuvieron inconscientes, ¿donde estuvieron todo el día?—Pregunto Seth recargándose en el respaldo del sillón.
—Seth, lo que estoy por decirte nadie se puede enterar mañana hablaré con Profetus y serán los únicos que sabrán.—Dijo Dorian fulminando con la mirada a su amigo.

Se hizo un pequeño silencio al escuchar un fuerte ronquido proveniente de la cama de Dorian, la habitación de la sala y la habitación de la cama estaban separados por una pared con su respectiva puerta, la tenían abierta para poder ver a Profetus.
—Rayos, como ronca ese animal parece una morsa.—Dijo Seth chascando los dientes.
—Tienes toda la razón.—Dijo Dorian soltando una risa y bajando la cabeza. —Bueno continuó platicandote, Tártaro y yo nos aseguramos que el otro estuviera bien y como no reconocimos el lugar donde estábamos decidimos subir a la superficie para ver si encontrábamos algo que nos dijeran que tan lejos habíamos terminado. Vimos una isla al fondo y decidimos ir nadando, llegamos sin el menor problema.—Dijo Dorian nervioso.
—Cada pausa qué haces me tiene ansioso siento que dirás que viste a un Kraken o un Leviatan, vamos escúpelo.—Dijo Seth fingiendo morderse las uñas.
—Argh! No me dejas contar la historia, en resumen querido amigo llegamos a Creta y se podría decir que fuimos secuestrados por las amazonas.—Dijo Dorian levantando sus hombros intentando restarle importancia.
—¡¿Espera que?! Un pequeño pueblo mercante de mujeres logró secuestrar al grandísimo Principe Dorian, heredero del trono de Atlantis.—Dijo Seth soltando la carcajada más grande que uno se pueda imaginar.
—Mmmm comiste pez payaso? O porque tan chistoso.—Dijo Dorian lanzándole un cojín.
—Nonono continúe, su alteza.—Dijo Seth abrazando el cojín.
—Bueno los informes están incorrectos, no son un pueblo pesquero, son una tremenda metrópolis con guerreras muy bien entrenadas. Lo que nosotros conocemos de Creta era un señuelo, en realidad es una isla enorme y tiene un gran desarrollo arquitectónico y su militaría está bien equipada.—Dijo Dorian en un tono serio.
—¿Que? Eso es imposible! Hemos comerciado con ellas durante siglos, como es que nadie ha visto la isla.—Dijo Seth sorprendido. —Aunque ahora que lo dices, siempre se hacen los intercambios en mar abierto nunca hemos visto su puerto.—Terminó de decir Seth.
—Es lo que te digo hermano! Y escuche a las amazonas decir que soy el primer hombre que ven dentro de su isla en varios siglos, por lo que logre entender pasó algo hace mucho tiempo que desde ahí ningún hombre tiene permitido la entrada.—Explicó Dorian.
—¿Como logran mantenerlos afuera por mar y tierra?, ¿Se supone que las amazonas son la civilización de Atenea cierto?.—Pregunto Seth sonando más como una afirmación.
—Atenea tiene una barrera para proteger la isla como Poseidon para proteger los siete reinos, pero al parecer tiene otra que impide la entrada a cualquier hombre a la isla y a sus alrededores del mar.—Dijo Dorian pensante. —Necesito saber la verdad sobre la barrera, ¿porque se esconden las amazonas?, que pudo haberles pasado para que la mismísima diosa de la sabiduría y la estrategia las haya escondido durante tanto tiempo y solo nos permitiese ver a una pequeña aldea.—Dijo Dorian terminando su trago.
—Pues amigo tienes trabajo que hacer.—Dijo Seth levando su vaso hacia su amigo.

Hasta el fondo del marHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora