Capitulo 5 - pt.2

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Dorothes sintió como cada nervio que había en su cuerpo comenzaba arder, sentía la desesperación de no encontrarla de no saber que le pasaría, donde estaría, el mar era enorme y ella era una pequeña niña sola contra las escorias que se hacen llamar hombres; sus puños estaban blancos de tanto que los apretaba pensando en si algo le había pasado.

Dorothes:
[Tengo que encontrarla, no permitiré que un maldito idiota borre la luz de sus ojos; ella no merece esto! Ninguna lo merece, es solo una niña, que mierda se atrevería a tocar a una pequeña inocente]

-—CAÑON DEL SUR-—
—Dorothes! Ayúdame...—Grito con su último gran aliento Amara cerrando los ojos.
—Le recomendaría que no lo hiciera señor.—Dijo con una fría seriedad Dorothes. —Porque la siguiente vez que le levante la mano a mi prometida, será la última vez que volverá a ver su mano.—Termino su amenaza.
—¿Y tú quien eres idiota?—Dijo tomando de los brazos a Amara.

Amara gemia de dolor, se podía ver que había recibido uno o dos golpes en el estómago ya que se retorcía para que su cuerpo no se estirara de más.

—Soy el príncipe Dorothes, heredero legítimo del trono de Atlantis, y futuro rey consorte de Gavdos, así que te ordeno que me entregues a la princesa Amara.—Dijo estirándole la mano. —Si cooperas tú sentencia no será tan horrible.—Termino casi disgustado, quería hacerlo sufrir.
—Estupido monarca, estupida princesa, estupido reino.—Gritaba escupiendo al suelo y lanzando a la princesa al suelo. —Todos ustedes creen que son tan perfectos pero no lo son, son humanos y te lo demostrare...— dijo sacando una daga de su ropa.
—Piensa bien lo que harás, tu destino será definido por lo que hagas.—Dorothes decía con ambas manos abiertas tratando de tranquilizarlo.
—Crees que su sangre sea azul o sangrara como los plebeyos!.—Gritaba tomando del pelo a Amara. —Oh, espera que tenemos aquí, ya habías comenzado a sangrar y...que sorpresa es roja!—comenzó a reírse como un psicopata.
—Tienes lo que querías, quieres oro te lo daremos, gemas te las daremos, sólo regrésame a Amara...porfavor.—Dijo Dorothes al borde de la desesperación al ver la boca de Amara con sangre y lágrimas en sus pequeños ojos azules.
—-Mmm...déjame pensarlo...no.—Dijo el hombre acercando el cuchillo a su cuello.
—Detente...!—Gritaba Dorothes
—Oblígame principito...—Río una vez más elevando el cuchillo el hombre.

Dorothes a una increíble velocidad formó un arco y de un solo tiro logró clavar su flecha en el hombro izquierdo de él clavándolo en la enorme piedra que se encontraba a metros de ellos, al ver como el hombre caí inconsciente y que Amara estaba fuera de peligro soltó un suspiro, Amara lo volteó a ver y le intentó dar una cálida sonrisa hasta que se desmayó en el momento, el nado rápidamente a ella y la tomó en sus brazos.
—Gr..gracias—Dijo Amara cerrando de nuevo sus ojos
—Ya estás a salvo princesa.—Dijo Dorothes acomodándole los mechones que se le habían salido de su peinado.

Ella había caído dormida en sus brazos pero al sentirlo le dio una pequeña sonrisa, eso recorrió a Dorothes de pies a cabeza, se sentía mejor al saber que ella estaba a salvo con el, ahora su último deber era llevarla a salvo con su padre.

Siguieron nadando un poco más, una vez que faltaba menos nado a una velocidad más fuerte, no quiso ir muy fuerte por miedo a que se mareara Amara ya había pasado por mucho ese día.

Una vez que llegaron dos guardias lo detuvieron, pero al ver de quien se trataba lo dejaron pasar y le indicaron en donde estaba el padre de Amara, el Rey Jorah. Dorothes llegó a donde se encontraba el rey y Percy.
—Amara!—Grito en llanto el rey Jorah. —Mi pequeña estas bien, agradezco a los siete mares por traerte de nuevo a mi.—Lloraba mientras sostenía el cuerpo inconsciente de su hija.
—P...a...papi...—Amara comenzaba abrir sus ojos.
—Gracia Dorothes, tengo una deuda eterna contigo, salvaste a mi pequeño retoño.—Le agradeció el rey aún con lágrimas en los ojos. —Oh mi pequeña princesa...—dijo tomando la mano de la niña que se encontraba en sus brazos.
—Percy, deberías alertar a tus hombres para que vayan por el hombre que intento secuestrar y...—Dorothes no pudo terminar le costaba creer que alguien quisiera lastimarla.
—¿Lo mataste?—Percy cuestionó a su amigo.
—Lo deje clavado en una piedra, pero debí matarlo, pero creo que eso le corresponde a tu padre.—Dijo Dorothes cruzándose de brazos.
—Estoy de acuerdo contigo amigo, saldré en enseguida.—Dijo Percy estrechando su mano. —Nunca dejaremos de estar agradecidos contigo, la salvaste.—Dijo Percy tocando su hombre para después irse.

Hasta el fondo del marHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora